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Carlos Fernández de Andrade

Carlos Fernández de Andrade

Entrevista al autor de 'El peso hispano'

Carlos Fernández Andrade: «Durante siglos, el peso hispano era la única moneda fiable en Estados Unidos»

Hablamos con el historiador y abogado sobre cómo la moneda de plata española fue la primera moneda global durante más de tres siglos, el papel económico de España con China y en la guerra de independencia de EE. UU.

«España fue la gran potencia financiera de la independencia de Estados Unidos», afirma de forma tajante Carlos Fernández Andrade, historiador, abogado, miembro de Héroes de Cavite y autor del exitoso libro El peso hispano (Real de a ocho), primer dólar de los Estados Unidos…, quien ha participado en la III edición de las Jornadas de Hispanoamérica: un futuro compartido, organizadas por la Fundación Rafael del Pino, Unidos por la Historia y Lopez-Li Films. Conversamos con Andrade sobre cómo la moneda de plata española fue la primera moneda global durante más de tres siglos, el papel económico de España con China y en la guerra de independencia de Estados Unidos y el origen hispano del símbolo del dólar.

–Se afirma con ligereza que Francia fue el gran aliado de los rebeldes, pero ¿fue el «duro» español la verdadera gasolina de la Revolución Americana?

–La ayuda de España fue inmensa y, aunque durante muchísimos años se ha ignorado, soslayado u ocultado, hoy es una realidad innegable. Cuando hablo de España, me refiero tanto a la Corona como a la comunidad hispanoamericana; nosotros fuimos los grandes financieros de la independencia de Estados Unidos. Historiadores de referencia como Manuel Olmedo Checa y Jorge Luis García Ruiz han constatado esta enorme aportación económica. En aquel momento, Inglaterra tenía un numerario escasísimo y Francia, aunque tenía más recursos, era un Estado arruinado con un coste burocrático tremendo; de hecho, los franceses no tenían dinero ni para pagar a sus propias tropas, como bien explica Olmedo Checa. El almirante francés De Grasse tampoco disponía de fondos para su flota. España, en cambio, era la gran potencia monetaria del mundo gracias a la Monarquía Hispánica, y proporcionó no solo armas, pertrechos y cobertura logística, sino la liquidez necesaria en metálico.

Portada del libro 'El peso hispano. Primer dólar de los Estados Unidos de América y moneda del mundo'

Portada del libro 'El peso hispano. Primer dólar de los Estados Unidos de América y moneda del mundo'

–¿Qué importancia tuvo el real de a ocho en la historia de la Hispanidad y qué valor tuvo en el comercio interno de EE. UU. y por qué se mantuvo tanto tiempo?

–El real de a ocho es una moneda que pertenece a la Hispanidad completa, no solo a la España peninsular. Fue fundamental porque en América el 96 % de las acumulaciones monetarias eran en plata; la plata era el dinero. El oro era escaso y se reservaba para operaciones de Estado o de alto valor, pero en el día a día se usaba plata. Su hegemonía mundial se debió a cuatro factores: los inmensos yacimientos de Potosí y Zacatecas; la aplicación del método del mercurio o azogue para purificar el metal; los límites globales de una monarquía extendida por tres continentes; y la continuidad de este sistema durante 300 años. En lo que hoy es Estados Unidos, el peso hispano era la única moneda que los colonos podían ver y tocar; las demás ni las olían. Ante la falta de plata propia, las colonias recurrían a un dinero papel que era tremendamente inflacionario porque las asambleas abusaban de él. El único valor serio y fiable era nuestra moneda de ocho reales.

–¿Podría cuantificarse la ayuda económica al Ejército Continental que llegó desde las cajas reales de Nueva España y Cuba?

–Un ejemplo concreto y decisivo ocurrió en la víspera de la batalla de Yorktown. El ejército de George Washington estaba desertando porque los soldados no habían cobrado en metálico en meses o años; solo recibían pagarés devaluados. Ante la urgencia, Francisco de Saavedra organizó en La Habana una colecta improvisada. En tan solo seis horas, consiguió de los 27 comerciantes más importantes de la ciudad la suma de 500.000 pesos. Esa cantidad se embarcó en una fragata francesa, burló el cerco de la flota inglesa y llegó a tiempo para financiar la operación que salvó la batalla de Yorktown.

–¿Habría ganado Washington sin el dinero español?

–Lo digo de forma literal: George Washington nunca hubiera ganado la batalla de Yorktown si no hubiera sido por los pesos que llegaron desde La Habana y que habían sido acuñados en lugares como México, Lima, Potosí, Santiago de Chile, Guatemala o Bogotá. Sin ese dinero metálico para frenar las deserciones, el ejército estadounidense se habría deshecho.

George Washington no habría ganado Yorktown sin el dinero español

Bernardo de Gálvez es el héroe militar, pero ¿quiénes fueron los «banqueros» o gestores españoles que hicieron posible el flujo de capital hacia Filadelfia?

–La figura clave en la gestión fue Francisco de Saavedra. Fue él quien, ante la negativa de los comerciantes franceses de Santo Domingo a prestar dinero incluso con un 25 % de interés, confió en la capacidad de La Habana. Y, por supuesto, hay que reivindicar a esos 27 comerciantes cubanos que en un tiempo récord pusieron de su bolsillo el capital necesario para la causa americana.

–El real de a ocho se convirtió en una moneda universal. ¿Cómo llegó hasta China y el Pacífico?

–Los chinos solo querían plata y España era el único Estado que la tenía en abundancia. Al Rey de España se le conocía en China como el «Rey de la Plata». A través del Galeón de Manila, se estableció una línea directa de intercambio de plata por seda, porcelana y marfil. El prestigio de la moneda era tal que términos actuales como el Yen japonés o el Yuan chino significan «redondo», que es como llamaban a los pesos españoles (u ocho reales). Incluso el ringgit de Malasia significa «dentado», en referencia al canto estriado de nuestros columnarios.

Al Rey de España se le conocía en China como el «Rey de la Plata»

–El símbolo del dólar ($) es un icono mundial. ¿Qué certeza hay sobre su origen hispano?

–Tengo la certeza absoluta de que es un signo hispano adoptado por la comunidad angloparlante. Procede del real de a ocho y, aunque se han escrito muchas teorías para intentar explicarlo o confundir su origen, su evolución desde la iconografía española es evidente. Es fascinante que algo tan obvio haya generado tanta confusión interesada.

–¿Por qué Estados Unidos mantuvo el uso de la moneda española tanto tiempo tras su creación como nación?

–Por una inercia y costumbre monetaria de siglos; era el dinero en el que la gente tenía sus ahorros y era plenamente aceptado. Estados Unidos no desmonetizó oficialmente el real de a ocho hasta 1857. De hecho, hasta la década de 1880, algunos empresarios de Nueva York seguían pagando jornales en reales de a ocho o pesos mexicanos. La razón de fondo es que Estados Unidos no tuvo minas de plata propias hasta 1859, cuando las descubrieron en Nevada tras arrebatárselas a México. Un dato revelador: en 1845, el director de la Casa de Moneda de Nueva Orleans afirmó que el 90 % de las monedas de un dólar que circulaban en EE. UU. habían sido acuñadas en México.

–¿Existe alguna deuda moral o histórica que Estados Unidos nunca haya terminado de reconocer formalmente?

–Si uno mira las películas, documentales o libros de texto norteamericanos, no aparece España, ni Francisco de Saavedra, ni los comerciantes de La Habana, ni nuestros reales de a ocho. Se nos ha borrado del relato. Sin embargo, poco a poco recuperamos nuestro lugar: en 2025, por primera vez, la embajada de España estuvo presente en la conmemoración oficial de la batalla de Yorktown, un lugar que historiográficamente nos corresponde por derecho.

–¿Cuál cree que es el mayor error que cometemos los españoles al intentar vender nuestro papel en la historia de Norteamérica?

Nos centramos excesivamente en la conquista. Debemos dejar la conquista en paz y centrarnos en lo que se construyó después: los 300 años de civilización común, que ponen en valor humanistas como Juan Miguel Zunzunegui define como el cénit del humanismo. El virreinato fue el cénit del humanismo, como dicen Avelino Cortizo y Francisco Garcia-Blanch. Por eso debemos vender lo que construimos juntos, porque de lo «menos bonito» ya se encargan con creces nuestros enemigos y los propagandistas de la Leyenda Negra.

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