Ernesto Terry y los integrantes de la Cía. Zapadores Paracaidistas de la Agrupación Táctica Canarias rumbo a la guerra de Bosnia
Ernesto Terry, el militar español que sobrevivió a una mina en Bosnia y volvió a servir en La Legión
La historia del entonces sargento Terry encarna el espíritu de La Legión española y de la Brigada Paracaidista
Desde comienzos de la década de 1990, España mantenía desplegados a sus militares en Bosnia-Herzegovina bajo mandato de Naciones Unidas (UNPROFOR), en un escenario marcado por la desintegración de la antigua Yugoslavia. Su misión era garantizar la ayuda humanitaria, proteger a la población civil y contribuir a la estabilización de una región devastada por la guerra.
La amenaza invisible de las minas en Bosnia
Desde abril de 1993, en plena guerra de los Balcanes, Ernesto Terry Andrés formaba parte del contingente español desplegado en Bosnia-Herzegovina bajo mandato de Naciones Unidas, encuadrado en la Agrupación Táctica Canarias. Esta unidad contaba con una fuerte presencia de zapadores de la Brigada Paracaidista, encargados de misiones tan arriesgadas como el reconocimiento de infraestructuras, la apertura de rutas o la evaluación de puentes destruidos en un entorno dominado por la amenaza constante de las minas y artefactos explosivos improvisados.
El 15 de mayo de aquel año, durante una misión de reconocimiento en el puente de Bijela —infraestructura clave sobre la ruta del Neretva—, el entonces sargento Terry recibió la orden de examinar el estado del paso tras haber sido volado con explosivos por las fuerzas contendientes en la guerra de los Balcanes.
Para ello, avanzó por el lateral derecho del estribo sur del puente, mientras su capitán lo hacía por el lado opuesto, con el fin de obtener una visión completa de la situación y recabar los datos necesarios para planear su posible reconstrucción, esencial para garantizar la movilidad de las fuerzas internacionales.
Consciente del riesgo —ya que era habitual la colocación de minas en las proximidades de puentes destruidos—, Terry avanzó con cautela, intentando pisar sobre piedras y rocas. Sin embargo, la fuerte lluvia y la pronunciada pendiente convirtieron el terreno en una trampa invisible. En un instante fatídico, su pie se apoyó en una zona de tierra aparentemente firme y una mina antipersonal explosionó bajo él.
Las heridas fueron gravísimas, con pérdida de masa ósea en el calcáneo —hasta el punto de faltarle parte del talón— y en el astrágalo, así como una importante limitación del movimiento del pie y el acortamiento de la pierna derecha, lo que le obligaría desde entonces al uso de plantillas ortopédicas. Permaneció ingresado durante cinco meses en el Hospital Militar Central «Gómez Ulla», donde fue intervenido en numerosas ocasiones. Aquella explosión pudo acabar con su vida y, en cualquier caso, con su carrera militar.
Superación y ejemplo
Sin embargo, lejos de rendirse, Ernesto Terry decidió continuar sirviendo a España. Con una determinación fuera de lo común, se preparó y logró ingresar en la Academia General Militar, iniciando una nueva etapa como oficial. Ya como alférez, solicitó destino a La Legión, mientras que sus empleos de teniente y capitán los desempeñó en unidades paracaidistas, ampliando así una trayectoria marcada por la exigencia y el compromiso en destinos especialmente duros.
Su paso por unidades paracaidistas dejó una huella imborrable entre sus compañeros. Era conocido por su peculiar forma de aterrizar tras los saltos, apoyándose únicamente en la pierna sana y rodando después para evitar dañar el pie herido. Aquella forma de actuar no era un gesto de espectacularidad; era la evidencia palpable de una voluntad inquebrantable.
Durante años, sin embargo, su sacrificio —como el de tantos otros heridos en Bosnia— no fue reconocido de manera específica debido a las limitaciones normativas existentes. Hubo que esperar hasta 2018 para que, tras un proceso largo y complejo, se le concediera el distintivo de herido en combate, convirtiéndose en el primero en recibirlo desde la guerra de Ifni-Sáhara.
Este reconocimiento trascendía lo individual. Simbolizaba la deuda histórica con toda una generación de militares españoles que cumplieron su misión en el exterior con ejemplaridad, sin esperar nada a cambio. Terry, con su perseverancia, contribuyó a saldar parte de esa deuda y a dignificar el sacrificio de sus compañeros.
Regreso a La Legión: orgullo y lealtad
Ya como comandante, Ernesto Terry regresó a La Legión, a la Bandera de Zapadores, la que siempre consideró su hogar militar. Tras años de servicio y superación, volvió a vestir la camisa verde con más orgullo que nunca. Para él, pertenecer a esta unidad significaba formar parte de «un mundo de hombres valientes», unidos por la lealtad, el compañerismo y el cumplimiento del deber.
Cuando llegó el momento de su despedida, lo hizo con profunda emoción. Agradeció a sus legionarios su trabajo, su alegría y su lealtad, destacando el orgullo de haber mandado a hombres con los que, en sus propias palabras, se iría «al fin del mundo». Sus palabras reflejan lo que La Legión imprime en quienes la sirven: un vínculo que trasciende el uniforme y permanece toda la vida.
La historia del teniente coronel Ernesto Terry Andrés —actualmente director del Museo Histórico Militar de Cartagena— no es solo la de un militar herido en acto de servicio, sino la de un hombre que convirtió la adversidad en ejemplo y que hizo del Credo Legionario una realidad diaria.
Si el teniente Muñoz Castellanos simboliza el sacrificio último, el teniente coronel Terry encarna la perseverancia heroica de quienes, aun gravemente heridos, continúan cumpliendo con su deber sin renunciar a nada. Ambos representan lo mejor del Ejército español y, en especial, lo mejor de la Brigada Paracaidista y La Legión.