04 de julio de 2022

El canciller alemán, Olaf Scholz, durante la sesión extraordinaria en el Bundestag este domingo

El canciller alemán, Olaf Scholz, durante la sesión extraordinaria en el Bundestag este domingoAFP

Guerra Rusia - Ucrania  El cambio de dirección radical del Gobierno alemán

El canciller alemán Olaf Scholz ha pronunciado este domingo un histórico discurso en el Parlamento (Bundestag), en Berlín. Son muchas las cosas impactantes que dijo, la principal de ellas que va a dedicar el 5 % del PIB a defensa y a modificar su política energética para no depender tanto de Rusia. Algo que disgustó a sus socios de gobierno, que no le aplaudieron.
Lo más destacado: Scholz anunció 100.000 millones adicionales para fortalecer el Ejército (la Bundeswehr), para lo que incluyó una reforma constitucional con la que poder así aumentar este esfuerzo en defensa y en seguridad interior y exterior. Aquí sus socios de gobierno, los Verdes, no aplaudieron el discurso de su canciller. Este discurso podría suponer, incluso, un cambio de dirección, también para el gobierno en Alemania, que restablezca una gran coalición nuevamente de Socialistas (SPD) y Cristiano-Demócratas (CDU). Los Verdes, pacifistas, no pueden estar muy contentos con esta declaración de intenciones tan «militarista» que manifestó Scholz.
Por fin la política del Gobierno alemán ha afrontado la situación de conflicto en la que se encuentra Europa. El viernes, la prensa tudesca ya se hacía eco de la profunda decepción y falta de liderazgo de Scholz ante esta crisis. Ayer, Olaf Scholz dio un giro fundamental.
Hubo, en días pasados, un fuerte debate entre los socialistas (SPD) para corregir a las posiciones reticentes a encarase con Rusia. Ya nos hacíamos eco de la posición y resistencia de la socialista Manuela Schwesig, mujer en alza dentro del Partido Socialdemócrata, a que se suspendiese el gaseoducto Nord Stream 2, lo que afectaba al Estado federal que gobierna, de Mecklemburgo-Pomerania Occidental.
Pero la tormenta en este partido ha sido fuerte. Ha sido un fin de semana donde han salido a relucir las estrechas relaciones entre importantes socialistas alemanes del SPD, como el excanciller federal y expresidente de los socialistas, Gerhard Schröder, a quien se le ha pedido que ponga fin a sus actividades con las empresas estatales rusas en vista de la invasión de Ucrania.
Algo que ha sido exigido por los principales políticos del SPD de la región política de Schröder, en la Baja Sajonia. Allí, su primer ministro y presidente estatal del Partido Socialdemócrata alemán, Stephan Weil, publicó un comunicado el sábado por la tarde en el que afirmó que el SPD de Baja Sajonia está claramente del lado de Ucrania y que Gerhard Schröder «debe poner fin a su participación en las empresas energéticas rusas y así apoyar los esfuerzos del gobierno federal y de todo Occidente».
Los intereses de muchos alemanes se dan ya por perdidos: desde el gaseoducto Nord Stream 2, hasta la exclusión de Rusia de la red internacional de pagos bancarios Swift, medidas que perjudican claramente la economía alemana y a muchas de sus empresas. Pero la posición del sector socialista del gobierno era ya insostenible, por eso el canciller Olaf Scholz ha cambiado drásticamente la dirección de su política exterior como ha mostrado en su discurso.
El gobierno, instado por Ucrania y sus socios de la OTAN, ha aceptado suministrar armas a Ucrania. Kiev recibirá 1.000 armas antitanque y 500 misiles tierra-aire Stinger de las existencias de la Bundeswehr; estas armas serán «entregadas a Ucrania lo antes posible». Scholz lo justificó así: «El ataque ruso a Ucrania marca un punto de inflexión. Amenaza todo nuestro orden de posguerra. En esta situación, es nuestro deber hacer todo lo posible para ayudar a Ucrania a defenderse del ejército invasor de Vladimir Putin. Alemania está cerca de Ucrania».
Según informa el Frankfurter Allgemeine (FAZ), al final de esta semana «Berlín ya había dado permiso a otros países para entregar armas originarias de Alemania a Ucrania». Así Holanda aprobó la entrega de 400 bazucas de fabricación alemana.
Además, Estonia recibió el permiso largamente esperado de Berlín para suministrar a Ucrania «obuses» que pertenecía a las existencias del Ejército de antigua República Democrática Alemana. La República Federal había vendido estos obuses a Finlandia en la década de 1990.
El gobierno federal también ha confirmado que había una solicitud de Estonia de 14 vehículos blindados para Ucrania con fines de evacuación y que serán entregados a Ucrania junto con 10.000 toneladas de combustible, que llegarán a través de Polonia. Antes de que el canciller Scholz hiciera su declaración de «cambio de rumbo», la ministra de Exteriores Baerbock y el vicecanciller Robert Habeck (ambos del partido Verde) ya habían explicado el giro en la dirección del gobierno tricolor, argumentando que Ucrania «tiene un derecho inalienable a la legítima defensa». Asimismo, el ejército alemán, la Bundeswehr, está preparado para cumplir sus tareas si la OTAN lo requiere.
Annalena Baerbock (Verdes) y Robert Habeck (Liberales) ya habían anunciado el sábado que Berlín está reconsiderando su oposición a que Rusia fuera excluida del servicio financiero Swift, sin el cual la mayoría de sus transacciones financieras internacionales son prácticamente imposibles.
Dijeron que «ya se está trabajando a fondo en cómo limitar el daño colateral de la desvinculación de Swift (…) necesitamos una restricción específica y funcional del Swift». En este punto Alemania se ha unido a EE. UU., Francia, Canadá, Italia, Reino Unido y la Comisión de la UE en la decisión de excluir a los bancos rusos de Swift.
En conjunto, Scholz ha anunciado estar dispuesto a asumir una mayor responsabilidad y liderazgo en la política de seguridad de Europa. Pero ante toda Alemania despierta hoy del sueño, consciente de la urgente necesidad de aumentar su capacidad defensiva y militar.

El Báltico, en el punto de mira

La gran amenaza tras la ofensiva rusa a Ucrania está en la región del Báltico, a la que Vladimir Putin ya ha amenazado abiertamente. Estonia teme ser el próximo país hostigado. La amenaza rusa se analiza implacablemente en los documentos de estrategia: el Kremlin piensa en zonas de influencia, moderniza su ejército y permite que sus soldados adquieran experiencia de combate siempre que sea posible, por ejemplo, en Siria. Está estacionando más y más tropas en su frontera occidental. Está dispuesto a usar la fuerza de las armas para lograr sus objetivos.
Alemania, conoce que sus vecinos del norte y el Báltico se han estado preparando durante años para algo como lo que está sucediendo en Ucrania. Han pedido miles de millones en armamento, aviones de combate y tanques, restablecido el servicio militar obligatorio, reformado sus fuerzas armadas y preparado sus sociedades para la guerra. Destacan en especial tres países: Suecia y Finlandia en el norte de Europa y Estonia en los Estados bálticos.
Desde que Rusia anexó Crimea en 2014, estas naciones han seguido el concepto de «defensa total», lo que significa actualizar constantemente y de forma progresiva su defensa y capacidad militar. Por ejemplo, Suecia tiene previsto gastar nueve mil millones de euros en su ejército para 2025, tres mil millones más que en la actualidad. También Suecia planea poner en servicio treinta mil soldados adicionales. Tiene unidades estacionadas en la isla de Gotland en el Mar Báltico, planea comprar un nuevo submarino y está modernizando sus aviones de guerra. En 2017, reintrodujo el servicio militar obligatorio universal.
La situación es similar en Finlandia. A fines del año pasado, compró 64 aviones de combate estadounidenses F-35, uno de los pedidos más grandes en la historia del país. Finlandia superaría así los objetivos de la OTAN si fuera miembro. El país ha estado poniendo más soldados profesionales en servicio durante años y nunca ha abolido el servicio militar obligatorio. Los finlandeses también han reformado sus fuerzas armadas.
Otro punto del discurso de Scholz que supone un cambio de política y le opone a sus socios los verdes es la política energética para neutralizar la dependencia alemana del gas ruso. Esto supone un nuevo cambio de dirección y nuevamente apostar por las energías renovables y la energía nuclear; cosa que a los verdes no les hará gracia.
Olaf Scholz quiere recuperar el liderazgo que Alemania ha tenido en Europa en la era Merkel. Aquí muchos piensan que si Merkel hubiese estado en el gobierno hubiese parado este golpe de Putin. Es solo una hipótesis.
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