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20 de abril de 2024

John Kerry, embajador del cambio climático de Joe Biden

John Kerry, embajador del cambio climático de Joe BidenEfe

México

Kerry y AMLO, la extraña pareja que, por 30.000 millones de dólares, a veces habla el mismo idioma

López Obrador demanda soberanía energética a toda costa mientras el estadounidense apunta a un alineamiento

John Kerry, U.S. Special Presidential Envoy for Climate, visitó a AMLO por cuarta vez para tratar los estragos del sector energético mexicano. Afirmó el exsecretario de Estado de EE.UU. que el presidente mexicano está comprometido con la lucha contra el cambio climático y la apertura del país a inversión extranjera a efectos de acelerar la transición a una economía verde.
«México tiene algunos regalos naturales de Dios: existe la posibilidad de generar enormes cantidades de energía con el sol, el viento... Esta mezcla ofrece a México la posibilidad de enviar energía a otros lugares, a California y otros Estados o a Centroamérica. Son tiempos nuevos, con nuevas oportunidades para todos nosotros», reflexionó Kerry.
Es harto improbable que AMLO se haya caído del caballo, camino de Tabasco. Sobre el terreno, la realidad es bien distinta de las declaraciones altisonantes de Kerry, que por otra parte el mexicano no duda en apuntarse.
Kerry y López Obrador, comparten mesa del clima

Kerry y López Obrador, comparten mesa del climaEfe

El embajador estadounidense Ken Salazar se ha remangado en las últimas semanas, acompañado a las 17 compañías –varias con arbitrajes abiertos contra el gobierno mexicano– a Palacio Nacional, a reclamar por los 30.000 millones de dólares que tienen invertidos en el sector energético.

Permiso denegado

La visión de Kerry para una Norteamérica integrada energéticamente y alineada con la transición energética choca con la incursión regulatoria de los distintos organismos gubernamentales mexicanos en el sector energético. Solo esta semana, la Comisión Reguladora de Energía negó 10 permisos a generadores privados de energía eólica y solar.
AMLO demanda soberanía energética a toda costa; incluidas las costas de arbitrajes, los costos medioambientales y la inversión bloqueada o perdida que México necesita desesperadamente, para modernizar su matriz energética -la Comisión Federal de Electricidad registra una planta hidroeléctrica de 1906 entre sus activos– limpiándola de paso.
Sin inversión en energía, la industria mexicana no puede ser competitiva y resulta evidente que ni CFE ni una Pemex ahogada de deuda pueden desplegarla solos.
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