Macron se empecina con los océanos mientras Francia se muere a manos de la desidia y la violencia
En Francia han decapitado y acuchillado a varios educadores, también a sacerdotes en sus iglesias, sin contar los ataques, violaciones y asesinatos que se producen a diario
Emmanuel Macron presidente de Francia durante la Conferencia de los océanos en Niza
Jamás un presidente de la República ha tenido más bajo nivel de audiencia televisiva en horario estelar como el que tuvo el martes pasado el presidente Enmanuel Macron. El programa al que asistiría como invitado privilegiado había sido presentado como una especie de reclamo de alerta a los franceses sobre el mayor peligro que los acecha en la actualidad: el fin de los océanos. Hace rato andan con esa cantaleta, majomía diría yo, y es que alguien debe de estar haciéndose millonario con el tema.
Todo pintaba más o menos bien para la emisión, cuando durante el día, Mélanie G, asistente escolar, 31 años, madre de un niño, fue apuñalada hasta la muerte por un alumno de catorce años en una escuela situada en Haute-Marne, en los alrededores de París. Otra trabajadora de la Educación, otra vigilante y ayudante de maestros, que es asesinada por otro alumno en una escuela.
En Francia han decapitado y acuchillado a varios educadores, también a sacerdotes en sus iglesias, sin contar los ataques, violaciones y asesinatos que se producen a diario. Cada día una o más muertes, frente a los ojos impávidos de los que gobiernan.
La mayoría coincide en que, debido a la brutalidad del acontecimiento, el presidente debió de negarse a ir a la televisión y anunciar que la emisión se haría sin él, o mejor, debió proponer que se cancelase la emisión, programarla en otro momento, en su lugar reprogramar lo que de verdad es un peligro real para los franceses: la violencia cotidiana, el apuñalamiento y exterminio como acto rutinario. Sin embargo, no lo hizo.
El programa, bastante soso y sin sentido, visto lo visto, obtuvo solamente un escaso millón de espectadores. Los franceses le apagaron la antena al presidente por primera vez, lo nunca acaecido con otro presidente.
Para colmo, a Macron no se le ocurrió nada mejor que usar ese estilo fanfarrón, con su habitual arrogancia de a tres por quilo, echar mano de un lenguaje de palo, (langue de bois), e inclusive afrontar y maltratar a un periodista: «No me gustan sus métodos», expresó, y replicó con tono autoritario, cuando el periodista se había atrevido a hacer exclusivamente su trabajo, para lo que estaba allí, preguntar y obtener una respuesta. Pues lo que se llevó fue uno de esos raspes en tono dictatorial que cada vez más observamos en las reacciones de Macron.
En jornada anterior, también había expresado sus opiniones la madre de Elías, otro adolescente asesinado recientemente, justo el día de su cumpleaños; la mujer reprochó en nombre de ella y del padre del joven que la situación no sólo se tornara cada día más caótica, sino que la falta de respeto de los propósitos manifestados acerca del asesinato por parte de la ministra de Educación, Élisabeth Borne, se hagan también más corrientes e insoportables en boca de los ministros y gobernantes, no sólo al negarse a denunciar una realidad que salta a los ojos, Francia se nos muere a manos de la desidia y el odio, sino además al confrontar una verdad con mentiras hirientes.
Una indiferencia, una negligencia injuriosa de la que hizo gala y muestra de menosprecio el presidente Macron, frente a una de las preguntas de la noche se atrevió a vejar a los franceses, al declarar que éstos no veían más allá de una plaga de pulgas y piojos (refiriéndose a una plaga real de piojos y pulgas que inundó a todo el país) y a hechos varios (‘Faits Divers’), en lugar de centrarse como según él debían hacerlo en los programas como este acerca del futuro de los océanos.
¿De verdad este individuo cree que a los franceses les debiera importar más el futuro de los océanos cuando el mero existir diario se constata más amenazado por la violencia creciente por parte de sujetos que inclusive habían sido llamados al orden con anticipación y contra los que se habían registrado avisos diversos?
Fue lo que una vez más sucedió según se ha explicado con Quentin G. el adolescente criminal que mató a Mélanie: en numerosas ocasiones se había alertado sobre conductas que podían sugerir que el nivel excesivo de crueldad se iba perpetrando progresivamente ya en su mente, y nada se hizo.
Por cierto, en Instagram dejé un comentario al leer acerca del asesino: «Son sus costumbres». Alguien vino detrás a rectificar y escribió el nombre: «Quentin», como para hacerme entender que un nombre significativo francés pretenda sugerir que detrás hubo lo que aquí se llama con desprecio: «Un francés puro». Siento recordarles que cuando en este país se obtiene la ciudadanía, lo primero que las autoridades proponen es el afrancesamiento del nombre, o sea, un cambio de identidad a lo suave. De modo que sea quien sea, venga de donde provenga, para mí seguirá siendo un criminal. Las costumbres se obtienen primero en casa; otra cosa no menos desdeñable, el mestizaje jamás se ha hecho sin sangre, no sólo mezclada.