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Andrés Montero
AnálisisAndrés Montero

Chile se polariza con la irrupción de una candidata comunista

La ingenuidad del centro chileno, parecido al español, está en creer que la izquierda valora la democracia. No les basta con observar la situación de Cuba, Nicaragua o Venezuela.

Jeannette Jara (Partido Comunista) y José Antonio Kast (Partido Republicano) precandidatos presidenciales Chile

Jeannette Jara (Partido Comunista) y José Antonio Kast (Partido Republicano) precandidatos presidenciales Chile

A menos de dos semanas de que la izquierda chilena defina su candidata, se empieza a anticipar la alternativa de que la comunista Jeannette Jara -ex ministra del Trabajo- de Gabriel Boric, triunfe en las primarias. En la derecha, se derrumba la opción de Johannes Kaiser y se estrecha la disputa entre la centro derecha de Evelyn Matthei y la derecha de José Antonio Kast.

Hasta hace unas pocas semana, se preveía una disputa final entre la ex ministra del Interior, Carolina Tohá y Evelyn Matthei, pero hoy ronda en el ambiente una disputa en noviembre entre Kast y Jara. En ese escenario se anticiparía un triunfo para Kast con una estimación de 55 % de los votos.

La evolución de las encuestas de opinión en la derecha, se sustenta por actitudes demasiado dialogantes de Matthei y su imposibilidad de despegarse del entorno del expresidente Sebastián Piñera, quien nunca fue del todo admirado por un sector no menor de la derecha chilena.

Por su parte, la comunista Jara tiene un estilo que atrae a la masa popular, frente a una insípida Tohá. Jara fue capaz de «engatusar» a la derecha y a las patronales, para lograr la reducción de la jornada laboral y una nueva reforma de pensiones. Jara no se despega del lenguaje comunista. Ha llegado al colmo de la prepotencia, al afirmar que en Cuba no hay una dictadura.

El Partido Comunista chileno históricamente nunca superó el 5 % a nivel nacional y hoy podría encaramarse al 10 %. Boric les abrió la puerta al hacerlos parte de su coalición gobernante, entregándoles ministerios clave como Educación, Justicia y la Secretaría General de Gobierno (vocería).

La discusión en estos días, se traslada en Chile, a evaluar cómo un futuro gobierno de derecha enfrentará a una oposición extrema de la izquierda, que pretenderá imponer desde la calle y con violencia sus objetivos. El Chile que le espera al nuevo gobierno, será el de una economía debilitada, niveles de seguridad interna como los peores de la historia y sectores clave como salud y educación en máxima decadencia.

A lo difícil que resulta gobernar, Matthei o Kast, deberán lidiar con una gran masa de inútiles que saldrán del gobierno para incordiar desde organismos internacionales, ONGs, universidades y medios de prensa, los cuales constituirán su reducto temporal hasta que puedan volver a gobernar.

Tal como sucedió cuando gobernó Chile Salvador Allende, la élite chilena se refugia en sus negocios, en sus comodidades y no tiene la valentía para enfrentar a una izquierda miserable, que no reconoce los daños que le hicieron a Chile.

Los hoy viejos militares, que salvaron a Chile, caen muertos uno a uno como moscas, en el más completo olvido de aquellos que les pidieron sacar de Chile a Allende, quien fue un potencial equivalente a Maduro, Ortega o Díaz-Canel.

La ingenuidad del centro chileno, parecido al español, está en creer que la izquierda valora la democracia. No les basta con observar la situación de Cuba, Nicaragua o Venezuela.

El discurso «centrista» es carente de realismo. Basta ver en España hoy a Pedro Sánchez y su pandilla, agazapados en el poder buscando excusas para no renunciar. Es exacto a lo que sucedió en Chile el 73, en que todos los poderes del Estado declararon inconstitucional el gobierno de Allende y éste se aferró al poder de la mano de la ex órbita socialista y la directa influencia de Fidel Castro. Los días que vienen serán clave para el devenir político de Chile.

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