Un miembro de las fuerzas de seguridad sirias camina frente a la sede del ejército y del Ministerio de Defensa sirios en Damasco, gravemente dañada, tras los ataques israelíes
Israel anuncia nuevos ataques contra «militantes yihadistas» en Siria
Brett Jonathan afirmaba que las ofensivas hebreas son una «obligación religiosa y moral»
El representante israelí en la ONU, Brett Jonathan Miller ha calificado los ataques del país hebreo contra Siria como «una obligación religiosa y moral», afirmando que las ofensivas están justificadas según «el libro del Levítico» en el que Dios ordena no mantenerse «sin hacer nada si hay derramamiento de sangre del prójimo».
Por ello, Miller justificaba que se van «a llevar a cabo estos ataques contra los militantes yihadistas en el sur de Siria». Así, insistía en que Israel está «comprometido a preservar la región sudoccidental de Siria como zona desmilitarizada y neutralizar las amenazas terroristas a lo largo» de la frontera con el país.
De la misma forma, el representante de Israel en la ONU aseveraba que tienen la obligación de salvaguardar a la población drusa, sin mostrar intención de interferir en la política interna de Siria. «Estamos decididos a evitar que haya infraestructura terrorista que se arraigue cerca de nuestras fronteras. Allí donde el terror representa una amenaza, estamos decididos a mantener la dignidad y la vida de los drusos en Siria», reiteraba.
Según el país hebreo, los bombardeos contra el Ministerio de Defensa y las inmediaciones del Palacio Presidencial en Damasco responden a una defensa de la minoría rusa. En los últimos cinco días han acontecido enfrentamientos entre las tribus beduinas y los drusos, provocando el desplazamiento de cerca de 2.000 familias, según reporta la ONU.
Las autoridades sirias todavía no han ofrecido un balance actualizado de víctimas, mientras que el Observatorio Sirio de Derechos Humanos ya eleva la cifra a más de 370 muertos desde el pasado domingo.
Los choques involucraron inicialmente a grupos de la minoría árabe drusa y a clanes beduinos, pero el envío de las fuerzas gubernamentales a esta región donde la seguridad estaba en manos de facciones locales abrió un nuevo frente de batalla entre estos dos últimos bandos.
La minoría religiosa drusa, que participó activamente en el derrocamiento de Al Asad, mantiene una relación tensa con el nuevo gobierno islamista en Damasco y se ha negado hasta ahora a permitir la entrada de fuerzas regulares en Al Sueida.