Seguidores de Bolsonaro protestan este jueves tras su condena
¿Qué puede pasar ahora con Bolsonaro? Todas las claves de la histórica condena
Jair Bolsonaro ya ha pasado a la historia de Brasil como el primer expresidente en ser condenado por un tribunl. Concretamente, la primera sala del Tribunal Supremo ha decidido, por cuatro votos a uno, condenarle a 27 años de pena –24 de prisión y tres de detención–, acusándole de liderar una conspiración que tenía como fin perpetuarse en el poder y no reconocer la victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva en 2022.
Ahora, el histórico líder de la derecha brasileña enfrenta el momento más delicado de su carrera política. Durante estos últimos años, una de sus frases estrella ha sido la de «saldré preso, muerto o con la victoria». Ahora que la Justicia ha elegido la primera opción, queda por ver qué cartas le quedan por jugar al mandatario.
¿Prisión inmediata o arresto domiciliario prolongado?
Por el momento, Bolsonaro seguirá en prisión domiciliaria. Tiene 70 años y su situación médica ya había sido utilizada por la defensa para solicitar un régimen menos severo. La legislación brasileña permite que, en casos de avanzada edad, el cumplimiento en régimen cerrado se aplace mientras se resuelven recursos pendientes. Así, aunque el Supremo ha dictado la condena, no necesariamente se traducirá en un traslado inmediato a prisión.
Lo más probable es que permanezca vigilado con tobillera electrónica, aislado de las redes sociales y con visitas restringidas. La imagen de Bolsonaro tras las rejas podría ser devastadora para su movimiento, pero también peligrosa para el Gobierno de Lula, que teme un repunte de la agitación en las calles si se lo envía a un penal ordinario.
Recursos judiciales
Aunque el Supremo Tribunal Federal es la máxima instancia del país, la defensa de Bolsonaro todavía tiene margen de maniobra. Puede presentar recursos internos —los llamados «embargos de declaración»— que no revierten la condena pero pueden modificar aspectos técnicos y, sobre todo, ganar tiempo. También podría acudir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, alegando violaciones procesales. Sin embargo, esos recursos tardan años y rara vez prosperan en casos con pruebas tan contundentes.
Más que aspirar a una absolución, los abogados del expresidente buscarán dilatar el proceso y mantenerlo fuera de una cárcel común el mayor tiempo posible. Cada día que Bolsonaro pase en casa, y no tras barrotes, será utilizado por sus seguidores como muestra de que todavía conserva influencia y margen de acción.
La carta de la amnistía y los indultos
El frente judicial tiene otra derivada política y es la posibilidad de una amnistía. Sectores de la derecha brasileña ya han puesto en marcha iniciativas en el Congreso para liberar a los condenados por los actos del 8 de enero de 2023. El propio Bolsonaro ha presionado a su bancada para que defienda una amnistía general, que lo incluiría a él y a cientos de seguidores procesados.
Una seguidora de Bolsonaro llora tras la condena
La otra opción es el indulto presidencial. Mientras Lula siga en el poder, la probabilidad es nula. Pero si en 2026 la derecha recupera la presidencia, los aspirantes ya han prometido que indultarán a Bolsonaro. En otras palabras, su destino final depende no solo de los tribunales, sino de las urnas.
El peso de Bolsonaro en las elecciones de 2026
Con la condena, Bolsonaro queda inhabilitado hasta 2030. No podrá presentarse como candidato, pero eso no significa que quede fuera de la política. Al contrario, su papel de «gran elector» puede ser decisivo. La derecha brasileña, huérfana de liderazgo, necesita una figura capaz de aglutinar votos y Bolsonaro conserva una base fiel, convencida de que es víctima de una persecución judicial.
Desde su domicilio en Brasilia, el expresidente ya prepara la estrategia de señalar al Supremo como enemigo de la democracia y designar al candidato que llevará su legado en 2026.
Trump y el efecto internacional
La dimensión del caso va más allá de Brasil. Donald Trump, desde la Casa Blanca, ha convertido la condena de Bolsonaro en una bandera política. Lo ha descrito como una «caza de brujas» similar a la que, asegura, sufre él en Estados Unidos. Ha impuesto sanciones a jueces brasileños y presiona diplomáticamente para desgastar el proceso.
No obstante, su margen real es limitado. La Justicia brasileña es soberana y los tribunales no responden a la presión extranjera. El impacto de Trump podría ser simbólico, alimentando la idea de una alianza global de líderes de derecha perseguidos por «el sistema» y chantajeando a Lula con aranceles para dañar su imagen interna.
Sea como fuere, el golpe para el expresidente ha sido demoledor y un ejemplo más de una tendencia cada vez más habitual en Sudamérica: exmandatarios terminando en prisión. Su esperanza es que su condena impulse a la derecha en las elecciones del próximo año y ahí logre el ansiado indulto. Hasta entonces, estará entre rejas.