Museo del Louvre

Imagen del acceso principal al Museo del Louvre desde los jardines de las TulleríasEFE

Los ladrones del Louvre escaparon por apenas 30 segundos

Una investigación oficial presentada este miércoles ante el Senado francés concluye que los asaltantes que robaron joyas de la corona al Louvre huyeron en 30 segundos de demora entre la activación de la alarma y la reacción de seguridad

Los 30 segundos, que pueden parecer poco, fueron un margen de tiempo determinante según declaró el responsable de la inspección que dirigió la investigación del robo en el Louvre, Noël Corbin: «si las cámaras hubieran funcionado correctamente o los cristales de la galería hubieran ofrecido una resistencia mínima adicional, los guardias o la Policía habrían podido interceptar a los ladrones».

El informe pone de manifiesto una serie de defectos estructurales en el sistema de seguridad del museo: El primero pone el foco en las dos cámaras que debían cubrir el punto de entrada, sólo una estaba operativa. También destacan la falta de pantallas suficientes en la sala de control, por lo que no era posible monitorear todas las cámaras en tiempo real. Todo ello unido a una coordinación inadecuada que provocó que, cuando se dio la alarma, la Policía acudiera en primer lugar a una ubicación errónea.

El robo se produjo en la galería de la Galería de Apolo, de donde sustrajeron joyas históricas valoradas en unos 88 millones de euros, aunque algunas estimaciones elevan el valor a cerca de 102 millones. Y hasta ahora las investigaciones han permitido la detención de varios sospechosos vinculados al robo. No obstante, las piezas no han sido recuperadas y el hurto ha generado una profunda crisis institucional para el museo.

Tras la alarma pública y mediática, la dirección del Louvre anunció un plan de mejora de seguridad: se prevé la instalación de nuevas cámaras perimetrales y un nuevo sistema de seguridad para reforzar la protección del recinto. Además, el robo ha puesto en cuestión auditorías internas previas que alertaban sobre vulnerabilidades, en particular, en accesos como balcones y ventanas.

Este asalto representa un golpe simbólico y efectivo a la reputación del museo, la cual no pasa por sus mejores días tras sufrir también una inundación. Las conclusiones de la investigación revelan que el robo no fue un acto aislado o circunstancial, sino consecuencia de errores estructurales y negligencias en seguridad.

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