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Iraníes se congregan mientras bloquean una calle durante una protesta en Teherán, Irán

Iraníes se congregan mientras bloquean una calle durante una protesta en Teherán, IránMiddle East Images via AFP

El régimen de los ayatolás impone un apagón total en Irán para impedir que salgan a la luz sus crímenes contra los manifestantes

Organizaciones de derechos humanos contabilizan 192 muertos en el marco de las manifestaciones, pero activistas iraníes alertan de que podrían ser muchos más y que el bloqueo digital busca tapar la «masacre» perpetrada por las fuerzas de seguridad iraníes

El régimen de los ayatolás no quiere testigos de la brutal represión que está ejerciendo contra su propio pueblo que, durante ya dos semanas, se ha echado a la calle para pedir algo tan sencillo como libertad y una vida digna. Las protestas, que comenzaron el pasado 28 de diciembre como un paro general alentado por los comerciantes del Gran Bazar de la capital ante la grave crisis económica que sufre el país, se han convertido en multitudinarias muestras de descontento y hartazgo con las élites gobernantes de la República Islámica. El levantamiento se ha extendido ya a más de 500 localidades y 180 ciudades, llegando a las 31 provincias del país persa.

La teocracia islamista ha contestado a las proclamas de los iraníes con fuego real y, para evitar que las imágenes de esta política criminal lleguen a Occidente, ha impuesto un bloqueo total de las telecomunicaciones y de internet, que dura ya más de tres días. Las organizaciones de derechos humanos, como Activistas de Derechos Humanos en Irán (HRANA), con sede en Estados Unidos, contabilizan 192 muertos en los 14 días que ya duran las manifestaciones, entre ellos menores, mientras que 37 son agentes del orden o de las fuerzas de seguridad, y más de 2.600 detenidos.

Sin embargo, muchos activistas iraníes, como la reconocida Masih Alinejad –bajo amenaza de muerte por la República Islámica–, denuncian que el número de fallecidos en las protestas es mucho más alto, pero que, debido al apagón total que sufre Irán, es muy difícil conocer cifras reales. «Fuentes dentro de Irán, a través de mensajes que me enviaron, informan de que cientos de manifestantes han sido asesinados por las fuerzas de seguridad», denunció Alinejad este sábado en su cuenta de X, antes Twitter. «El régimen ha bloqueado internet para encubrir una masacre», insistió. La cadena británica BBC News publicaba este sábado, citando a varios médicos de diferentes hospitales a lo largo de todo el país persa, que los centros sanitarios estaban «desbordados» por la afluencia de heridos, en su mayoría de bala.

En esta misma línea, varios iraníes, citados por la cadena estadounidense CNN, reconocieron que durante los últimos días habían visto «cuerpos amontonados» en hospitales de Teherán, mientras denunciaron que las fuerzas de seguridad, blandiendo rifles militares, han matado a «muchas personas». «Este bloqueo generalizado de internet no solo oculta violaciones de derechos humanos, sino que constituye en sí mismo una grave violación de derechos humanos», advirtió en un comunicado Rebecca White, investigadora de Amnistía Internacional (AI). A pesar de la oscuridad que el régimen iraní quiere imponer, las imágenes de mujeres prendiendo fuego a la foto del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, saliendo a las calles sin el obligatorio velo islámico o, incluso, quemando mezquitas se han hecho virales en redes sociales.

La grave crisis económica y de recursos que atraviesa Irán, junto con el descontento social que se acumula desde hace años, ha resultado ser una combinación explosiva que ha terminado por estallar en forma de un nuevo levantamiento masivo que recupera eslóganes como «muerte al dictador», en referencia a Jamenei. Los iraníes han perdido el miedo, aunque son conscientes de que este tipo de actos conllevan un reguero de muertes y detenciones arbitrarias. El propio fiscal general de la República Islámica, Mohammad Movahedi Azad, ha amenazado a los manifestantes con que se enfrentarán a la pena de muerte.

El líder supremo de Irán, en un discurso televisado este viernes, trató de deslegitimar las protestas tachándolas de «alborotadores» y de estar a las órdenes de Estados Unidos e Israel. «Irán no cederá ante quienes cometen actos de vandalismo» y tampoco «tolerará a quienes actúen como mercenarios para extranjeros», prorrumpió Jamenei. En medio de este levantamiento, el último sah de Persia, Reza Pahlaví, ha resurgido como una figura capaz de unir a los movimientos de oposición iraníes que se han fragmentado tras décadas de represión y exilio. Durante los últimos días, se ha podido oír a sus conciudadanos pedir el regreso del heredero al trono.

Las actuales protestas antigubernamentales en Irán se han convertido ya en las de mayor magnitud en el país persa desde 2022, cuando la gente salió a las calles en el movimiento 'Mujer, Vida, Libertad', tras la muerte bajo custodia policial de la joven kurda Mahsa Amini, acusada supuestamente de llevar mal puesto el velo islámico. Esta fue la gota que colmó el vaso de una población ahogada en una teocracia islamista que ya no les representa; las manifestaciones –como está ocurriendo ahora– se extendieron por gran parte del país.

Las mujeres se quitaron o quemaron sus velos en público. Ese levantamiento segó la vida de más de 500 –70 niños– a manos de las fuerzas del orden de Irán, además de 19.200 detenciones. Además, según pudo documentar Naciones Unidas, las autoridades del régimen sometieron a su pueblo a torturas y malos tratos, así como a violaciones y otras formas de violencia sexual y de género.

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