Beirut y Jerusalén buscan la paz derrotando a Hezbolá
Jerusalén quiere una paz donde pueda seguir golpeando objetivos terroristas si la amenaza reaparece. Y esto es un problema político. Para muchos libaneses, aceptarlo equivaldría a una soberanía incompleta
Partidarios de Hezbolá celebran un alto el fuego con Israel al sur de Beirut
Mientras el Ejército hebreo avanza hacia el norte y conquistó el castillo cruzado de Beaufort, desalojando al grupo terrorista Hezbolá, la sensación en la opinión pública es de hartazgo hacia esa milicia que asesina sin mas causa que su servilismo a Irán.
La gente la llama irónicamente «la guerra de la tregua». El grupo perdió el aura de «resistencia libanesa» y pasó a ser visto como un actor que arrastra al país a guerras ajenas. En diarios y círculos cristianos se repite una idea demoledora: Hezbolá no es «el protector del Líbano», sino «un Estado criminal dentro del Estado legítimo» que le impide vivir en paz.
El jefe del Ejército de Israel, Eyal Zamir, afirmó que las tropas están avanzando en el Líbano. En una visita a la División 210 subrayó que están realizando «un trabajo extraordinario ante desafíos complejos». «Actúan de forma creativa, con iniciativa y responsabilidad, lo que incluye desenvolverse en nuevos espacios para seguir presionando al enemigo y destruir sus capacidades», indicó en un comunicado.
El objetivo es «dañar sistemáticamente» al partido-milicia chií y «no hay lugar alguno donde sus miembros tengan inmunidad... cualquier daño es también un daño al eje iraní», aseguró .
«Nuestro objetivo es claro: retirar completamente la amenaza que supone Hezbolá y defender a las comunidades del norte del país. (…) El daño acumulativo que les hemos causado es grave y sin precedentes, con más de 7.500 terroristas eliminados desde el inicio de la guerra. Ha advertido que »la amenaza de los drones supone un desafío que puede ser superado".
La estrategia israelí une dos ideas inseparables: derrotar militarmente al movimiento chiíta y, al mismo tiempo, construir un acuerdo político estable con Líbano. La lógica es fácil de explicar pero difícil de ejecutar: Israel no quiere ocupar Líbano para siempre, pero tampoco acepta volver a la situación anterior al 7 de octubre, donde Hezbolá acumulaba miles de misiles mientras el gobierno libanés miraba hacia otro lado.
En Israel existe hoy una visión transversal, desde Netanyahu hasta la oposición, según la cual Hezbolá ya no es solamente una milicia local sino el brazo regional más poderoso de Irán. Por eso, cuando dirigentes israelíes hablan de «vencer a Hezbolá», no hablan únicamente de destruir lanzacohetes en el Líbano. Hablan de eliminar el maltrecho «anillo de fuego» iraní alrededor de Israel: Gaza con Hamás, Yemen y sobre todo el frente norte.
Los cinco pilares (pero no del islam)
Militarmente, el plan israelí se basa en cinco pilares. El primero es la presión aérea permanente. La Fuerza Aérea elimina depósitos de misiles de precisión, centros de mando, túneles, estructura logística y especialmente drones explosivos, que se han convertido en una obsesión para el ejército hebreo. Empresas israelíes como Elbit perfeccionan sistemas láser y nuevas tecnologías para neutralizar drones, considerados hoy más peligrosos y baratos que muchos misiles tradicionales.
El segundo pilar es la guerra de inteligencia. Aquí aparece la sombra del Mosad. Una ventaja crucial es la infiltración tecnológica y humana. La doctrina israelí es impedir que Hezbolá reconstruya capacidades estratégicas, mediante asesinatos selectivos, sabotajes, intercepción de armas y vigilancia masiva. En medios israelíes y estadounidenses se menciona repetidamente que la cooperación con la CIA se ha intensificado, especialmente alrededor de planes para debilitar la estructura financiera y militar de Hezbolá.
El tercer elemento es separar al grupo del Estado libanés. Esto es fundamental. El problema no es Líbano como nación, sino la existencia de una milicia criminal más fuerte que el propio ejército. Ahí aparece la paradoja libanesa: el país tiene instituciones oficiales, presidente, ejército y parlamento, pero hace años Hezbolá opera sin control.
Líbano vive una situación dramática. La economía quedó devastada por años de corrupción, crisis bancaria y colapso monetario. Beirut sigue marcada por la explosión del puerto en 2020 y divisiones históricas entre chiitas, sunitas, cristianos y drusos. Los libaneses están agotados por las guerras permanentes. En la prensa aparecen cada vez más voces acusando a Hezbolá de destruir al país por obedecer a Teherán.
El cuarto pilar es fortalecer al ejército libanés. El objetivo final de EE.UU. y Francia es construir un modelo donde el ejército controle el país, como en todo estado normal. El problema es que el ejército libanés tiene recursos limitados, salarios bajos y una composición política plural. Muchos soldados chiitas simpatizan con Hezbolá, aunque no obedezcan sus órdenes. En términos prácticos, el grupo sigue siendo más fuerte que las propias fuerzas armadas en varias regiones.
El quinto elemento es diplomático. Aquí entran Donald Trump y Marco Rubio. Axios informó que el gobierno libanés propuso conversaciones directas con Israel para terminar la guerra y alcanzar un acuerdo amplio. En paralelo, el Wall Street Journal explicó que Israel exige «libertad de acción» militar dentro del Líbano, incluso tras un acuerdo.
En otras palabras: Jerusalén quiere una paz donde pueda seguir golpeando objetivos terroristas si la amenaza reaparece. Y esto es un problema político. Para muchos libaneses, aceptarlo equivaldría a una soberanía incompleta. Para Israel, cualquier acuerdo sin mecanismos coercitivos sería papel mojado. El actual líder de Hezbolá, Naim Qassem, rechazó el desarme y dijo que las armas son para «defender al Líbano». Ya nadie le cree. Marco Rubio, como figura clave, impulsa al ejército libanés a controlar efectivamente el sur. Washington considera que existe una oportunidad histórica porque Irán atraviesa un momento de debilidad y Hezbolá ya no inspira el miedo de antes.
Fortalecer al presidente y su Ejército
La organización enfrenta hoy más presión interna que nunca. Le Figaro sostuvo que «parte importante de la población teme que el país termine destruido por decisiones tomadas en Irán». Pero hay una realidad compleja: desarmar completamente a Hezbolá es muy difícil. El grupo no es sólo una milicia; es partido político y red social, religiosa y económica. Tiene barrios enteros dominados en Beirut, control territorial y vínculos firmes con sectores chiitas. Por eso analistas israelíes admiten que la verdadera «victoria» no será una foto de rendición, sino una situación más realista: reducción drástica del arsenal, retirada lejos de la frontera, debilitamiento financiero, pérdida de legitimidad interna y fortalecimiento del Estado libanés.
El escenario ideal sería un Líbano reconstruido con apoyo occidental y árabe, un ejército fuerte y Hezbolá convertido en partido político en lugar de un ejército paralelo. Aquí importan las conversaciones directas entre Jerusalén y Beirut, con Washington empujando y Paris intentando conservar influencia en un país que considera su responsabilidad.
Mientras tanto, el Ejército israelí ha traspasado el rio Litani, ocupando zonas donde destruyó drones, lanzadores y centros logísticos. La gran innovación táctica de Hezbolá son los drones de fibra óptica, pequeños aparatos difíciles de interferir y capaces de golpear con precisión.
En el terreno militar, Israel mantiene la iniciativa. Su fuerza aérea conserva superioridad total y la inteligencia logró infiltrar profundamente las redes logísticas chiíes. La idea es brutal en su simplicidad: «si quieren convertir el sur libanés en una plataforma iraní, Israel hará imposible que funcione». Esta lógica explica la intensidad de los bombardeos recientes y las operaciones terrestres más allá de las líneas habituales. La gran preocupación israelí hoy son los drones. El norte vive bajo alarmas y la población civil exige una solución permanente.
El Gobierno de Joseph Aoun necesita evitar la destrucción del país y sabe que la sociedad libanesa está agotada de sufrir la agenda militar terrorista. En Beirut se escucha una frase amarga: «Irán no quiere más luchar de frente a Israel y pelea desde ciudades libanesas». En la prensa cristiana se ve un gran resentimiento hacia la aventura militar chiita. Afirman que el grupo convirtió al Líbano en rehén de Teherán y destruyó cualquier posibilidad de recuperación. Comparan el control político de Hezbolá con una ocupación indirecta iraní.
Para Israel, ese desgaste interno es tan importante como una victoria militar. Jerusalén cree que el mejor golpe es quebrar la legitimidad del movimiento dentro del Líbano.