27 de mayo de 2022

El exagente de la KGB Nikolai Leonov, en 2012

El exagente de la KGB Nikolai Leonov, en 2012EFE

Teniente General Nikolai Leonov (1928-2022)

El enlace soviético de los Castro

Fue una figura central en la consolidación de la relación de Cuba con la Unión Soviética y la KGB, y después con la Rusia poscomunista

El exagente de la KGB Nikolai Leonov, en 2012
Nació en Almazovo (Unión Soviética) el 22 de agosto de 1928 y falleció en Moscú el 27 de abril de 2022

Nikolai Sergueiyevich Leonov

Número dos de la KGB

Universitario, diplomático y agente de inteligencia, hizo carrera en la KGB entre 1958 y 1991. En diciembre de 2003 fue elegido miembro de la Duma por el partido nacionalista Rodima. Autor de numerosos libros, publicó una hagiografía de Fidel Castro.

Los medios oficiales del castrismo se han deshecho en elogios a lo largo de los últimos días hacia la figura del teniente general Nikolai Leonov. «Ruso amigo de Cuba para todos los tiempos», titula, por ejemplo, la agencia Prensa Latina. Hay razones para ellos: según explica a El Debate la historiadora María Werlau, autora de un reciente libro en el que documenta exhaustivamente los crímenes cometidos por y a las órdenes del Che Guevara, «Leonov fue una figura central en la relación de los hermanos Castro con la antigua URSS y la KGB incluso con la Rusia poscomunista».
La relación comienza en 1953 cuando Leonov «conoció a Raúl Castro en un congreso de jóvenes socialistas en Praga y lo acompañó en un viaje en barco de vuelta a La Habana, estableciendo lo que fue una estrecha y larga amistad hasta su reciente muerte». «En 1956», prosigue la historiadora, «Leonov fue presentado a Fidel Castro y a Ernesto (Ché) Guevara en México; estuvo con los hermanos durante su planificación de la invasión a Cuba en el yate Granma que dio lugar a su liderazgo de la insurgencia armada contra la dictadura de Batista».
En México, señala por su parte el historiador Hugh Thomas en su Historia de Cuba, las autoridades empezaron a sospechar de las intenciones de Fidel al encontrar en su cartera una tarjeta de visita a nombre de Leonov. El aludido, desde la cárcel, tachó las acusaciones de comunismo de «absolutamente fantásticas». Muchos le creyeron. La historia posterior de Cuba ha demostrado exactamente lo contrario.
Más adelante, cuenta Werlau, «con el triunfo de la revolución en enero de 1959, Leonov, ya oficial entrenado por la KGB, jugó un papel decisivo llevando a Cuba a la órbita soviética y estrechando la relación entre La Habana y la Moscú». La tercera y última etapa cubre los años posteriores al desmoronamiento de la Unión Soviética, cuando «Leonov mantuvo una relación de admiración y apoyo con los Castro que incidió en la reconstrucción del apoyo de Rusia a Cuba». Un apoyo que hoy repercute considerablemente en los equilibrios geopolíticos de Latinoamérica y permite la supervivencia de la dictadura.
Una trayectoria que estuvo a punto de no fraguarse: Leonov, que había sido enviado a México a aprender español, fue contratado por la embajada soviética, cuyos protocolos violó al reunirse con el Ché. La sanción fue doble: vuelta a Moscú y baja del servicio diplomático soviético. Se recicló brevemente como traductor, pero Leonov era demasiado valioso como para que las autoridades prescindieran de sus servicios; de ahí su incorporación a la KGB, que hizo de él un brillante e influyente espía.
En el otoño de 1962, durante la Crisis de los Misiles, realizó una gran labor de inteligencia gracias a sus agentes en suelo estadounidense. De la información recabada concluyó que no habría enfrentamiento nuclear. Su campo de actuación no se limitó, a Cuba o a México. Ni siquiera al continente latinoamericano: a principios de los ochenta viajó a Polonia, donde comprobó el vigor del sindicato Solidaridad y la debilidad del régimen. Su agudeza le valió el ascenso a número 2 de la KGB y por ende, a figurar en buen lugar dentro del Archivo Mitrojin. Autor de numerosos libros, el último fue una hagiografía de Raúl Castro.
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