Ya podría Sánchez mirarse en el espejo de Draghi. Pero él solo quiere verse reflejado en los mentirosos espejitos mágicos del cuento y de todos los cuentos. Si fuese mínimamente sincero consigo mismo, tal vez se vislumbraría en el arquetipo que degenera en esperpento de aquellos cristales del callejón del Gato, de Valle Inclán. Pero no oscurezcamos más la reflexión. La cuestión es mucho más simple: Mario Draghi, gracias a su experiencia de años en la banca privada y en el Banco Central Europeo, está reactivando la maltrecha Italia. Lo hace bajando impuestos, al igual que el socialista portugués António Costa. Las diferencias entre ambos dirigentes y Sánchez son notables. Ya no solo en formación y veteranía, incluso en carácter, sino, fundamentalmente, en que Draghi y Costa creen en su país, poseen sentido de Estado y de la historia, están comprometidos con el bien común de sus compatriotas y los años les han enseñado el bálsamo de la humildad. Nada que ver con quien ocupa hoy la Moncloa. Ojalá aprendiese algo de estos avezados políticos que llevan las riendas de Italia y Portugal, pero me temo que su narcisismo solo le deja ver su propia imagen en el espejo. Por eso es incapaz de entender que, con toda seguridad, la bajada de impuestos generaría más bonanza económica.
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