Voy a escribir sobre los asesinos etarras, no sobre el psicópata Francisco Javier Almeida, asesino de Alex, un niño. Sobre el crimen de Lardero, en La Rioja –no de Laredo, como tú dijiste, Sánchez–, ya escribiré en otro momento. Ahora quiero centrarme en algo que es la moneda con que el actual Gobierno va a pagar a los bilduetarras su apoyo a los presupuestos del Estado. Es el pago más infame que se puede hacer, porque está lleno de sangre y de sufrimiento de miles de españoles. Trasladar a los presos etarras hacia el País Vasco e ir dejándolos en libertad es un acto de injusticia y me atrevería a decir que un delito de lesa humanidad. No son presos, como algunos dicen por ahí, son asesinos. Mataron a centenares de personas, incluidos niños y mujeres, secuestraron, extorsionaron y aterrorizaron a un pueblo, hasta el punto de que más de 250.000 vascos tuvieron que dejar sus raíces, su tierra. Es a esos asesinos a quienes Sánchez quiere poner en libertad a cambio de un apoyo a las cuentas del Estado. Hay que combatir el delito y compadecer al delincuente, como decía Concepción Arenal. Pero no es el caso del asesino de Lardero ni tampoco el de los etarras. Ellos han llevado a una prisión mucho más agobiante y asfixiante a todas las víctimas de sus actos. Entre lo que más debe amar un dirigente democrático está la Justicia, pero se sabe desde siempre que virtud y poder no suelen llevarse bien, y menos si no hay escrúpulos en el gobernante.
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