Ya es casualidad que las dos políticas emergentes del panorama nacional, por la derecha y por la izquierda, sean descendientes de Díaz. Tal vez muchos siglos atrás compartieron origen genético común, o no. Lo que sí es cierto es que ambas han logrado inquietar a sus jefes de filas, aunque en el caso de Yolanda los afectados son varios y varias, mientras que Isabel básicamente solo irrita a la dupla de Casado y Egea. ¿Qué tendrán estas dos mujeres para ser ahora las esperanzas blancas de la política española? Dejo la respuesta a la inteligencia del lector porque yo ahora mismo no lo tengo muy claro. Aprecio, eso sí, el discurso nítido y determinado de Ayuso en favor de los valores liberales del centro derecha. No acabo, sin embargo, de entender la confusión que se deriva de las soflamas de Yolanda. Habla de la gente, de la calle y de un paraíso, pero no sabemos ni qué gente, ni qué calle ni de qué paraíso nos habla. Ambas inquietan a sus superiores, ambas gobiernan, ambas tienen futuro, pero se diferencian en tantas y tantas materias que su sola existencia nos reconcilia con la idea de la pluralidad y diversidad ideológica. Me atrevo a decir, sin embargo, con el olfato que los años me han dado, que ninguna de las dos será presidenta del Gobierno de España en los años inmediatos, digan lo que digan los ineficaces y sobrevalorados gurús. Más adelante, ya veremos… pero en política ese tiempo es una eternidad.
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