22 de mayo de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

El dislate de Bolaños

Lo que este fallo demuestra ¡una vez más! es la incompetencia de quienes nos gobiernan. En este caso desde las más altas instancias

Resulta difícil de creer, pero con este Gobierno todo es posible. Llevamos meses viendo ejemplos flagrantes de incompetencia, pero nunca uno tan clamoroso como el que ayer publicó El Confidencial al descubrir el pequeño detalle de que al legislador se le olvidó fijar la fecha de la entrada en vigor de la Ley de Presupuestos de 2022. Así que, efectivamente, estamos a día 13 y siguen en vigor los de 2021 porque al ministro Bolaños se le fue el santo al cielo –es un decir– y no puso la fecha del 1 de enero como la de su validación.
Cuando se aprobó el Código Civil, en 1889, lo normal era que las leyes entraran en vigor a los veinte días. Era lo que se llamaba Vacatio Legis, cuyo sentido era permitir que la noticia de la aprobación de la ley llegara a todos los extremos de España. Y recordemos, por ejemplo, que entonces Cuba o Filipinas eran España. Y no había ni internet ni televisión, ni siquiera radio. Tenía que llegarles el Boletín Oficial del Estado, que entonces se llamaba La Gaceta de Madrid. En la época en que entró en vigor el Código Civil, lo excepcional era poner en una ley una disposición específica sobre la entrada en vigor. Casi siempre era a los veinte días. Pero esa disposición final, con el paso del tiempo, se ha convertido en una coletilla fija: «Entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el BOE».
Habrá quien intente echar la culpa del dislate perpetrado con los Presupuestos de este año a un funcionario o a un letrado de la Cortes. No. La única responsabilidad es del legislador, que es quien tiene que determinar todo lo que aparece en una disposición legislativa. Podrá tener asesores, pero el responsable último siempre es él.
Y habrá quien dispare ahora contra la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Pero la realidad es otra. La Ley de Presupuestos es la más importante que se aprueba cada año –si es que se aprueba–. Puede llevar hasta meses de negociación. Es la que da y quita capacidad de actuación al Gobierno. Y desde hace unos lustros acaba convirtiéndose en una suerte de ley ómnibus en la que hay de todo, como en una botica. Allí aparecen múltiples materias que nada tienen que ver con las cuentas del Estado. Y eso no lo maneja la ministra de Hacienda, claro. Eso es lo que hace que la responsabilidad final de la Ley de Presupuestos sea del ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, de quien depende también el Boletín Oficial del Estado. Así que, como no podía ser de otra forma, la responsabilidad de este fallo cae en el ministro más próximo al presidente del Gobierno, el que debe ser su mano derecha. Y lo que este fallo demuestra, ¡una vez más!, es la incompetencia de quienes nos gobiernan. En este caso desde las más altas instancias.
Realmente es un milagro que España siga funcionando. Veremos cuánto tiempo somos capaces de aguantar, porque el empeño de algunos por acabar con este país parece infinito.
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