24 de enero de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Amalgama de rojos

Tenemos a Irene Montero cuyo patrimonio se ha incrementado un 100 por cien en cinco años. Al paso que va acabará siendo una gran gestora de inversiones a pesar de no haber trabajado un solo de su día en esa materia. Bueno, en su materia parece que ha trabajado bastante

Uno de los flacos consuelos que nos queda a quienes tenemos pavor al destrozo a España que están haciendo sus actuales gobernantes es el de que conforman, en lo que a Unidas Podemos se refiere, una amalgama en la que cada vez es más difícil saber quién manda de verdad y cada día suma un nuevo error más disparatado que el anterior y que difícilmente amparará nadie.
Las declaraciones del ministro de Consumo a The Guardian, que han tardado diez días en saltar a los medios de comunicación españoles, demuestran la ineptitud del titular de esa cartera, Alberto Garzón. Argumentar que hizo declaraciones a título personal y no de forma oficial es un insulto a la inteligencia. A título personal podrá hablar de un partido de baloncesto, pero no de la materia que tiene encomendada en el Consejo de Ministros. Y si alguien se cree que The Guardian hace entrevistas a dirigentes de Izquierda Unida a título personal es que no tiene ni idea de lo que es ese periódico, ni de lo que es el periodismo. Dicho lo cual, ya tenemos todos bien claro lo que piensa el ministro Garzón sobre el consumo de la carne de vaca –ya nos había hecho anticipos en el pasado– lo que deja ese sector que él debe promover a los pies de los caballos.
Tenemos también a Irene Montero cuyo patrimonio se ha multiplicado por cien en cinco años. Al paso que va acabará siendo una gran gestora de inversiones a pesar de no haber trabajado un solo de su día en esa materia. Bueno, en su materia parece que ha trabajado bastante. Y en una inverosímil coincidencia, en el día en que el diputado del grupo mixto Pablo Cambronero tuvo a bien preguntar por ese desmesurado incremento patrimonial, Podemos decidió dejar de hacer pública la declaración de bienes de sus miembros. Lo de la transparencia ha tenido una vida más bien efímera. Lo que yo me pregunto es qué pasará por la cabeza de quienes votaron a esta formación cuando nos hablaban de cambiar las cosas y no tener nada que ocultar y ahora ven giros como éstos.
Y giro no menor es el de la máxima representante de Unidas Podemos en el Gobierno, la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz. Podríamos hablar de su cambio estético, que no ha sido precisamente menor desde sus días como concejal en el Ayuntamiento de Ferrol, en la primera década de este milenio. Lo que resulta evidente es que hoy parece mucho más aseada, lo que es de agradecer. Y que ha debido invertir todos sus ahorros en buena ropa, lo que ahora llaman estilismo. Eso gustará más o menos a sus votantes y no tengo nada que decir al respecto. Pero si yo sufragase por su partido, lo que no estaría dispuesto a tragarme es que me tomen por idiota diciéndome que ya no hay reforma laboral de Rajoy y Báñez. La que iban a derogar se mantiene prácticamente intacta tras la negociación encabezada por la propia Díaz.
Pero lo que sí hay es una izquierda que controla la calle. Una izquierda que estando en el Gobierno no moverá un dedo contra una reforma laboral que permite crear empleo, ni contra el mayor incremento en el recibo de la luz de la historia ni contra ninguna acción que de haberse producido con la derecha en el poder, habría incendiado las calles. Pero esta amalgama de rojos que nos desgobierna sólo está interesada en llenar sus bolsillos.

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