01 de julio de 2022

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

La hipocresía de Sánchez con Zelenski

Mientras se pone épico en su apoyo al presidente ucraniano, la realidad es que está coaligado con estrafalarios radicales comunistas que lo rechazan

A raíz del discurso televisado de Zelenski en el Congreso, la extrema izquierda que gobierna en coalición con Sánchez nos ha recordado muy enojada que el presidente ucraniano ha ilegalizado al partido comunista de su país. Conocer ese detalle acrecienta mi admiración por un cómico que se ha metamorfoseado en un mandatario con hechuras de héroe, un hombre que con su coraje se ha echado a su pueblo a sus espaldas y ha defendido una causa justa por todo el orbe.
Ilegalizar el comunismo no me parece precisamente un demérito, sino mas bien un notable mérito, pues se trata de la ideología más letal de la historia junto al nazismo. De hecho es la que acumula mayor número de cadáveres en su balance. El genocidio comunista está bien documentado en obras como El libro negro del comunismo, publicado en 1997 tras una prolija investigación de profesores universitarios europeos, o por Memoria del comunismo, de Jiménez Losantos. Se calcula que el horrible experimento totalitario, que brotó de las ideas de Marx, segó más de cien millones de vidas en el siglo XX. La tres veces mártir Ucrania padeció entre 1932 y 1934 el Holodomor de Stalin, donde una economía planificada a costa del estómago de los campesinos exterminó por pura hambre a casi cuatro millones de ellos. Los muertos por las locuras creativas de Mao todavía no se han inventariado por completo, pero se habla de hasta 60 millones. Y por supuesto nunca se borrarán de la conciencia y memoria de la humanidad el exterminio del Jémer Rojo de Pol Pot, el Gulag, la represión violenta de las dictaduras comunistas de Cuba y Venezuela o las chekas de nuestra fracasada e idealizada República.
No existe una sola ocasión en que la implantación de esta execrable ideología no acabase en la eliminación de las libertades y en un cutre reparto de mediocridad, o en una miseria rampante. China, la mayor dictadura del planeta, ha tenido éxito económico, sí, pero porque ha adoptado el capitalismo y del comunismo solo se ha quedado con la parte represiva.
Todos entendemos sin problema que no se debe permitir la existencia de partidos nazis. Resultaría inadmisible, odioso, que fuesen legales. Entonces, ¿por qué toleramos la participación en la vida pública de partidos comunistas, una ideología igual de perversa y que todavía suma más muertos?
La breve alocución de Zelenski en el Congreso no contó con el aplauso de cuatro diputados sentados en la Cámara: el secretario de Estado de la Agenda 2030, que es también el jefe del PCE; dos diputados de la CUP y un diputado del BNG (al que ya en mi mocedad de gacetillero en Galicia apodaban Nestor 'Talibán' Rego, imagino que no precisamente por su moderación). Hubo otros dos diputados podemitas, militantes comunistas de Izquierda Unida, que ni siquiera aceptaron entrar al Congreso a escuchar a Zelenski, tal era el repelús que les provocaba. Por su parte, el ministro Garzón, que sí aplaudió al líder ucraniano, se ha aprestado acto seguido a ofrecer una serie de excusas a sus correligionarios comunistas.
Parte de esta tropa, que son los políticos más radicales y estrafalarios que pisan hoy las moquetas públicas de la UE, están gobernando en coalición con el PSOE. Mientras Sánchez se nos pone en modo híper épico en su apoyo a Zelenski (al que al principio negó el envío de armas), lo cierto es que gobierna coaligado con extremistas que están en contra de la causa ucraniana. Se trata de un ejercicio de hipocresía extrema: el presidente que ha ordenado a su aparato de propaganda y a sus ministros emplear en todo momento la enfática expresión «la guerra de Putin», está en verdad asociado con radicales de ultraizquierda que se niegan a apoyar a Ucrania y que hacen extraños equilibrios entre el Kremlin y el Occidente de las democracias liberales.
Si de verdad está con Zelenski y su país, como proclama con mueca de emoción extrema, Sánchez tendría que echar hoy mismo a patadas de su Gobierno a un partido que le niega el apoyo y el aplauso al ucraniano. Mientras no lo haga, por favor, menos teatro, menos ponerse estupendo y menos lecciones para la galería. Y es que al final llegamos a lo de siempre: todo en el personaje es puro cartón piedra.
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