16 de agosto de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Sánchez tenía miedo a este día

Oírle decir a un director de periódico que Don Juan Carlos no vuelve permanentemente porque ha dicho por escrito que no quiere volver, es como pretender convencernos de que Francisco Franco se murió porque ya no quería vivir

Pedro Sánchez puso al Rey en un brete. Don Juan Carlos se fue al exilio un 3 de agosto de 2020. Recuerdo muy bien la tarde de aquel domingo 2 de agosto. Tengo contado que una colega que estaba en el paro y tenía mucha experiencia en el seguimiento de Don Juan Carlos –y con muchas de cuyas publicaciones yo discrepaba seriamente– me avisó ese domingo, mientras yo disfrutaba de la vista de la bahía de Santander con un habano y un malta, de que el Rey Juan Carlos se estaba yendo de España. En ese ABC en el que yo llevaba 31 años todavía cotejábamos las noticias de la Familia Real. No pude confirmar esta información y perdí la que probablemente hubiera sido la mayor exclusiva de mi vida profesional.
Ese exilio incomprensible acabó –temporalmente– ayer. O por lo menos se le puso remisión. El Rey Juan Carlos está en estas horas en España, rodeado de amigos y seres queridos. Se ha puesto fin a un exilio que los españoles no entienden. Nadie da una razón plausible. Escuchar en Trece al director del periódico que ha dedicado unas veinte entregas a destruir la imagen de Don Juan Carlos con unos papeles de Manglano que sus periodistas transcribieron cual mecanógrafas sin molestarse en contrastar el más mínimo dato, siendo de general conocimiento que muchos eran falsos; oírle decir a un director de periódico que Don Juan Carlos no vuelve permanentemente porque ha dicho por escrito que no quiere volver, es como pretender convencernos de que Francisco Franco se murió porque ya no quería vivir.
En este Gobierno en el que unos juegan a polis buenos y otros a polis malos, son todos exactamente de la misma calaña. Y como bien decía esta semana Carlos Herrera, sería bueno ver hoy por Sangenjo, en paralelo, al Rey Juan Carlos y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. A uno lo han acusado de todo en casi todos los medios durante el último lustro. El otro tiene una batería imbatible de medios de comunicación a su servicio. Sería muy ilustrativo ver la recepción del pueblo a uno y otro. Y eso por supuesto no lo vamos a ver en ningún momento. Es lógico. Pero ahora sabemos por qué Sánchez tenía tanto miedo a la vuelta del Rey Juan Carlos y como hemos contado en El Debate, está disgustado con la repercusión del retorno. El Gobierno ha creado un problema para que no se hable de su propia incompetencia y corrupción y para ir horadando los pilares sobre los que se asienta la Corona. Al final se han enfrentado al problema de que la Justicia española todavía es independiente. Y por eso intentan laminarla. Pero Juan Carlos I ha quedado penalmente impoluto –ni siquiera fue procesado– pero condenado en sentencia muy firme por la pena de telediario. Y de eso es muy difícil recuperarse: es casi imposible retornar a una vida normal en España. Aunque confieso que, no debiendo desear el mal a nadie, a mí cada día me queda más claro que Pedro Sánchez no podrá vivir una vida normal en España después de salir del poder. Los méritos que está acumulando son infinitos.
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