07 de julio de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Suma y resta

Si lo que separa a Sumar de Podemos es lo del cambio sin necesidad de esconderse del tampax, creo que Irene Montero debe mostrarse dispuesta a ceder y permitir que las mujeres se sigan escondiendo hasta que el proyecto alcance la fuerza y la potencia que sueña y espera la ciudadanía

Ya sabemos, al fin, y con el conocimiento, ha vuelto la tranquilidad al mundo. Ya se ha hecho público cómo se va a llamar la impresionante coalición de la ultraizquierda yolandista. Sumar. Se va a llamar Sumar. Parece ser que Ada Colau, Mónica, madre, médica y mema, y la marroquí se suman a Sumar. A Mónica Oltra le han dicho que espere un poco, pero terminará en el ajo. No obstante, Yolanda Díaz, también conocida por la Sobona –no confundir la Sobona con la Sorbona–, ha registrado su atractiva y original marca a espaldas de Podemos e Izquierda Unida. Es decir, que lo primero que ha hecho Sumar es una resta. Errejón, que está muy nervioso con la presencia del Rey Juan Carlos en España, también formará parte de Sumar, pero no así Irene Montero y Ione Belarra, que están en la resta. Hace mal Yolanda Díaz no contando con Irene Montero que ha conseguido –son sus palabras–, lo que nadie en España en los últimos mil años. Que las mujeres no tengan que esconderse para cambiarse el tampax. Bueno, lo de los mil años es exagerado, y no me molesta reconocer mi error. Hace mil años no existía el tampax, pero a partir de su exposición, demanda, venta y compra en los comercios especializados, las usuarias se escondían para cambiárselo. Ahora no. Gracias a Irene Montero, en cualquier terraza, o en el banco de un parque, o en el asiento de un estadio de fútbol, las mujeres no tendrán que esconderse para proceder a semejante avío. Creo que merece formar parte del insuperable proyecto Sumar.
De los grandes fundadores de Sumar, el único que no usa tampax es Íñigo Errejón, pero con esta gente de progreso no se puede asegurar nada, y es muy probable que en el futuro lo utilice y se lo cambie sin esconderse. Todo lo que sea novedoso y benéfico para la sociedad de la bondad permanente, será bienvenido. El problema es que Yolanda Díaz no termina de llevarse bien con los grandes cerebros femeninos podemitas. Es más, me atrevo a asegurar, que en sus planes destaca terminar con Irene, con Ione, con Lilith y con las hermanas Serra, las dulces amazonas. Mucho cuidado. Si se carga a Irene Montero daremos un paso atrás, y las mujeres se verán obligadas de nuevo a esconderse para cambiarse el tampax. No me considero autorizado para procurar recomendaciones y consejos a Yolanda, pero yo, de ser ella, me lo pensaría, le daría otra vuelta. No está España para retroceder hacia costumbres del pasado. Con independencia de Irene, montar y presentar un proyecto de la importancia de Sumar sin la participación de Lilith Verstrynge se me antoja suicida. Esa pasión, esa vehemencia, esa contundencia verbal, esa sabiduría adquirida en la Sorbona –no confundir la Sorbona con la Sobona–, no se compran en un supermercado. Y ella lo tiene todo, y para colmo, adornada del más bello y pujante pelirrojismo. De haberla conocido Gustavo Adolfo Bécquer, habría cambiado la más célebre de sus rimas.
¿Qué es zanahoria? Dices mientras clavas
Tus pupilas en el clárido trasluz.
¿Qué es zanahoria? ¿Y tú me lo preguntas?
¡Zanahoria eres tú!

Deduzco que Yolanda Díaz tiene que contar con todas. Con todas y todos. No puede pretender representar a la suma de las izquierdas restando elementos fundamentales de unidad, progreso y empatía. Y si lo que separa a Sumar de Podemos es lo del cambio sin necesidad de esconderse del tampax, creo que Irene Montero debe mostrarse dispuesta a ceder y permitir que las mujeres se sigan escondiendo hasta que el proyecto alcance la fuerza y la potencia que sueña y espera la ciudadanía.
Si hay flexibilidad y acuerdo, me sumo a Sumar. Y a ver qué tal.
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