04 de julio de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Madre no hay más que una

En el mundo del fútbol, y eso lo tiene que aprender Florentino Pérez llevado de esta mala experiencia, hay que hablar con las madres

Como madridista, me habría encantado que Mbappé jugara en el Real Madrid. Como aficionado al fútbol, debo reconocer que llevaba seis meses hasta la cresta de Mbappé. Y que el fútbol puede desmoronarse si la Fifa y la Uefa siguen permitiendo la inviolable prepotencia de los Clubes-Estado, todos ellos petrolíferos. Escrito esto y liberado de Mbappé, debo recordar a mis lectores que madre no hay más que una.
No comparto la opinión del fracaso de Florentino Pérez en este caso. Pérez ha negociado con el futbolista, su representante, y con el París Saint Germain. Pero se olvidó de la madre de Mbappé, que es la que manda. Esa madre desea para su hijo la seguridad económica que sólo puede garantizar un Estado con petróleo. Hay madres y madres. La mía y de mis nueve hermanos, era nuestra madre 364 días del año, pero el Día de la Madre era nuestra tía. Decía que el Día de la Madre era absurdo, y que lo habían inventado Pepín Fernández y Ramón Areces para hacer caja en Galerías Preciados y el Corte Inglés. Don Manuel del Palacio, el más agudo poeta satírico en el entresiglos del XIX al XX, se refirió también a una madre de alto copete aristocrático.
Diálogo al vuelo cogido
En el baile de Menchaca.
-Oriénteme usted, querido;
¿Quién es esa horrible vaca
Que al pasar le ha sonreído?-.
-Se lo diré, caballero;
Es doña Julia Terrón,
Hija del Duque de Ampuero,
Y madre de este ternero
Que está a su disposición.
En el mundo del fútbol, y eso lo tiene que aprender Florentino Pérez llevado de esta mala experiencia, hay que hablar con las madres, convencer a las madres y pagar comisiones a las madres. La madre de Cristiano Ronaldo, por ejemplo, estaba encantada cuando su hijo jugaba en el Real Madrid, y de la madre de Messi no puedo hablar, porque no la conozco. Pero si Messi se fue del Barcelona, pongo la mano en el fuego que, antes de adoptar tan arriesgada decisión, consultó con su madre y no con su padre. Los padres nos equivocamos mucho, en tanto que las madres siempre buscan lo mejor para sus hijos, y más aún, cuando proceden de familias humildes. Pónganse en su lugar. Una madre, ante una oferta de 200 millones de euros, y una contraoferta de 300 millones, siempre se queda con la segunda opción. A una madre no le importa ni la Historia ni el prestigio ni la grandeza de un club. Le importa, y mucho, el porvenir de su hijo, siempre a través de ella. Mbappé adora a su madre, y Florentino Pérez no ha tenido ningún detalle con ella. El emir de Qatar, sí. El emir siempre lleva pulseras de oro y brillantes en el bolsillo para repartirlos entre madres entregadas. Desde que el emir se enteró del interés del Real Madrid por Mbappé, la madre ha recibido, al menos, media docena de pulseras. No se trata de un soborno, sino de humanos detalles de cariño.
Pero va a resultar complicado arreglar este chasco. No hay muchos futbolistas en el mundo comparables a Mbappé. El otro, Halland, ya se lo ha llevado otro Club-Estado, gracias a las buenas relaciones de Guardiola con la madre. Con la madre de no se sabe quién, pero con la madre, y con eso, basta y sobra. El Real Madrid tendrá en breve el mejor estadio del mundo. El continente hay que compaginarlo con el contenido.
Florentino está obligado a tratar mejor a las madres si desea enmendar su grave error. La conclusión para un madridista es fronteriza con la inhumanidad, la crueldad más absoluta. No vendrá Mbappé por culpa de su madre, y para cubrir su hueco, seguirán Isco y Mariano.
Que también tienen madres, respectivamente.
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