13 de agosto de 2022

Perro come perroAntonio R. Naranjo

¿Cumbre de la OTAN o certamen de Eurovisión?

El atlantismo no es ver desde la barrera una epidemia, una guerra y una crisis, sino evitarlas. Lo que hemos visto ha sido un obsceno despliegue de cinismo alimentado por un presidente inútil de vanidad infinita

Es difícil saber si lo que ha terminado en Madrid ha sido una cumbre de la OTAN, el certamen de Eurovisión o el concurso de Miss Universo, viendo el cúmulo de imágenes, lisonjas y frivolidades que han acompañado al encuentro, protagonizado por Ceniciento Sánchez: hasta anoche se paseó por la capital a bordo de una lujosa carroza, pero ya han sonado las campanadas y amanece como siempre subido en una calabaza.
De los dividendos para España de la histórica cita, que Napoleonchu (le tomo prestado a Pérez-Maura el apodo del ministro de Exteriores) ha comparado con la caída del Muro de Berlín tras pasarse tal vez con el vino en alguna de las atlánticas comilonas, da cuenta una evidencia: todo lo que se ha decidido aquí, en el caso de que se haya decidido algo, podía haberse decidido en cualquier otro lado.
Es decir, hemos aguantado el desfile de nietas de Biden, la bulimia de consortes zampones (¿qué pintaban aquí?) o los cierres masivos de autovías y aeropuertos para conocer una renovación del Tratado de la OTAN que podía haberse firmado en Oslo, Londres o Berlín de no ser por las ansias catetas de Sánchez de pagarse un spot que, por una vez, también le sirve un poco a España.
Pero no seamos muy frívolos con esto: puestos a difundir las excelencias españolas en el mundo, busquemos mejores pretextos que una guerra y una crisis, no sea que los mismos que sufren una inflación del 10,2 por ciento empiecen a preguntarse por qué tienen que pagarle un menú de kikos con guacamole a tanta parejita con acento raro.
La justificación de este encuentro para España estaba en lo que no ha llegado: Ceuta y Melilla siguen excluidas de la protección atlántica, por mucho que los exégetas del sanchismo quieran ver avances en las declaraciones genéricas sobre la frontera sur de la OTAN que, en realidad, refuerzan la posición de Rabat como gendarme de la zona.
Los aranceles americanos a los productos españoles siguen vigentes. La ascendencia de Marruecos sobre el Sáhara se refuerza con una mención a la importancia del Sahel que es un varapalo para Argelia. Y la condescendencia de Biden con Sánchez obedece, en exclusiva, a la cesión de más espacio en Rota y a la promesa de invertir un pastizal en armamento, que Pedrito está dispuesto a abonar para financiarse un destino parecido al de la Leire Pajín o Bibiana Aído de turno en ONUS y otros chiringuitos similares.
A 4.000 kilómetros de Madrid muere gente a diario masacrada por un déspota que, tras la cumbre histórica, va a estrechar aún más sus lazos con China, a quien se incita a entrar en el conflicto como se hiciera con Rusia, desde Estados Unidos, antes de salir pitando y dejarle la boñiga a Europa, que lo está pagando con el gas más caro y el euro más débil de su historia.
Se diría, pues, que hemos dado de comer a quienes solo han venido a ampliar su negocio, invirtiendo las normas no escritas de las relaciones comerciales: pagar el vendedor, nunca el cliente.

Lo que hemos visto, por mucho que nos duela decirlo, es a una coalición de vendedores de pistolas interesados en que haya lío para elevar las ventas

Pero Sánchez, que cree haber hecho historia, se conforma ya con muy poco: un par de fotos, tres portadas internacionales y la sensación íntima de que tal vez pueda tener otro trabajo fuera de España cuando deje a España destruida.
Que nadie se haya atrevido a criticar el obsceno despliegue de cinismo, propaganda, incompetencia y temeridad de la coalición de pijos que se ha puesto morada mientras la gente no tiene ya ni para comprar pollo, es desolador. Y que justifiquen su indolencia por lo bonito que ha lucido el Museo del Prado ante el mundo, repugnante.
¿Estamos diciendo que España necesita un drama bélico y mundial para conseguir que las parejitas y nietecitas de los líderes globales se interesen por nosotros mientras todos esos tragaldabas comercian con armas y cemento y la ciudadanía se empobrece como nunca o muere bajo las bombas infinitas del delegado chino en Moscú?
El atlantismo no es ver desde la barrera una epidemia, una guerra y una crisis, sino evitarlas. Y aquí lo que hemos visto, por mucho que nos duela decirlo, es a una coalición de vendedores de pistolas interesados en que haya mucho lío para elevar las ventas.
La cuota que nos toque comprar, por cierto, no funcionará en Marruecos: con el moro, se lo ha dejado clarinete la OTAN a Sánchez, a celebrar el Ramadán y a dejarse invadir, que ése sí que es un amigo de toda la vida. Pero muy guapa Begoña y tal, Pedrito.
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