28 de noviembre de 2022

GaleanaEdurne Uriarte

Los asesinos compasivos

Si hubieran aceptado nuestras reivindicaciones, no se habrían visto obligados a matar, secuestrar y perseguir, y toda esa gente no habría tenido que morir, es el relato actualizado de quienes siguen reivindicando el terrorismo etarra

El síndrome de Estocolmo sigue siendo fuerte, y el sectarismo ideológico de la izquierda, también. Sólo así se entiende la celebración de las palabras de Mertxe Aizpurua, portavoz de Bildu, en el debate sobre el estado de la Nación, «sentimos el dolor de las víctimas y creemos que nunca se debió producir», mientras que Bildu no solo se niega a condenar a los asesinos, sino que los apoya, los homenajea y los celebra como héroes de su causa. Si hubieran aceptado nuestras reivindicaciones, no se habrían visto obligados a matar, secuestrar y perseguir, y toda esa gente no habría tenido que morir, es el relato actualizado de quienes siguen reivindicando el terrorismo etarra.
Ha habido un cambio, sí, en los herederos de ETA. Ahora, han introducido la compasión, mientras que antes hacían públicas celebraciones tras cada asesinato. Y eso tiene que ver con una evolución social en el País Vasco que les dio crecientemente la espalda y que aceleró el fin de ETA, y también con la expansión del voto de Bildu hacia sectores nacionalistas contrarios a la violencia y que podrían apostar por Bildu en lugar de por el PNV. Y lo positivo de esa evolución es que hace muy difícil un resurgimiento del terrorismo independentista, porque ni el nacionalismo extremista concibe ahora una vuelta a lo que llama «lucha armada».
Pero su reivindicación de los crímenes pasados se mantiene: no debieron morir, sentimos dolor por ello, pero no nos dejaron otro camino que matarlos, porque fue una guerra, y en esa guerra nosotros estábamos en el bando de ETA. Ese es el relato de Bildu tan aplaudido estos días por algunos sectores de la izquierda. Comenzando por el propio Pedro Sánchez que, por supuesto, nada reprochó a Bildu. A quien cuestionó fue a la oposición, a la que en tono chulesco y despectivo espetó tras la intervención de Aizpurua: «Señores de la derecha, les voy a dar una mala noticia, ETA no existe». Y lo dice el presidente que habla de franquismo todos los días, y que es capaz de decirles a los judíos que les va a dar «una mala noticia»: Hitler no existe, la dictadura nazi no existe.
Pero, en realidad, a Pedro Sánchez jamás se le ocurriría decir eso a las víctimas del nazismo, y no solo porque todavía hay quienes justifican el nazismo, sino porque Sánchez tiene una memoria selectiva en lo que a totalitarismos y terrorismos se refiere. Exige la condena de unos, pero no de otros. Por eso los socialistas aplaudieron con entusiasmo al comunista Enrique Santiago, cuando éste exigió a la derecha la condena del franquismo, pero no exigieron ni a Santiago ni a ellos mismos la condena del comunismo. Ni a Bildu la condena de ETA.
Esta es la brecha hoy entre la izquierda y la derecha en España, la de una derecha que condena todos los totalitarismos, los comunistas y los fascistas, y todos los terrorismos, y una izquierda que aplaude a los comunistas y encuentra excusas para pactar con quienes siguen defendiendo la historia criminal de ETA. Esa es la esencia de la Ley de Memoria Democrática que acaban de aprobar.

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