07 de diciembre de 2022

El astrolabioBieito Rubido

Lo peligroso de Sánchez es su debilidad

Como teme perder el privilegio del que goza, arrasa con todos los cimientos de la democracia

Gregorio Luri, una de las cabezas más lúcidas del pensamiento español en la actualidad, ha recogido en Twitter, esa red social que, tras ser un lodazal de cobardes dedicados al insulto, comienza a ser abandonada por algunos, una frase genial y de actualidad rabiosa del filósofo del siglo XIX, John Stuart Mill. La cita reza así: «Señor, ilumina a nuestros enemigos. Agudiza su ingenio, concede agudeza a sus percepciones y coherencia y claridad a sus facultades racionales: Estamos en peligro por su locura, no por su sabiduría; es su debilidad lo que nos da miedo, no su fuerza».
Como ocurre tantas veces, la lectura del pasado nos trae claridad al presente. Aristóteles o Stuart Mill pensaron mucho mejor que nosotros, aunque no tuviesen un teléfono móvil en la mano… o tal vez por eso. Lo que nos viene a decir el gran pensador británico cuando afirma que «es su debilidad la que nos da miedo» es la síntesis que explica ahora el desvarío que vivimos en España. Sufrimos al presidente del Gobierno que menos escaños ha conseguido del favor de los ciudadanos: apenas 120. Para mantenerse necesita el apoyo de comunistas, golpistas y de los hermanos de los terroristas. Para demostrar que no es débil, sobreactúa. Como teme perder el privilegio del que goza, arrasa con todos los cimientos de la democracia. Los contrapesos oficiales –Constitucional y Tribunales de Justicia– y los fácticos –TVE, CIS o INE–. Lo verdaderamente peligroso de Sánchez es su endeblez moral, su capacidad para mentir, para decir una cosa y hacer la contraria. Olvídense de su resistencia, ojalá tuviese integridad moral. Es la falta de moral lo que perfila su inquietante personalidad. Solo así se explica que haya seguido en el puesto cuando descubrimos el plagio de su tesis.
Señor, como yo también tengo fe en ti, como Stuart Mill, haz que nos gobiernen hombres íntegros, honrados, comprometidos, fuertes. No importa en qué partido militen si su norte es el bien común y el respeto a las leyes. No permitas que los débiles logren que sus ambiciones contaminen la vida en convivencia y en paz del pueblo español.
Nota final: pero ya saben, voten bien, porque como decía don Ramón, el párroco de mi pueblo, «yo voy a rezar, pero tú, por si acaso, estudia».
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