05 de febrero de 2023

HorizonteRamón Pérez-Maura

Sánchez, presidente de la internacional de la quincalla

En Europa además del PSOE apenas permanecen en la Internacional Socialista los socialistas portugueses, en el Gobierno, los griegos, desaparecidos electoralmente y los franceses que apenas lograron un uno por ciento de los votos en las últimas presidenciales. Con toda la parafernalia que quieran, Sánchez pasó a presidir ayer un desecho de tienta

Todos sabemos que el objetivo de Pedro Sánchez, si no repite en la Moncloa tras las próximas elecciones, es un cargo europeo. Pero una derrota electoral acompañada de la debilidad de los partidos de izquierda en Europa le ha hecho buscar otra vía para intentar llegar a la elección de presidente de la Comisión Europea con un respaldo aparente. Por eso ha presentado su candidatura a algo que no quería nadie: la Presidencia de la Internacional Socialista (IS). El presidente de la IS desde 2006 era el griego Yorgos Papandreu, que se ha mantenido en el cargo dieciséis años, más que nada porque no encontraba a quien endilgar el muerto.
La IS la fundaron en 1951 dieciocho partidos socialdemócratas europeos acompañados de unos pocos representado a India, Japón, Uruguay, Canadá y Estados Unidos, formaciones la mayoría de ellas de un éxito electoral perfectamente descriptible. Entre los dieciocho europeos había seis que esteban en el exilio en su país porque padecían una dictadura que los tenía perseguidos: eran los socialistas de la Europa del Este a los que los comunistas con los que hoy gobierna Sánchez querían encarcelar. Y, de España, siempre a la vanguardia, a falta de un PSOE hubo ¡hubo dos! El PSOE histórico de Rodolfo Llopis, en el exilio, y el PSOE del interior, que a diferencia de los socialistas de los países bajo régimen comunista, sobrevivía en España y con el tiempo sería comandado por Felipe González.
Probablemente la IS tuvo su presidente más relevante en Willy Brandt que lo fue entre 1976 y 1992 tras haber sido canciller alemán entre 1969 y 1974. A Brandt, en esto como en tantas otras cosas, le importaban mucho más los números que las formas. Y se dedicó a engordar la IS con dictadores de medio mundo, especialmente árabes y africanos como Mubarak o Ben Ali. Aquello era cualquier cosa menos una federación de partidos socialdemócratas y cuando Sigmar Gabriel se convirtió en secretario general del SPD alemán, el partido del ya fallecido Brandt, se negó a que su formación siguiese aportando la enorme cuota anual que contribuía si aquello continuaba siendo una merienda de dictadorzuelos. El éxito de Gabriel fue tal que no le hicieron ni caso y él fundó otra internacional socialdemócrata, la Alianza Progresista, a la que también pertenece el PSOE, que tiene su sede en Berlín, y que es gobernada por un órgano colegiado, la Conferencia de la Alianza Progresista.
Pero lo más relevante de todo es la consecuencia que tuvo esto sobre la IS. Es decir, quiénes son esas fuerzas progresistas a las que ahora preside Sánchez. Por supuesto el primero que se dio de baja fue el SPD alemán. Pero en Europa no es el único. Ya no son miembros de la IS los partidos socialistas de Austria, Dinamarca, Holanda, Noruega, Suecia o Suiza. Tampoco otros miembros de enorme relevancia histórica como los laboristas británicos, que todo apunta a que pueden volver al poder en las próximas elecciones o los laboristas israelíes que dieron un portazo a la organización cuando ésta decidió en 2018 apoyar un boicot a Israel. En la IS sólo queda la quincalla y los dictadores tercermundistas. En Europa además del PSOE apenas permanecen los socialistas portugueses, en el Gobierno, los griegos, desaparecidos electoralmente y los franceses que apenas lograron un uno por ciento de los votos en las últimas presidenciales. Con toda la parafernalia que quieran, Sánchez pasó a presidir ayer un desecho de tienta.
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