Aspirina prohibida
Así como en las Vascongadas han aceptado seguir comercializando la aspirina con la denominación oficial del milagroso fármaco –Ashpirinak–, los de «Junts», Junqueras y demás separatistas catalanes, están tratando de prohibir la venta de la aspirina en las farmacias de Cataluña
La aspirina nos ha ayudado a vivir. Todos los dolores leves, pero no menos molestos que los agudos, se mitigaban con la aspirina. Los laboratorios «Bayer» levantaron una ciudad, Leverkusen, en torno a su empresa. Los leverkuneses –si se dice así–, han trabajado casi todos en la «Bayer», y hace años recibieron el premio a la ciudad más trabajadora de Alemania. Como Comillas en España, pero al revés. El problema ha surgido ahora, en España quiero decir, con el pacto de entrega total de la soberanía de Cataluña a los separatistas de aquella preciosa y pujante región española. Así como en las Vascongadas han aceptado seguir comercializando la aspirina con la denominación oficial del milagroso fármaco –Ashpirinak–, los de «Junts», Junqueras y demás separatistas catalanes, están tratando de prohibir la venta de la aspirina en las farmacias de Cataluña. Según una prima de Puigdemont, que su nombre no suena a catalán. De ahí que Sánchez se haya reunido con Puigdemont en La Moncloa y en secreto para encontrar solución a este evidente agravio a Cataluña. –«Los catalanes tenemos derecho a aliviarnos los dolores de cabeza con fármacos que encajen en nuestra lengua, y no en español». Bueno, ellos dicen «castellano», para evitar la supremacía del español, que es un idioma absurdo que hablan 600.000.000 de personas en el mundo, mientras que el catalán, que es el idioma más desarrollado del orbe, lo practican –y no siempre–, algo más de 5.000.000 de entusiastas catalanohablantes, lo que tiene su mérito. El guaraní, que no va a ser reconocido como idioma oficial en ningún foro internacional, lo practican más de 20.000.000 del centro y el sur de América, y cuando les duele un dedo del pie, lo alivian con aspirina.
Parece ser –y todos estamos de enhorabuena–, que las conversaciones siguen su curso y que los acuerdos están a un paso de ser aprobados. El doctor madrileño Francisco de Borja Cabeza, ha sido el artífice del futuro acuerdo. Del mismo modo que «ocho» en catalán muta de sexo y se dice «ocha», con la aspirina sucede lo mismo. Y en la última reunión al más alto nivel entre el Gobierno de España y el Gobierno Soberano de la República de Cataluña, se ha llegado a un acuerdo fundamental. No se puede impedir que la aspirina siga denominándose como siempre, pero sí favorecer que los catalanes necesitados de su uso, elijan un fármaco más adecuado y adaptado al espíritu catalán y su idioma universal pueda ser considerado oficial en la Unión Europea. Gracias al acuerdo, los farmacéuticos catalanes –y alguno de Andorra–, recomendarán a partir de ahora a los pacientes catalanes que sustituyan la aspirina por el omeprazol, que suena a muy catalán, si los laboratorios del extraordinario fármaco acceden a añadir una «l» más al medicamento en cuestión. Omeprazoll, que se pronunciará «Umaprasoll», como es natural y obvio.
Que el niño de la torre humana resbala y se daña la cadera, Umaprasoll. Que el delantero del Barcelona, al hacer un escorzo, cae sobre el césped dolorido, Umaprasoll. Todo menos volver a las antiguas normas de la dictadura franquista obligando a los dañados a pedir aspirina.
No se ha firmado aún el pacto internacional, pero según los interlocutores de un lado y del otro, gracias a la buena voluntad de ambas partes, el acuerdo está a huevo y a punto de eclosionar.
Y todo gracias a la generosidad de Puigdemont, de Sánchez, de Junqueras, de Illa, de Llach, de la Bayer, y de Umaprasoll. No ha sido sencillo.