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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

La izquierda que intenta tunear el catolicismo

Ignoran por completo partes fundamentales de la prédica del Papa Francisco y colocan un velo de amnesia sobre el legado de los anteriores pontífices

Act. 27 abr. 2025 - 12:12

Cierta izquierda mediática y política, que usualmente se distingue por su colmillo anticatólico, se ha sumado con notable entusiasmo al homenaje al valioso Papa Francisco, que ha sido merecido y general. Y está muy bien que se agreguen al aplauso al pontífice, pues lo habitual en esas voces es buscar las flaquezas de la Iglesia y desacreditarla con críticas e invectivas variadas.

Sin embargo, la aproximación ocasional al catolicismo desde los ámbitos mal llamados «progresistas» está resultando doblemente incompleta. En primer lugar, cubren con un manto de amnesia lo que han hecho los pontífices previos a Francisco. En segundo lugar, efectúan una lectura muy sesgada del legado del propio Papa que acaba de morir. Han borrado de un plumazo todas aquellas enseñanzas de Francisco que se dan de bruces con la ingeniería social contra la vida y la dignidad humana que preconiza la izquierda.

Un ejemplo de esta manera de obrar se percibe en el artículo que ha escrito la vicepresidenta Montero en el periódico sanchista, ahora de propietario antisanchista. Marisu, que se declara cristiana, celebra una y otra vez en su texto la lucha —cierta— del Papa a favor de los inmigrantes («migrantes» en la jerga socialista) y su defensa y ayuda a los pobres. Pero nuestra Marisu omite por completo que el Papa criticó hasta su último aliento el aborto y la eutanasia, banderas estelares de un Gobierno del que ella forma parte destacada. Una y otra vez, el Papa denunciaba la subcultura del «descarte», y entre las víctimas de esa ideología despiadada recogía al nasciturus, a los enfermos incurables, a los ancianos. Francisco defendía la dignidad de la persona humana en todo momento y condición. Y eso, Marisu, es exactamente lo contrario de lo que propugna el rodillo de ingeniería social deshumanizada que habéis aprobado vosotros.

La otra mixtificación de la izquierda es la idea de que solo con Francisco se ha interesado la Iglesia por los pobres, los presos, los emigrantes. Francisco es el Papa que almorzó con los mendigos, el que visitó a los presos, el que defendió los derechos de los inmigrantes… Es cierto, sí. Pero también lo es que ya lo habían hecho sus inmediatos predecesores. Amén de la caridad de los primeros cristianos de las catacumbas, la del santo de Asís y tantos otros, la de los misioneros que se han pateado el mundo secularmente, o la de los millones y millones de católicos que cumplen y han cumplido con su deber de socorrer al prójimo.

«¿Está en riesgo el legado del catolicismo compasivo de Francisco?», se preguntaba ayer preocupado el diario socialista británico The Guardian. Cabría responderles a la gallega, con otra pregunta: ¿Y cuándo no ha sido compasivo el catolicismo, la fe que enlaza directamente con la prédica de Jesús?

¿Saben cuántas veces visitó Juan Pablo II una cárcel? Pues 17, y en presidios de medio mundo. También Benedicto se acordó de los reclusos: «Os llevo en el corazón», les dijo en su visita a la prisión de Rebibbia, en Roma.

Por supuesto, los pobres siempre han estado en el corazón de los papas, como no puede ser de otra manera al ser los cabezas de la Iglesia de Jesucristo. «La Iglesia ama a los pobres», repetía Benedicto XVI, que también almorzó con los mendigos y les recordó que «la Iglesia reconoce en cada uno de vosotros el rostro de Cristo». Juan Pablo II dedicó las más solemnes palabras al «amor preferencial por los pobres», o visitó algunos de los barrios más postrados de Hispanoamérica (además ayudó a acabar con el comunismo, lo cual supone una de las mejores recetas para dejar atrás la miseria).

En 1996, Juan Pablo II presidió la Jornada Mundial del Emigrante, donde demandó ayudar y acoger a los recién llegados y condenó la xenofobia y el racismo en términos enérgicos. Benedicto XVI, que no agrada a una izquierda que caricaturiza a como un rancio teólogo a tan extraordinario y bienintencionado erudito, nos advirtió en 2012 que los inmigrantes «no son números» y llamó a «respetar su dignidad y derechos».

En resumen, la izquierda, y muy marcadamente la española, se ha puesto a tunear el catolicismo a la medida de sus fijaciones ideológicas y aboga por la reforma de una institución cuyo credo en realidad no comparte. El reformismo que recetan desde la barrera consiste en que el catolicismo deje de ser lo que es y se sume a las comodidades del hedonismo materialista y a una modernidad coyuntural que lo despojaría de muchas de sus esencias.

Los ministros de Sánchez han protagonizado las más compungidas comparecencias tras la pérdida de Francisco, lo cual se agradece. Pero ayer pasaron tres de ellos y la embajadora Celaá ante su féretro acompañando a los Reyes y significativamente allí el único que se persignó fue... Felipe VI. ¿Por qué será?

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