El juego del calamar
Óscar López es un difunto político, al que Ayuso ningunea porque no polemiza jamás con él. Lo hace con su jefe, convirtiendo a Óscar en insignificante, porque Sánchez padece una patológica obsesión por Madrid y la líder popular
Isabel Díaz Ayuso es la rival a batir en ese juego del calamar en el que participan con resultados luctuosos los candidatos socialistas en Madrid. El próximo, que está muerto políticamente y él no lo sabe –o sí–, es Óscar López. El ministro de Transformación Digital y Función Pública es un difunto político, al que la presidenta madrileña ningunea porque no polemiza jamás con él. Lo hace con su jefe, convirtiendo a Óscar en insignificante, porque Sánchez padece una patológica obsesión por Madrid y la líder popular, y siempre entra a todos los trapos. Tanto es así que, probablemente, el fiscal general del Estado no estaría procesado, y a punto de sentarse en el banquillo en esta vuelta al cole que arranca hoy, si no hubiera querido «ganar el relato» a Ayuso, la bestia negra de su jefe. En el pecado lleva hoy García Ortiz la penitencia.
Sánchez ha puesto a medio Gobierno, con el concurso de Salvador Illa, a acusar a la comunidad capital de España de hacer dumping fiscal al resto de regiones, esto es, de bajar impuestos, de manera que él llama fraudulenta, para luego pedirle dinero al Estado. Es un modo de justificar el cupo catalán que pergeña María Jesús Montero y que le costará explicar en Andalucía, donde también es otra candidata-cadáver. El mausoleo sanchista se va a convertir en un edificio de aparcamientos que siguen creciendo a dos años de las autonómicas y municipales. De ahí, la sobreactuación con la dana contra Mazón y por eso también las arremetidas contra Mañueco. Ambos han dejado mucho que desear en su gestión, pero es claro que son objeto de una campaña de la izquierda para ganar en los telediarios lo que no consiguen en las urnas.
Resulta que Hacienda ha hecho inspecciones para denunciar los traslados simulados de sedes fiscales entre regiones para tributar menos dinero y solo ha hallado once casos. El relato falaz del Gobierno y sus socios contra Madrid se ha caído como un castillo de naipes y ha puesto al descubierto que es solo una nueva estrategia para matar dos pájaros de un tiro: enterrar a Ayuso, mientras se aprueba un cuponazo para Cataluña al estilo navarro y vasco, a costa del dinero del resto de españoles. Illa se ha agarrado a ese discurso para hacernos regresar a la Cataluña frustrada y victimista. No en vano el molt honorable socialista es más nacionalista que Junqueras, y se ve forzado a comprar apoyos entre los separatistas por su debilidad electoral. Por no hablar de la de Sánchez.
No hay mayor solidaridad que la de Madrid, sin cuya aportación al resto de España haría inviable nuestro proyecto común; copa más del 70 % del monto total de la caja común, muy por delante de Cataluña y Baleares, las otras regiones contributivas. La solidaridad entre territorios nada tiene que ver con lo que haga cada Autonomía con sus impuestos, en legítimo uso de sus competencias, como ha defendido el director ejecutivo de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), Ángel de la Fuente. Si dependiéramos de los paraísos fiscales de Illa, Pradales y Chivite estaríamos aviados. El primero está a punto de conseguirlo a base de criminalizar a Madrid, a la que reprocha que vive en una arcadia feliz gracias a su condición de capital y no a la buena gestión de su dinero público, empleado en crear riqueza y no en abrir embajadas y engañar con sueños absurdos a la parroquia.
Lo curioso es que ninguno de los barones y aspirantes socialistas dicen ni mu sobre cómo el cupo del lendakari ha enriquecido a las clases altas vascas, cada vez más privilegiadas gracias al injusto sistema. Illa, Morant, Óscar López, Pilar Alegría, Barbón y demás sanchistas no están nada preocupados por esos regímenes casi feudales y sí por Madrid. Quizá porque esta comunidad adelantó en 2017 a Cataluña en generación de riqueza y jamás se ha revertido esta situación. «Madrid se va» escribió en un célebre artículo en 2001 en El País el exalcalde de Barcelona, Pasqual Maragall. Y no ha vuelto.
Mientras tanto, a seguir jugando al juego del calamar. Ayuso siempre les gana. Pero no aprenden.