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Cosas que pasanAlfonso Ussía

Milagro en la fronda

Pero un biscúter en la carretera de Cabezón de Liébana sí se considera una curiosidad milagrosa. Y más aún si toca el pito y te adelanta. Y más aún, si intentas corregir la humillación y no puedes dejarlo atrás

Me ha recogido mi amigo Ricardo Escalante para darme una vuelta por la zona. Hace calor. Ni una hoja desprendida y dorada. Superado Lebeña, con su iglesia del siglo X, Santo Toribio abandonado a la izquierda, rumbo a Cosgaya, donde está 'El Oso', donde se sirve el mejor cocido lebaniego de España, al mando de Ana, sus hermanas y un servicio excepcional.

En Liébana todo es posible. Subir a los castaños de Pendes y bajar con diez kilos de quesos. Avistar al lobo, al oso, el venado, el rebeco, el jabalí y el corzo. Desnudos los árboles de sus últimos guindos silvestres. Pasear abrazado a la sombra de Manolo Escalante, que no es un milagro, sino una costumbre. Pero milagros como el de ayer, ninguno. ¿Se figuran, de retorno por la Venta Pepín –ya cerrada–, y se topan con un Tiranosaurios Rex? En Liébana esa vulgaridad apenas provoca comentarios. Los viñedos de Cayín, el pasado octubre, apareció colonizado por dos parejas de frailecillos –dos puffings– y nadie le concedió ni trascendencia ni importancia. Se trata de un ave costera, símbolo de Islandia con más colores en el pico que el arcoíris.

Pero un biscúter en la carretera de Cabezón de Liébana sí se considera una curiosidad milagrosa. Y más aún si toca el pito y te adelanta. Y más aún si intentas corregir la humillación y no puedes dejarlo atrás. Se trataba de un biscúter descapotable color carmesí conducido por una rubia que había desembarcado aquella mañana del ferri de Southampton. Decenas de miles de lebaniegos se sumaron a la marcha, entre ellos el dentista ruso de Potes, Vladimir Pindrovo, y el aspirante a sustituir en el mundo del cine a Robert Redford, que fue reconocido en el alcor de la braña por un tejo milenario, amigo de la niñez. Se le nota porque su amigo Fito le lleva a caballito. Arre, arre y así van.

En Madrid no es raro ver, de cuando en cuando, biscúter e Isetas con chofer. Los ricos han copado el mercado para disimular. Y algunos políticos. A Cerdán lo detuvieron porque no cabía su cuerpo, y a Ábalos porque la que no cabía era ella, unas de las muchas.

¡Pero en Liébana! Para mí que por esta vez se ha pasado Santo Toribio, donde se venera el trozo de madera más grande del mundo de la Cruz de Cristo, y es lugar de poca visita de la morería, incluyendo en el cupo al tornasolado del Sepu, al Bobo y Pequeño y a las saunas de Sabiniano donde no habrían permitido el paso a ninguno de los marranos boicoteadores de la Vuelta a España financiados por los traidores que nos gobiernan.

La que puede montar un biscúter en Liébana.

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