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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

YO, tertuliano mayor del viejo reino

Se esperan ya con expectación sus observaciones sobre la igualdad de género en el mejillón en batea o sobre si la tortilla tiene que cocinarse con cebolla o sin ella

Act. 22 oct. 2025 - 01:16

Pocos atributos de carácter sientan mejor a las personas que la modestia. Y pocas cosas resultan más ridículas que la fatuidad.

A lo largo de los años he asistido muchas veces a comidas, charlas privadas o cafés con grandes pavos reales. Políticos ramplones que hacían gala de un ego hiperinflado y hablaban de sí mismos en tercera persona. Novelistas de medio pelo que se creían la reencarnación de Tolstoi (o bastante mejores). Filósofos encantados de haberse conocido, cuando no habían hecho más que tunear un poco algunas obviedades. Tuercebotas del balón que se creían Maradona… Más de una vez vi también una escena que se repetía. En cuanto el gran narcisista se iba de la sala, los contertulios que se quedaban en ella comenzaban a hacer chanzas sobre el recital de egolatría al que acababan de asistir.

Todos tenemos propensión a creernos muchísimo mejores de lo que en verdad somos. Contener esa soberbia debe ser una tarea constante, aunque tampoco hay que excederse. Oscar Wilde advertía que pasarse de humilde puede convertirse fácilmente en una forma de vanidad. Una idea que Bieito Rubido expresa con gracia cuando cuenta la anécdota de un paisano que proclamaba: «¡A mí a humilde no me gana nadie!».

La principal característica de todo ególatra narcisista es su inabarcable YO. Ayer asistimos a un buen ejemplo. En España hay muchos nubarrones políticos que el presidente nos debería explicar: sus chistorras y lechugas, su pandi familiar, su enajenada diplomacia -que nos ha granjeado la ira del primer país del mundo-, su envainada con las cuotas de autónomos ayer mismo, la ausencia de presupuestos… Pero no. Se levantó ocurrente, chisposo, y subió a X un vídeo anunciando que hay que acabar con el cambio de hora (aunque lo hizo de forma tan chapucera que ni siquiera concretó cuál es la que debe quedarse). Lo enunció así: «Esta semana se vuelve a cambiar la hora y francamente YO ya no le veo sentido».

Ese YO lo delata. Al parecer las cosas se deben decidir al arbitrio de su enorme ombligo, y así lo proclama sin ambages. Cuentan que Trujillo, el cruel dictador dominicano, decidía hasta el nombre de la cerveza (de hecho la más notoria de allí se llama Presidente). Aquí vamos ya por esa senda...

Carente del principal atributo de todo gobernante, que es cerrar y aplicar las cuentas públicas, el presidente del Gobierno se ha convertido en un tertuliano, que lo mismo arenga sobre el aborto y el clima que se lanza a opinar sobre los husos horarios.

Si esta va a ser su nueva línea de gobierno, como colaboradores siempre leales con el régimen, no podemos dejar de ofrecer al Líder Supremo una propuesta de posibles temas para los próximos tuits con vídeos a la nación:

-Sánchez explicando a «la gente» el problema de género en los mejillones de las bateas de Arosa.

-Sánchez aclara a la nación de naciones plural y diversa si definitivamente la tortilla de patata debe llevar cebolla o no y si conviene evitar el tinto con el marisco.

-Sánchez explica cómo eliminar las manchas de boli de las camisas de una manera perfectamente progresista y ecológicamente eficiente.

-Sánchez anuncia en un gran acto junto a Urtasún que a partir de ahora todos los niños verán en horario lectivo los mejores momentos de los programas de Intaxurrondo, Fortes, Javier Ruiz y Cintora. Además, serán doblados al catalán y al vascuente para que puedan ser seguidos con pinganillo por los alumnos de los dos semi estados asociados a la nación de naciones.

Estamos ya sumidos en los minutos basura de la legislatura, con un pato cojo que nos está haciendo perder a todos el tiempo debido a su aguda patología narcisista.

Por favor, déjenos votar de una vez y pasar página de esta oprobiosa y ahora ya ridícula etapa.

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