Solo se salva el Rey
Si ha de salvarse alguno de la cúpula institucional el único en merecerlo es el Rey. Y la reina también. Solo ellos dieron prueba de estar a la altura de lo que su posición y deberes les obligan a estar. Solo don Felipe y doña Letizia, con su comportamiento mantuvieron la dignidad y con ello la del Estado
Ni uno más. El terrible tormentón que se llevó por delante centenares de vidas humanas y causó daños atroces, sepultó también en el cieno a unos responsables políticos que de lo único que dieron muestras fue de incapacidad, desidia y vileza. Su reacción ante la catástrofe y su respuesta posterior y hasta el mismo día de hoy, no han podido ser peores. Todos y cada uno han quedado desnudados en lo más feo y oscuro de su condición.
Mazón en su ineptitud e inconsciencia añadidas al torpe, y cada vez más condenatorio, intento de ocultarlas no ha hecho sino abocar su situación a la única salida que le queda, y que ya no le va a quedar más remedio que tomar o que se la hagan tomar: buscar la fecha de su dimisión pues ha quedado inhabilitado del todo para poder seguir donde está.
Sánchez, más astuto y ya conocedor de la hecatombe, ha quedado retratado en su miserable cálculo de sacar ventaja de la tragedia y no prestar el socorro inmediato a la población como estaba en su mano hacer y no quiso hacer. Dejar a las gentes en el más horroroso abandono fue una verdadera canallada y la huida miserable de su responsabilidad como gobernante de toda la nación, un estigma que debería perseguirlo para siempre. A su cobardía, demostrada palpablemente en Paiporta y en la inasistencia al funeral por las víctimas, se une la cicatería mendaz en las ayudas y la sucia y ventajista jugada de montar lo de ayer y aparecer, blindado eso sí, como el salvador que no solo no fue sino que impidió al Ejercito poder ejercer de inmediato tal papel. Todo ello muestra su verdadera calaña para todo aquel que quiera mirar y el sectarismo no le impida ver.
Si ha de salvarse alguno de la cúpula institucional el único en merecerlo es el Rey. Y la reina también. Solo ellos dieron prueba de estar a la altura de lo que su posición y deberes les obligan a estar. Solo don Felipe y doña Letizia, con su comportamiento mantuvieron la dignidad y con ello la del Estado. Los demás, no.
Porque uno a uno, organismo a organismo, responsable a responsable, han quedado todos encenagados. Desde el anterior presidente, Ximo Puig, que impidió las obras necesarias en el barranco del Poyo supuestamente, menudo sarcasmo, para salvar la huerta; la Aemet, cuyo clamoroso fallo, de rebajar el nivel de alerta y dar la tormenta por pasada y marchándose hacia Cuenca, fue el principio y causa de los demás; la Confederación Hidrográfica del Júcar, inútiles en su misión de vigilancia y nada diligentes en avisar de la brutal subida y de los males que podía ocasionar el citado barranco, obcecados en entender como peligro exclusivo a la presa de Forata, sin prestar la atención debida a nada más; los políticos de todo signo y condición, que entonces y hoy, solo miraron a lo que a ellos les pudiera perjudicar o qué posible tajada iban a poder sacar, y hasta la propia juez que ha asumido la instrucción del caso que parece tuerta a la hora de solo ver tachas por un lado y exculpar a toda prisa lo que también aflora por el otro costado. Todos han quedado encenagados
Vamos, que no se salva ni Dios en este pestilente barrizal. Con una excepción, las gentes de a pie que caminando así, por su pie y atendiendo a su corazón, marcharon en cuanto pudieron a intentar ayudar. Eso fue lo único bueno y esperanzador.
Quiero hacer, por todo ello, mías, como lo hice entonces cuando las pronunció en un acto en el Senado y justo a mi lado, las palabras de Santiago Posteguillo, testigo presencial en Paiporta de la hecatombe en la que estuvo en un tris de perecer, denunciando el desamparo y el abandono, que quienes deberían haber prestado de inmediato, demoraron, prestar. No hay excusa que valga y aunque haya habido quien me las ha querido descalificar, estaban ungidas por la emoción y la verdad. Les doy, como les ha dado España, y he confirmado, el crédito que otros han perdido, unos por escabullirse y faltar a su deber, y otros por mentir.