El orangután de Óscar Puente
Las alusiones al físico de Feijóo y el ministro en redes sociales dan vergüenza ajena y nos recuerdan que nunca antes nos gobernó gente peor. El nivel es subterráneo
Casi al mismo tiempo que comenzaba la comparecencia de Pedro Sánchez en el Senado, el expresidente del Gobierno José María Aznar concedía una entrevista en la cadena COPE. La casualidad (y la promoción de un libro) han permitido que podamos comparar en tiempo real a un político veterano con la generación de inmediatamente posterior.
La diferencia, me van a perdonar, resulta abrumadora. Yo nunca voté a José María Aznar, no tenía edad para ello, pero recuerdo perfectamente la España del cambio de siglo. No me lo tienen que contar: en el año 2000 el IVA estaba al 16 %, un español necesitaba cuatro años de sueldo bruto para comprarse una casa (frente a los siete y pico actuales, casi el doble) y no teníamos ni tasa Google, ni tasa Tobin, ni el Congreso se fundía cuatro millones de euros cada año en traducirnos entre españoles. La población extranjera, por abrir el otro gran debate de nuestra generación, era inferior al 4 %... y las pensiones no estaban todavía en cuestión. En el año 2001, y con esto ya termino, se construyeron cerca de 60.000 viviendas protegidas. En el año 2023, siendo un 18 % más de personas aquí viviendo, no se llegó a las 15.000 (la cuarta parte que entonces). Un delirio.
Viene esta digresión a cuento del cruce de mensajes que han tenido Óscar Puente y el Partido Popular tras la comisión de investigación del caso PSOE. En primer lugar, el ministro de Transportes, agitador digital del Gobierno, ha elogiado las gafas que utilizó Sánchez ayer comparándolas con los presuntos «retoques» estéticos de Feijóo.
Poco después, el PP ha respondido colocando juntas la fotografía de un orangután y la de Óscar Puente, añadiendo el siguiente mensaje en su cuenta de X: «Puesto que Óscar Puente se pone a hablar de la apariencia de las personas, vamos a seguirle el rollo. En la foto, un ser poco evolucionado y carente de educación y cortesía. Molesto y con tendencia a hacer ruidos grotescos. Junto a él, un primate. Ambas criaturas tienen en común que ninguna de ellas debería ser ministro del Reino de España».
A mí me van a perdonar, pero esto da vergüenza ajena, y sobre todo nos recuerda que nunca antes nos gobernó gente peor. No me imagino a ninguno de mis mayores, llámese Aznar, González o Rubalcaba, cayendo en semejantes bajezas. Por mucho anuncio del dóberman que se hiciera, no es ni comparable. Habrá tertulianos o periodistas parlamentarios que dirán que esto que escribo es antipolítica, populismo de teclado. Pero es que el nivel actual es subterráneo.
Soy de la creencia de que hay cosas que no hay que decir ni aunque se piensen. Algunos lo llaman hipocresía. Yo lo llamo educación. Uno de los males de nuestro tiempo, dijo una vez Joaquín Sabina, es el exceso de autoestima: que hay gente que se mueve por la vida pensando «yo soy así y no me callo nada». Uno podrá defender los parecidos razonables que quiera, pero yo a Óscar Puente le echo en cara que en el año 2023 (no hace falta irse al 2000) si el tren llegaba 15 minutos tarde te devolvían la mitad del billete. Hoy, si eso, te devuelven un insulto en Twitter. Y gracias.