¿Por qué Aldama sigue en libertad?
Mientras uno ha ido entregando pruebas, de Koldo cabe recordar que cuando llegó la pericial caligráfica dijo que tenía mal el brazo. Es decir, que en lugar de colaborar con la Justicia (o fingirlo) recurrió a una excusa de mal estudiante
Andan las viudas de Santos Cerdán, que son prácticamente las mismas que las de Pedro Sánchez, diciendo que cómo es posible que Víctor de Aldama siga todavía en libertad. Que cómo es posible que el secretario de Organización del PSOE duerma cada noche en Soto del Real mientras el «nexo corruptor» del caso Ábalos tiene tiempo de ir a Telemadrid e incluso ponerse pelo. Lo dice también Koldo, que se presentó hace ocho días ante el Supremo con una bolsa de deporte por si lo mandaban para Villa Candado (cómo lo vería). El bracero mayor de la cofradía del Peugeot dice que tener carné del PSOE te penaliza y que por eso su ‘jefe’, al que acusaba en los audios de deberle una pasta, está en la cárcel.
No hay que ser un jurista de reconocido prestigio para intuir por qué Víctor de Aldama sigue libre y por qué Ábalos y Koldo se presentan ante el juez con más miedo que la madre de un torero. Basta con tener memoria.
Mientras uno prometió pruebas –y las ha ido entregando paulatinamente– de Koldo cabe recordar que cuando llegó la pericial caligráfica dijo que arrastraba numerosas lesiones en el brazo derecho que podían alterar su letra. Es decir, que en lugar de colaborar con la Justicia (o fingirlo) prefirió usar una excusa de mal estudiante, solo a la altura del «mi perro se ha comido los deberes». Al final no sirvió de mucho, pues la prueba estableció que «la letra que consta estampada en los documentos» aportados por De Aldama «ha sido realizada por la misma persona»: Koldo.
De Ábalos, qué decir. Tras cambiar de abogado y amagar con renunciar al escaño y al aforamiento para escapar así de la jurisdicción del Supremo, lo raro es que no lo hayan puesto bajo llave. El tiempo dirá quién sale peor parado de todo esto. A lo mejor nos vemos aquí dentro de 15 años y resulta que el ministro solo era un maratoniano del amor de pago y no un ladrón. Quién sabe. A lo mejor a Aldama le cae la intemerata por los hidrocarburos y Cerdán sale 'limpio' de Soto del Real y con un montón de amigos nuevos del club de lectura. De todo hemos visto ya, pero de momento la realidad es la que es: que mientras uno ha hecho por colaborar (o aparentarlo) el resto se ha comportado como subalternos de Rinconete y Cortadillo.