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Desde la retaguardiaMiquel Segura

¿Inestabilidad? ¿ Qué inestabilidad?

¿Un gobierno con mayoría simple es de por sí inestable? Cañellas gobernó así -y muy bien- desde 1983 a 1995

No puedo dejar de preguntarme qué concepto debe tener el señor Negueruela de lo que debería ser una actividad parlamentaria sujeta a las mínimas reglas de cortesía y buen hacer. Cada martes, por fas y por nefas, quien fuera temible inspector de Trabajo y después conseller de la cosa turística, monta unos numeritos propios de la más sombría taberna portuaria. Sus sesiones de control al Govern se han convertido en un espectáculo que no lo mejoraría ni ese señor Agustín, denominado El Casta. En su última embestida don Iago tomó como hilo argumentario una presunta «inestabilidad» del Govern presidido por Prohens.

Ni en serio ni en cachondeo puedo imaginarme a qué clase de inestabilidad se refirió el gallego. ¿Un gobierno con mayoría simple es de por sí inestable? Que yo sepa el ya mítico presidente Cañellas gobernó -y muy bien- en solitario y a base de pactos, desde 1983 a 1995. Otrosí digo: el señor Aznar dejó la estela de sus mejores momentos políticos en su primera legislatura, entre 1996 y 2000, un gobierno en minoría, y cuando consiguió la mayoría absoluta fue cuando empezó su declive.

Es muy posible, no se me oculta, que la cortedad de miras de Negueruela le impida comprender que al tildar el Govern de inestable se comporta como aquel burro que llamó orejudo al cerdo, dicha sea esta comparación con todos mis respetos a ambos cuadrúpedos.

Don Iago tiene en Madrid a un presidente acorralado por la corrupción, con unos presupuestos de los tiempos del 'rei Pepet' y denuncia la inestabilidad de Margalida

Para inestabilidad de la buena, don Iago, la de su jefe superior que reside en la Moncloa sin poder gobernar porque sus socios le tienen agarrado por los cataplines sin dejarle siquiera respirar. De manera que tiene usted en Madrid a un presidente acorralado por la corrupción, con unos presupuestos de los tiempos del rei Pepet, acosado por las exigencias de la Unión Europea que le exige, al menos, un proyecto presupuestario, y se va usted los martes al antiguo palacete del Círculo Mallorquín para denunciar que la señora Margalida vive una estabilidad precaria que le impide gobernar.

Sólo se me ocurre pensar, y ya me perdonarán, que las ínfulas acumuladas por Negueruela cuando ejercía su poder con la implacabilidad de un capataz de plantación tropical le llevan a pensar que la mitad más uno de los ciudadanos de Baleares somos tontos de remate. Es que en caso contrario no se entiende.

Y encima -y aquí debo añadir al líder de Més- se atreven a hacerse el gallito pidiendo elecciones anticipadas. Pero ¿de qué hablan? El PSIB no tiene candidatos ni programa y su infraestructura electoral presenta una vía de agua más ancha que la del Titanic. Por no hablar de la señora Armengol, premiada por no sé qué en tierras nórdicas pero con su credibilidad bajo mínimos, acechada por los escándalos de Koldo y Cerdán y por un buen muestrario de líos judiciales que, me consta, no le permiten conciliar el sueño.

En esas circunstancias, señores, la prudencia les aconsejaría mostrarse modositos, humildes y colaboradores con el Govern, que tampoco lo hace todo mal. Dejen el matonismo para los arrabales de Bankog y compórtense como personas sensatas. Si es que en el fondo es por su bien. A no ser que padezcan una extraña afección que les lleve al clímax cada vez que hacen el ridículo. Que todo podría ser.

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