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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

TikTok por aquí, TikTok por allí, ¿dónde está bolita?

Cuando la nueva portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, la apadrinada de Cerdán y facilitadora de sus enjuagues navarros, aseguraba esta semana, sin ser el Día de los Inocentes, que «se pueden hacer muchas cosas sin tener que tener el rango legislativo» franqueaba la puerta a los desafueros de Sánchez

Cuando al PSOE sólo le queda la S de Sánchez como sociedad unipersonal en régimen de gananciales, los mil y un asesores del presidente han resuelto, tras una tormenta de ocurrencias, que la mejor manera de atajar las críticas que deshumanizan a 'Pedrolobo' es que este se ría de sí mismo y le tome el pelo a los españoles. Siguiendo a farsantes como Chávez y Maduro, los «cabezas de huevo» sanchistas creen neutralizar así los memes que han rulado por las redes sociales este 2025 que el oficialismo determinó como 'Año de Franco' para gloria y disfrute de «Noverdad» Sánchez.

De hecho, se ha gastado en el empeño lo que no hay en los escritos sufragando hasta los chistes a deshora contra el dictador. Diríase que con un éxito parejo a los TikTok de un Sánchez que miente hasta en las tomas falsas que incorpora a los vídeos emitidos en el canal chino para idiotizar a las sociedades occidentales. Ni que decir tiene que Xi Jinping, quien promovió Tiktoklandia antes de ser entronizado Gran Timonel, no se exhibirá en este «espejito mágico» de narcisos adolescentes en pos de esos 15 minutos de notoriedad a los que aludió Andy Warhol.

No obstante, la factoría de La Moncloa yerra porque el humor nunca opera de arriba abajo, sino a la contra, como tantas cosas. Si algunos intelectuales antifranquistas justificaban su fracaso en democracia con aquel «contra Franco vivíamos mejor» de Vázquez Montalbán, ahora no iban a funcionar los chistes contra el Generalísimo para escamotar los que enfilan a Sánchez cuando hasta aquel caudillo hubo de contender con esta vía de escape de unos españoles sin libertad.

Ese fiasco ya lo experimentaron unas autoridades soviéticas que sólo aceptaban aquello que, según resumió un delegado del Congreso Soviético de Escritores en 1934, matara de risa a los desleales y corrigiera con risas a los afectos, mientras arrestaban por «crímenes de humor» a los cuentachistes traidores al Estado. Aun en condiciones extremas, los soviéticos escarnecían los quiméricos planes quinquenales, la corrupción ubicua y el brutal contraste entre el paraíso propagandístico y su infierno cotidiano.

Baste como botón de muestra esta «anekdot» sobre el impulso industrializador de Stalin: Un campesino viaja a Moscú para interesarse por el ritmo de la modernización y su anfitrión le acerca al ventanal señalándole un tranvía en tránsito: «¿Ves?, si poseemos una docena hoy, en cinco años disfrutaremos de cientos.» De regreso a la granja colectiva, sus camaradas le reclaman participar de lo aprendido con el gerifalte bolchevique. Mira en derredor en busca de inspiración y les anuncia, mientras indica con su mano, el cementerio lindante: «¿Veis esa docena de tumbas? En cinco años, ¡habrá miles!»

Ahora bien, pese a que Sánchez no tenga gracia ni caiga en gracia a la mayoría de los españoles, según las encuestas no tezanas, si puede conseguir, jugando al TikTok por aquí, TikTok por allí, ¿dónde está la bolita?, lo que los antaño trileros de la sevillana calle Sierpes sustraerles la cartera –sea dicho en sentido estricto– y la democracia a unos españoles que se guían como ciegos voluntarios. En esta época, como subraya el sociólogo norteamericano Neil Portman en Divertirse hasta morir, la opresión no vendrá impuesta por un Gran Hermano como entrevió Orwell en su 1984 como reflejo de los totalitarismos soviético o nazi, sino al modo de Un mundo feliz de Aldous Huxley, esto es, con la gente amando la tiranía con tecnologías que anulan la capacidad de discernir la verdad en un mar de irrelevancias. Difiriendo de Orwell, Huxley colige que, con la tecnología punta, resulta más factible que la desgracia de las naciones provenga de un enemigo risueño que de aquel que exuda odio.

En su juego de cubiletes, el tiktokero Sánchez persigue alargar la legislatura mediante artificios antidemocráticos de un variado tenor. De un lado, ganándose al soberanismo catalán con el regalo de Reyes de un «cupo con estelada» que, con lenguaje orwelliano, «La Vanguardia» ha sintetizado de esta guisa: «Un modelo de financiación común del que solo Cataluña pueda extraer el máximo». Aten esa mosca por el rabo. Bajo esa perífrasis, la recaudación del IVA de las pymes ya no se efectuará allí donde se consuman las mercaderías, sino donde radique la fábrica en provecho del primer centro fabril de esta España colonizada merced al muy progresista Partido Sanchista. Yendo de Guatemala a Guatepeor, la financiación autonómica transitará del sudoku de Solbes al 'similitruqui' de María Jesús Montero. Como «morituri» de Sánchez, esta va a tener que gritar más que una arrabalera en la campaña andaluza para tapar esta trapacería. Es lo que tiene el progresismo retardatario: sirve para un roto y para un descosido.

Y, de otro, como en el «procés» que desembocó en el golpe de Estado de octubre de 2017, el primer presidente que habita La Moncloa sin vencer en las urnas pretende bunkerizarse echando mano de reglamentos de su gusto y gana. Al no dar más de sí la gatera de los Real Decreto al carecer de votos que los refrenden luego en el Congreso, ronda la prevaricación. No se trata del «Hagan ustedes las leyes, que yo haré los reglamentos» que se adjudica al Conde de Romanones, gran prócer del caciquismo, sino de un «romanonismo» de nuevo cuño. No sólo retuerce la norma desnaturalizándola hasta el absurdo, sino que acomete una barrabasada del jaez de Carmen Forcadell cuando la otrora presidenta del Parlament se amparó en el reglamento de la Cámara para desobedecer al Tribunal Constitucional y suscribir las leyes de desconexión del referéndum ilegal del 1-O.

Cuando la nueva portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, la apadrinada de Cerdán y facilitadora de sus enjuagues navarros, aseguraba esta semana, sin ser el Día de los Inocentes, que «se pueden hacer muchas cosas sin tener que tener el rango legislativo» franqueaba la puerta a los desafueros de Sánchez. ¡Como para andarse con bromas con quien busca coronar el Año Franco reemplazándolo! Si en la Checoslovaquia aplastada por los blindados soviéticos en la 'Primavera de Praga', se tiraba de humor negro preguntándose los checos «¿cómo visitan los rusos a sus amigos?» y esos se respondían «en tanque», un desvergonzado Sánchez, tras consagrar la corrupción como modo de ejercer el mando, pretende matar la ley con reglamentos que, en analogía con el «procés», instaure un proceso destituyente español con él como caudillo de una autocracia TikTok.

Nota Bene: Mis mejores deseos para los lectores de El Debate y que, en la medida de sus posibilidades, contribuyan a hacer dichoso este 2026. Cuentan con mi agradecimiento.

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