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Pedro Sánchez ante cuatro clásicos

Los gobiernos viven sometidos a tres tentaciones: la corrupción, el latrocinio y la mentira. Conviene al ciudadano estar alerta

Analizar la obra del presidente del Gobierno a la luz de algunas ideas de pensadores clásicos de la política podría parecen un ejercicio irónico y, en cierta medida lo es, pero siempre se aprende de los grandes pensadores. Lord Acton afirmó, en frase célebre, que el poder siempre corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. El gobierno actual no desmiente la primera parte del aserto del pensador inglés, ni tampoco la segunda, pues si la corrupción no es (aún) absoluta es porque su poder (aún) no lo es. Es un poder con rasgos totalitarios, pero está limitado. La democracia y el liberalismo se fundamentan, entre otras cosas, en esa desconfianza hacia el poder. Esto explica la corrupción y no solo la económica.

San Agustín se preguntó, de manera retórica, que si no es por la justicia, ¿qué son los gobiernos sino bandas de malhechores? Una banda de ladrones actúa en un territorio, obedece a normas, tiene autoridades o jefes, posee un patrimonio que administra, castiga a los díscolos. Lo único que puede distinguir a un gobierno de una banda de ladrones es la búsqueda de la justicia. Cuando se olvida esta, y solo importa el interés propio, estamos ante una banda de malhechores. Extraiga el lector sus consecuencias.

Ortega y Gasset afirmó que la política es pensar utilitario, y hacer de la utilidad la verdad es la definición de la mentira. Por eso la política es normalmente el imperio de la mentira. Esto explica la propensión de los políticos a mentir que, en algunos, se convierte en una patología. En casos extremos, llegan a no distinguir la verdad de la mentira. Esto explicaría las complicadas relaciones que tiene el presidente del Gobierno con la verdad.

Los gobiernos viven sometidos a tres tentaciones: la corrupción, el latrocinio y la mentira. Conviene al ciudadano estar alerta. Pero queda una cuarta cuestión no menos importante. Hace unos días, Pedro Sánchez anunció que había dado a cada uno de sus ministros la instrucción de que elaboraran unas sugerencias de normas de contenido social para ser aprobadas, preferentemente sin necesidad de la intervención de las Cortes. Aquí Alexis de Tocqueville acude en nuestra ayuda. La tendencia natural de las naciones democráticas conduce a establecer un despotismo sobre una multitud de hombres iguales que giran para procurarse pequeños y vulgares placeres. Por encima de ellos se alza un poder inmenso y tutelar que se encarga de asegurar sus goces y vigilar su suerte. Quiere que los ciudadanos gocen con tal de que solo piensen en gozar. Trabaja por su felicidad, pero quiere ser su único agente. Así es como se va haciendo más raro el uso de la libertad. La igualdad prepara a los hombres para todo esto. «Raramente fuerza a obrar, pero se opone constantemente a que se actúe. No destruye, pero impide hacer. No tiraniza, pero molesta, reprime, debilita, extingue, embrutece y reduce en fin cada nación a no ser más que un rebaño de animales, tímidos e industriosos, cuyo pastor es el gobierno». Así, cuando el pastor se ha percatado del hartazgo de la mayoría de las ovejas, se ha apresurado a aumentar el pienso. Esto revela, entre otras cosas, improvisación y oportunismo, falta de programa, un poco de desvergüenza (ayudar a las ovejas con el dinero de las propias ovejas), la marginación del Parlamento, la idea de que el poder se compra y además todo esto sin presupuestos. Los «esclavos felices» deberían, sin embargo, estar agradecidos a tan magnánimo pastor. ¿Por qué han tardado casi tres años en abordar medidas tan sociales y beneficiosas? ¿De verdad piensa que somos ovejas a la espera de las mercedes del pastor? ¿Piensa que ignoramos que disfruta de sus vacaciones sin haber dado la cara por los resultados electorales en Extremadura? La gallardía es una cosa y la chulería otra. Para acabar, el clásico de los clásicos, la Biblia. El Eclesiastés clama: «Todas las cosas cansan, y nadie es capaz de explicarlo; ni el ojo se sacia de ver, ni el oído de oír. Lo que fue, eso será; lo que se hizo, se hará: nada hay nuevo bajo el sol». Así es, nada hay nuevo bajo el sol.

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