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en el recuerdoAlfonso Ussía

El Duque

Con más de 90 años, retrasó su separación del protocolo oficial, para recibir junto a Isabel II a los Reyes Felipe y Leticia, sus sobrinos. Fue un callado y lejano enamorado de España. El más inglés del mundo sin ser inglés. Sueño de decenas de miles de mujeres

Un tipo, que en el día de la Coronación de su mujer, la Reina Isabel II de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, le pregunta respecto a la corona «¿Dónde has comprado ese extraño sombrero?», es un tipo a tener en cuenta. Un tipo, que al ser recibido, junto a la Reina, por el presidente de un país de la «Commonwealth» vestido de gala, le pregunta al susodicho «¿Ya se ha puesto el pijama para dormir?», es un tipo a tener en cuenta. Un tipo, que en visita a Gibraltar, lanza cacahuetes a los periodistas ubicados detrás de una alta verja para impedir preguntas inoportunas, y al ser respetuosamente amonestado por las autoridades de la Roca por su proceder, responde «es para saber quiénes son los monos y quienes los periodistas», es un tipo a tener en cuenta.

Un tipo que en representación de la Reina, inaugura la exposición de pinturas y esculturas de un renombrado artista plástico británico y al ser preguntado por los corresponsales de Arte de la prensa sobre su parecer de la exposición y responde «muy interesante. He llegado a la conclusión que las obras colgadas en las paredes eran pinturas, y las que te permitían rodearlas sin obstáculos eran esculturas», era un tipo a tener en cuenta. Un tipo que intenta apellidar a sus hijos con su primer apellido Mountbatten –Battenberg–, y se lo prohíben por sus orígenes alemanes, y comenta que «tengo menos poder que una ameba» es un tipo a tener en cuenta. Un tipo, que a las dos horas de estar conversando con la Reina de la Isla de Tonga, le pregunta «perdón por mi curiosidad, ¿Es usted un hombre o una mujer?», es un tipo a tener en cuenta.

Siempre leal a la Reina, siempre tres pasos detrás de la Reina, y siempre ocupando la atención de los presentes por su enorme elegancia y atractivo.

Un tipo, amante de la naturaleza, los caballos y los perros, que reconoce que para calmar su enfado cuando la Reina le imponía un estricto protocolo, su venganza consistía en «dar un puntapié en el culo a uno de los mimados chuchos de mi mujer», es un tipo a tener en cuenta. Un tipo que ha asumido y reunido en sus actitudes y aspecto, lo más alto de un gran señor británico, siendo griego nacido en Corfú y descendiente de alemanes y daneses, es un tipo a tener en cuenta.

Era 'El Duque' por excelencia, antes aunque el Príncipe Felipe. Curiosamente, en Inglaterra solo han existido dos duques por definición. El Duque de Edimburgo y el españolísimo Duque de Alburquerque, al que en los ambientes del mundo equino y las carreras de caballos se le conocía con la simpleza de su honrosa nobleza. The Duke.

La Reina Isabel reconoció que su marido era su fortaleza, su roca. Una roca con un sentido del humor cáustico y una libertad en sus palabras siempre dentro del orden que le imponía su condición. Era un enamorado del cricket, el deporte inglés por excelencia, que consiste en disputar un partido que puede durar cinco días y casi siempre termina en empate.

Nadie se ha acordado en nuestro periodismo, que el Duque de Edimburgo, primo de la Reina Sofía, apoyó a nuestra Corona con su presencia en el día de la proclamación como Rey de España de Don Juan Carlos I, nuestro injustamente tratado Rey de la Libertad y los Derechos Humanos, en la lejanía de los Emiratos Árabes. Gracias a la gestión personal de Don Juan, que transmitió la firme promesa de que su hijo, el Rey Don Juan Carlos, terminaría con el Régimen y abriría España a la libertad, contó con el apoyo del presidente de la República Francesa, el canciller alemán, el presidente y primer ministro de Portugal, y otros mandatarios. Y con el Duque de Edimburgo, que se presentó para apoyar a nuestros reyes con todas sus fuerzas y confianza. «Me ha maravillado Madrid. Creo que es una de las ciudades más bonitas del mundo».

El Reino Unido ha perdido a su mejor símbolo estético. Cumplidor de sus deberes. Más de 27.000 actos oficiales y 7.000 discursos en representación de la Reina. Marido, que no sombra ni pelele, de una de las mujeres más sobresalientes de los siglos XX y XXI. Con más de 90 años, retrasó su separación del protocolo oficial, para recibir junto a Isabel II a los Reyes Felipe y Leticia, sus sobrinos. Fue un callado y lejano enamorado de España. El más inglés del mundo sin ser inglés. Sueño de decenas de miles de mujeres. Leal hasta el infinito a su Reina, aunque de cuando en cuando hacía sus pinitos para sobrellevar vivir en un escaparate. «Vivir en Buckingham es como hacerlo en el escaparate de una buena tienda de Londres».

Un tipo como la copa de un pino.

Publicado en la web de Alfonso Ussía el 13 de abril de 2021
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