La puntería del cambio climático
Pobres Puente, Sánchez y Zapatero, acosados por el clima y la fachosfera
La verdad es que el pobre Óscar Puente tiene mala suerte: el cambio climático ha sido especialmente duro justo en el punto de la vía férrea parcheada con una ñapa donde descarriló un tren, en el mismo tramo que no había sido rehabilitado ni vigilado convenientemente, en la misma vía en la que Bruselas, los maquinistas y los viajeros habían denunciado insistentemente problemas serios y peligros manifiestos. Mira que el cambio en cuestión es malo, pero sobre todo qué puntería tiene.
El infortunio de Puente encuentra solo parangón con el de Zapatero y el de Sánchez. El primero es un incomprendido: nadie entiende que, para liberar cuatro presos, haya que avalar primero la represión de miles, el destierro de millones y legitimar a un Régimen narcoterrorista cuyo dictador se ha hecho multimillonario.
El gran Zapatero, una mezcla de Gandhi y Kissinger, también es perseguido por las hordas ultraderechistas, incapaces de entender la casualidad de que tenga por pagador al intermediario de Plus Ultra, con una empresa sin empleados ni otra actividad que no sea contratarle a él y a sus hijas para que hagan informes geoestratégicos y logotipos, y no para mediar con Maduro o Sánchez sin que nadie se entere: ese medio millón por ayudarle a entender al runner Julio Martínez la importancia de las aguas árticas profundas o las tensiones en Botswana, extraído de los 53 millones abonados por Sánchez a una aerolínea más inútil que el retrovisor de un avión, nos sabe a poco.
Y qué decir del perseguido Sánchez, a quien se le niega su épico liderazgo en la lucha contra la prostitución por el pequeño detalle de que él vivió de ella, su señora ha acumulado un buen patrimonio gracias a ella y sus esbirros utilizaron las grabaciones perpetradas en torno a ella.
¿Acaso es justo que se le reste mérito abolicionista por haberse lucrado de los lupanares del suegro? ¿Qué es la explotación sexual, incluso de chavales en edad de prohibirles el uso de redes sociales, en cálidas saunas instaladas en locales públicos de Muface, al lado de su épica cruzada contra eso mismo en Tailandia o allá donde su sable sea convocado?
Que el cambio climático se cebe donde más inútil fue la gestión de Puente, que el azar una las consultorías secretas de Zapatero con las decisiones de Sánchez y que las simples coincidencias ensombrezcan cruzadas heroicas entre brumas de burdeles familiares es una lástima.
O peor, una conjura de esa fachosfera, esa que coloniza mentes púberes en las redes sociales, las atrae al lado oscuro. Ya dijo la insigne Cruella Celáa, recordada ministra de Educación, que los niños no son de los padres y Sánchez lo lleva a la práctica con su vanguardismo legendario. Los chicos de 16 años podrán cambiarse de sexo o abortar sin permiso ni tutela ni auxilio de padres y médicos, pero no podrán acceder a Instagram o TikTok sin cumplir unos duros requisitos.
Una lástima que ni Sánchez ni su esposa ni su suegro tuvieran una idea parecida para los chavalitos de esas edades que merodeaban en los lupanares donde Begoña Gómez ejercía con éxito de contable: tanto como para que le diera para financiar las Primarias de su marido, algo que ni él se ha atrevido a negar, y para vivir en Pozuelo y veranear en Almería. Pero será el cambio climático también, que ya saben cómo golpea en las saunas.