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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Marco Rubio y el futuro

A Europa, Marco Rubio le recuerda lo evidente, lo que esta UE no quiere ver aunque empieza a reconocer, no sin renuencia: el absurdo de una cultura claudicante, la necesidad de recuperar varias soberanías: la política, la energética, la alimentaria

Los ecos del discurso de Marco Rubio en Múnich resonarán en la historia. Quizá les parezca exagerado a quienes califican de históricos varios partidos de fútbol cada temporada. Es paradójico, pues para ellos el adjetivo tiene otro sentido: relativamente importante dentro de su insignificancia. Hacer historia por la vía destructiva es fácil, como demostró Gavrilo Princip en 1914 con una semiautomática. Otra cosa es hacer historia construyendo, y eso anuncia el secretario de Estado de la Administración Trump, tan denostada en Europa, tan sistemáticamente atacada por los medios de comunicación (también los medios estadounidenses, divorciados por las malas del pueblo soberano, We The People). Tan ridiculizada por 'la cultura', expresión que, por lo visto, designa algo diferente a lo que creíamos: desde artistas que sacan punta a un lápiz en performances hasta cocineros con ínfulas.

Ignorando olímpicamente la hegemonía cultural de una izquierda trans entregada al catastrofismo climático, a la negación de la biología y al antisemitismo, Marco Rubio ha inaugurado la nueva era. No ha necesitado cebarse en el multilateralismo de la rendición, que ayer glosamos en este espacio. Los pueblos soberanos han detectado peligros que escapan a los habituales constructores del imaginario. La frustración de los revenidos guías del pensamiento (los maestros de no pensar, los «referentes» del opinar a partir de sentir muy fuerte las cosas) es la que cabía esperar. ¿Cómo se atreven grandes segmentos de la población a pensar lo prohibido? Para empezar, llamarán populista a quien les dé voz. Para continuar, piensan terminar con la libertad de expresión (a ver cómo lo hacéis, Úrsula, Sánchez, Macron). Para acabar, van dejando pistas de que no aceptarán resultados electorales en Europa capaces de acabar con el dominio de la alianza entre socialdemócratas llamados populares y neocomunistas llamados socialdemócratas.

Rubio no necesita entrar a ningún trapo porque está en el gobierno que extrajo a Maduro, el que está dando la eutanasia a la larga pesadilla cubana. A los años que le quedan a Trump podrán sumarles los que vendrán con Vance al frente, o, más probablemente, con el mismo Rubio, primer hispano que puede alcanzar la presidencia de Estados Unidos. Lo que hagan ellos en su casa ya lo puedes criticar desde RTVE o la BBC, que lo van a seguir haciendo. Su economía crece, la inmigración ilegal masiva se acabó, Iberoamérica escapa al dominio del neocomunismo con levísimos toques microquirúrgicos. La Americana hispana no es Oriente Medio: la democracia no necesita ser impuesta, se dará en ausencia de golpes de Estado.

A Europa, Marco Rubio le recuerda lo evidente, lo que esta UE no quiere ver aunque empieza a reconocer, no sin renuencia: el absurdo de una cultura claudicante, la necesidad de recuperar varias soberanías: la política, la energética, la alimentaria. El regreso a la industria, la emancipación de la dependencia china en las cadenas de suministro y en los minerales estratégicos. Fronteras reales. Es el futuro europeo, que se abrirá paso a despecho de los intereses de las fuerzas tradicionales.

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