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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

El mercenario Sánchez y el cuponazo chavista de la financiación ilegal

A nadie se le escapa que Sánchez está en serio riesgo tras la carta bomba aportada por Aldama que evoca «la pistola humeante», esto es, el cuerpo del delito que vinculó a Nixon con el asalto al cuartel electoral del Partido Demócrata

Desde que tiene acomodo como hombre público, el triministro Bolaños adopta la máscara de la hipocresía con tal ensambladura que ya es su verdadero rostro imitando a su jefe 'Noverdad' Sánchez. Por eso, en un momento en el que el Gobierno ha plantado una diana en la cabeza del comisionista/comisionado Víctor de Aldama tras certificar carta en mano al juez la supuesta financiación ilícita del PSOE a través de la petrolera venezolana PDVSA, conviene recordar su mascarada de octubre de 2024.

Aprovechando la rueda de prensa de aquel Consejo de Ministros, el gato Félix de un sanchismo que maúlla y araña aseveró que pretendía enviar el mensaje «contundente» de que «quien colabora con la Justicia tiene el reconocimiento y el apoyo del Gobierno de España para liquidar la corrupción». Dentro de su «Plan de Acción por la Democracia», el gabinete había aprobado ese martes sendos reales decretos sobre el Estatuto de la Autoridad Independiente de Protección del Informante, pero subordinada a su Ministerio, obviamente, y sobre la plantilla de un ministerio fiscal bajo vasallaje a su sanchidad.

Claro que todo movía a la desconfianza con un Ejecutivo que había indultado abiertamente a los golpistas catalanes a los que se había asociado para aferrarse a La Moncloa y de forma encubierta a los bandoleros de los ERE andaluces con el Tribunal Constitucional como piscina probática de Conde-Pumpido en provecho de los suyos. A este propósito, no hubo que aguardar ni un minuto para averiguar la encamisada. En efecto, para probar la engañifa, Bolaños se adornó comunicando la gracia -oh casualidad de las causalidades- dispensada en esa misma sesión al exconcejal del PP de Majadahonda, José Luis Peñas, condenado por cinco delitos y cinco años de prisión, más otros tantos de inhabilitación, por coadyuvar a esclarecer la trama Gürtel de corrupción del PP a la que Bolaños catalogó, viendo la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el suyo, como «la más importante en la historia de la democracia». Como sentenció Quevedo, quien tan tiesas se las tuvo con el todopoderoso conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, la hipocresía es esa «calle que empieza con el mundo y se acabará con él».

Más allá de la seguridad que le provea la Audiencia Nacional, que habría de valerse de los instrumentos policiales que maneja el Gobierno para su uso y para los activistas de su cuerda como la impostora del cabestrillo, no parece que Aldama vaya a gozar de esa venia. Cuando así debiera ser tras filtrarse al «buzón gubernamental» del diario sanchista El País que el 12 de marzo facilitó al juez Ismael Moreno –después de suspender un intento previo por otro chivatazo– las pruebas de la presunta contribución ilegal al PSOE de la petrolera estatal venezolana PDVSA, así como a la campaña de Sánchez para presidir la Internacional Socialista.

Luego de las amenazas de muerte y del tiroteo a su coche en noviembre del 2024, Aldama debe sentirse como el 'Alfredo García' de la película de Sam Peckinpah al que un acaudalado terrateniente mexicano llamado 'El Jefe' pone precio a su cabeza ofreciendo un millón de dólares. No en vano, Leire Díez, la fontanera de las cloacas socialistas habilitadas tras ser imputada Begoña Gómez y encerrarse cinco días a reflexionar el enamorado Sánchez, ya verbalizó que «no queremos que Aldama llegue donde no se quiere que llegue».

Ante la embarazosa situación de un presidente sobre cuyo cuello pende ese sobre afilado como una guillotina, cualquier cosa cabe maliciarse con un mercenario de la política que compró su investidura al prófugo Puigdemont en un acto de simonía e imprimió un giro copernicano a la posición española sobre la dictatura chavista como con el Sáhara en merced a Marruecos o con EE.UU. en favor de China tras mendigarle al presidente Biden ser secretario general de la OTAN como su correligionario Javier Solana. Después de respaldar al opositor Juan Guaidó como presidente interino junto a otro 60 estados, viró en contrario realineándose con el lobista Zapatero tras el aterrizaje clandestino en Barajas de enero de 2020 de Delcy Rodríguez, quien tenía prohibida su entrada en el espacio aéreo europeo por crímenes de lesa humanidad, así como del viático de Pdvsa. Desde aquella accidentada llegada de la hoy presidenta, a la que Sánchez quiere resarcir en la próxima Cumbre Iberoamericana de Madrid, el PSOE reemplazó a Podemos –hoy Pudimos– en los cobros y en los negocios del tardochavismo.

No era para menos con tan sobrecogedor cuponazo de 250 millones de dólares a cuenta de Pdvsa que se habrían canalizado por testaferros en bancos rusos y que se suman a otras mordidas como las del rescate de la compañía hispano-venezolana de un solo avión «Plus Ultra» con Zapatero -ese hombre de paz, según el chavismo- como comisionista de la narcodictadura de los soles. Ya su embajador en Caracas, Raúl Morodo, trincó 6 millones de la petrolera por informes inexistentes –probablemente, como los suyos con «Plus Ultra»–, cuyas coimas blanqueó mediante una tramoya con uno de sus socios, Juan Carlos Márquez, jefe del gabinete jurídico de Pdvsa entre 2004 y 2013, hallado ahorcado en su domicilio en Madrid, pero con heridas en el pecho y en la cabeza, lo que suscitó sospechas de que lo suicidaron. En una componenda entre la Fiscalía y la Abogacía del Estado, mientras Sánchez forzaba a su fiscal general García Ortiz a romper el acuerdo tributario con la pareja de la presidenta madrileña y emprender la ofensiva contra Ayuso que le supuso su inhabilitación por el Tribunal Supremo, Morodo padre e hijo eludieron la cárcel, pese a solicitárseles penas de tres años y medio para el primero y de ocho y medio para el segundo.

A nadie se le escapa que Sánchez está en serio riesgo tras la carta bomba aportada por Aldama que evoca «la pistola humeante», esto es, el cuerpo del delito que vinculó a Nixon con el asalto al cuartel electoral del Partido Demócrata. A raíz de conocerse la grabación de la conversación entre Nixon y su jefe de Gabinete en el Despacho Oval ordenándole a este que consiguiera por cualquier medio que el FBI no tocara las narices con el «escándalo Watergate», aquel veterano jugador de póker apodado 'Tricky Dick' («el tramposo Dick») por sus fullerías debió desalojar la Casa Blanca. Ahora esta «carta humeante» compromete más a Sánchez que aquella otra de su 'consuerte' recomendando al empresario Barrabés a los ministerios para que cosechara adjudicaciones ante competidores sin su comodín.

A la espera de qué deparen las pesquisas de la Guardia Civil con la cédula de Pdvsa, Sánchez se prepara desde el Consejo de Ministros extraordinario de hoy sobre la guerra de Irán a montar un gran ceremonial de la confusión ducho como es, desde el COVID y luego con la invasión rusa de Ucrania, a manipular la excepcionalidad para blindarse y erosionar la democracia. Su pertinacia en armar el cirio evidencia que España se deja conducir como ovejas al matadero por una panda de delincuentes y tahúres que operan bajo el mando de un mercenario que, como aquellos que refiere Maquiavelo en El Príncipe, hace que, en la paz, se sufra su rapacidad, y en la guerra la del enemigo.

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