Aborto de la reforma
¡Oiga, que desde finales de 2022 no se ejercita en España el principal mecanismo de control parlamentario!
El blindaje constitucional del aborto es una farsa. La PSOE confía en el general desconocimiento de la Constitución, en la corriente incapacidad para diferenciar entre derechos fundamentales y principios rectores de la política fiscal y económica. Tenemos así un primer engaño: no va a existir un derecho fundamental al aborto porque ni siquiera está en el proyecto de reforma constitucional. Permiten que la confusión se extienda, no porque vayan a lograr ninguna modificación, sino para fabricar otra gran polémica sobre si el aborto es un derecho o no lo es, en términos de tertulia tabernaria o en consideraciones tangenciales que no distinguen entre un derecho fundamental y la palabra «derecho» para principios no exigibles.
Tampoco va a existir «derecho» al aborto en ese sentido restringido y sin consecuencias prácticas, mero combustible de la nueva operación despiste diseñada por esos abusadores del poder, podridos de corrupción, que gobiernan por tercer año consecutivo bajo Presupuestos prorrogados. ¡Oiga, que desde finales de 2022 no se ejercita en España el principal mecanismo de control parlamentario! Un Gobierno en rebeldía tiene que recurrir a trucos muy básicos, como conquistadores mostrando baratijas brillantes a los indios. No solo desvían la atención de lo grave y presente (el insoportable hedor que rodea a Sánchez y el modo en que nos ha colocado gratuitamente como enemigos de los EEUU), sino que arrojan carnaza a la banda de provocadores previamente colocado en los medios públicos para insultar a media España.
Pero es que, aunque todo lo que acabo de afirmar fuera descartable, sigue siendo así que no va a existir en la Constitución Española ningún derecho al aborto por una razón inapelable. No tienen ni en sueños los votos suficientes para la reforma constitucional. Ni siquiera los tres quintos del Congreso para esa reforma, mendaz y maliciosa, del «derecho» descafeinado, no exigible, disfraz de un principio rector y no derecho subjetivo, como hemos visto. Siempre y cuando el PP no se rile, claro.
«Se reconoce el derecho de las mujeres sobre su propio cuerpo a abortar», ha dicho la ministra Redondo. Repárese en cómo la confusión sintáctica persigue fines de alteración semántica en las mentes poco rigurosas. En cómo buscan expresiones que el incauto asimila tontamente, torciendo su comprensión de la cuestión. ¿Se reconoce el derecho de las mujeres a abortar? Pudo decirlo así. Y perder, que es lo que pasará después de cien tertulias a dentelladas y escupitajos. ¿Se reconoce el derecho de las mujeres a disponer de su propio cuerpo? Habría que ver las mil excepciones que la ley impone a eso, como la gestación subrogada. ¿La prostitución que le parece a Redondo? Es su cuerpo.
En todo caso, el feto no es «su propio cuerpo». ¿Lo ven? Nos vemos obligados a consignar estas obviedades cuando suelta su bomba fétida la ministra. Mientras, nosotros mismos diremos: ¡Hablemos de su corrupción, no caigamos en la trampa. Ya me contarán cómo se hace eso. Suerte que se puede caminar y mascar chicle a la vez.