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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

El colmillo madrileñofóbico de Mónica García

La ministra pregona que la Sanidad Pública madrileña ha sido desmantelada, fumándose que sus datos son de los mejores de España y que golea a la catalana

Un periodista que lo vivió me contó en una ocasión una de las mejores anécdotas de ridículo político que recuerdo. Corrían los días duros de la pandemia. Una intrépida diputada autonómica de la izquierda populista, recién aterrizada en Más Madrid tras desertar de Podemos, organizó una comida con un grupo de informadores para venderse y darse pote. Durante el almuerzo, y en su condición de «médico y madre», les relató en tono épico su agotador esfuerzo en la lucha contra el covid en su hospital.

Tras escuchar el relato de sus proezas clínicas, uno de los periodistas se quedó con la mosca detrás de la oreja, pues sospechaba que en realidad la política no le dejaba tiempo para ejercer la medicina. Así que le preguntó por los detalles: qué horario concreto hacía ella en el hospital, cómo lograba compaginar ambas actividades…

La interpelada, un poco sonrojada, balbució una respuesta vaga e incoherente, poco verosímil. Poco después anunció que dejaba el ejercicio de la medicina para dedicarse por completo a la política, que era lo que de hecho ya estaba haciendo.

La protagonista de aquel sofoco se llamaba Mónica García Gómez, y desde noviembre de 2023 ejerce como ministra de Sanidad (y con su tono altivo y faltón tiene a sus colegas en pie de guerra, con huelgas recurrentes). García Gómez es un ejemplo de manual de comunismo caviar. Hija de dos psiquiatras de buena vida burguesa y militancia en el PCE, se educó en El Viso y el Barrio de Salamanca y ha acabado viviendo en un pisazo con gratas vistas al Retiro.

El perfil público de Mónica García incluye otros tres patinazos suculentos, de ponerse muy colorada. En 2020, las cámaras la pillaron colocando sus dedos en forma de pistola y haciendo que disparaba desde su escaño al entonces consejero de Sanidad de Madrid. En 2021, tuvo que devolver 13.000 euros que había cobrado como diputada autonómica, al destaparse que los había percibido estando de baja en el hospital. En marzo de 2023, Mónica solicitó muy enojada la dimisión inmediata de Enrique Ossorio, el número dos de Ayuso por entonces, por cobrar el bono social térmico, una ayuda a la calefacción del Gobierno para las personas vulnerables. «No es tolerable tanta falta de ética pública», clamaba la líder de izquierda radical castiza. Lástima que esa misma tarde se supo que ella también estaba cobrando esa ayuda. Un ridículo de meterse en la cama y no salir.

Tras ser derrotada por Ayuso en las autonómicas, Mónica ha desarrollado una aversión obsesiva hacia ella. Se traduce en que en lugar de ejercer como ministra de Sanidad, que es para lo que le pagan, dedica sus esfuerzos a operar como si fuese una líder opositora en la Comunidad de Madrid. García se pasa el día dando estopa al Gobierno madrileño. La tesis es siempre la misma, un clásico de la izquierda: la Sanidad Pública ha sido desmantelada en Madrid por un horrible proceso privatizador, que va contra «la gente» y hace que «se forren unos pocos».

Si alguien de fuera de España escucha a la siempre fogosa ministra García, que vive en estado de alteración revolucionaria permanente, se quedará con la sensación de que los hospitales y ambulatorios madrileños no son mucho mejores que los de la Habana (modelo político, por cierto, muy grato a Más Madrid). Raro es el día en que la ministra de Sanidad no pone a parir a la sanidad madrileña.

Pero luego, ay, están los puñeteros datos. O las estadísticas mienten, o Mónica García se las fuma para que no sean un obstáculo en sus obsesiones sectarias. Según el propio Gobierno de Sánchez, el tiempo de espera para operarse en la Comunidad de Madrid es de 50 días. La media española está en 121 y en el paraíso identitario catalán la demora se va a 142 días (¡oh, casi el triple que Madrid!, qué extraño).

Para ver a un especialista, 68 días de espera en Madrid y 120 en Cataluña. La esperanza de vida de Madrid, donde sabido es que la Sanidad Pública ha sido desmantelada, es la mayor de España, con 85,7 años (frente a 83,4 de Cataluña).

Por supuesto jamás escucharán la más mínima crítica de la madrileña García, médico y madre, a la sanidad catalana, destrozada por años de gestión irresponsable de unos iluminados que estaban dedicados a construir su quimérica República identitaria y xenófoba, en lugar de atender a las cosas de comer.

Llegará un día en que nos asombrará pensar que tuvimos ministros como Mónica García (y Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Yolanda Díaz, Reyes Maroto, Irene Montero, Ione Belarra…). Gracias, Pedro. Una vez más.

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