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Larga cambiadaJavier Fernández-Mardomingo

Sánchez, el TikTok y un tal Morante de la Puebla

Puede que así hasta le brindara un toro el de la Puebla y podría repetir aquello que le dijo Rafael de Paula a Don Juan Carlos en la Beneficencia del 88: «Le deseo toda la suerte del mundo a usted y a España. Y ahora, deséemela usted a mí a ver qué hago yo con esto»

Tengo la costumbre de ver los miércoles por la mañana las sesiones de control en el Parlamento. Será deformación profesional, supongo. Qué le vamos a hacer. O será que lo hacía el añorado Juan Pablo Colmenarejo cada día que tocaba, convirtiéndolo en un género radiofónico en sí mismo. El control de los miércoles era control y era muy de radio. Y digo era en pasado porque hoy ni lo uno, ni lo otro. Ni se controla ni suena como sonaba.

En este tiempo en que casi todo ha sucumbido a las redes sociales, el parlamentarismo español ha seguido la corriente del río, también los miércoles a las nueve de la mañana. Por eso se ha convertido en una sucesión de clips que, cuanto mejor queden en TikTok, mejor. No descarten que la realización de las cortes empiece a enfocar primerísimos planos de sus señorías y aparezca en cualquier momento un cartel en letras fucsia que nos anuncie un ¡zasca!

Aun así, hay cosas que no cambian. ¿Se pregunta por trenes? Se responde por afiliación. ¿Queremos hablar de amiguitas de algunos? Respondemos con ordenadores a martillazos. ¿Se critica la ausencia de un mínimo de cariño a las víctimas de Adamuz? No sabe usted decirlo sin leer, señoría. Qué triste.

Suele ser el mismo modus operandi. Primera respuesta del presidente cordial, tono afable incluso. Presidencial se podría decir y hasta con cierto punto de victimización. En la réplica es cuando sale el verdadero tiburón que Sánchez lleva dentro. Con el ataque ad hominem para que el séquito se rompa las manos a aplaudir. Por lo menos María Jesús Montero ahora las palmas las toca en la feria vestida de faralaes, que con ese arte que tiene para tocarlas, no sabe uno si es el lugar más indicado, por cierto.

Todos los miércoles iguales. La prepotencia del presidente, la altanería de Bolaños, la ira de Óscar Puente o la presunta superioridad moral del señor Albares jurando que con China se está en el lado correcto de la historia. Ver para creer. China nada menos, donde le recordaron el miércoles que ha ido más veces que a Adamuz y Paiporta juntos. China, que no comparte nada de lo que pase de puertas hacia dentro, pero donde calcula Amnistía Internacional –informe 2025– que se ejecutó bajo pena capital a más gente que en el resto de países del planeta juntos. Infausta lista que, para sorpresa de nadie, encabeza Irán. Que cosas.

Todo sucedió el miércoles en unos minutos de ¿control? al gobierno que parecen más una sucesión de reels de Instagram que el lugar en el que se supone que se toman las decisiones que nos marcan el día a día. Serán las modas. Puestos a seguirlas, que sigan otras y no solo la del TikTok aplicado a las cosas del comer. La de Morante, por ejemplo. Que sin redes sociales ni nada que se le parezca ha traspasado todas las fronteras del ostracismo taurino. Es más, se ha convertido en referente de hordas de chavales que se vuelven locos con él mientras no se despegan del móvil. Será que atrae ese misterio del que no vende en una pantalla lo que quiere ser, sino en una plaza de toros lo que es de verdad. Todo lo contrario al Congreso cada miércoles a las nueve de la mañana.

Conociendo al personaje, no se puede descartar ver en una barrera al presidente subiéndose al tren de Morante para captar votos de esa juventud que lo sigue enloquecida. El problema es que, con el séquito, seguridad, distancias y parafernalias varias que necesita cada vez que sale de Moncloa, acabaría viendo la corrida solo. O con Begoña como mucho. Puede que así hasta le brindara un toro el de la Puebla y podría repetir aquello que le dijo Rafael de Paula a Don Juan Carlos en la Beneficencia del 88: «Le deseo toda la suerte del mundo a usted y a España. Y ahora, deséemela usted a mí a ver qué hago yo con esto».

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