¿Agitadores ultras?
Ultra es la palabra preferida de la izquierda para estigmatizar a todos sus críticos, sean políticos, comunicadores o ciudadanos
Leo en el diario El País un titular según el cual «el Congreso está listo para expulsar a los agitadores ultras Vito Quiles y Bertrand Ndongo». Un titular muy inquietante y preocupante por dos motivos. Por la insistencia en la demonización de todo lo que sea derecha con el tendencioso adjetivo de ultras, y por la campaña de persecución a todos los comunicadores que no sean progubernamentales.
Ultra es la palabra preferida de la izquierda en los últimos tiempos, como cuento en mi libro La batalla de las palabras para una nueva derecha. El progresismo la repite sin cesar en todo tipo de espacios, políticos y mediáticos. Todo el mundo hostil a sus ideas es ultra, es decir, al menos la mitad de la población. Como lo de facha parece no funcionar ya suficientemente, la izquierda ha elevado el nivel de descalificación con lo de ultra. Cuanto más débil está, más la usa, tanto que hasta comienza a provocar efectos cómicos. Pero eso no quita gravedad a ese uso, porque es un adjetivo con el que la izquierda intenta anular, estigmatizar o deslegitimar a todos sus críticos y a toda la derecha. Sea a los jueces que combaten la corrupción socialista, a los periodistas que denuncian sus desmanes, a los activistas que los critican en las redes sociales o a los ciudadanos que se manifiestan contra el Gobierno. Todos ultras, además de fachas, por supuesto.
Según la izquierda, no existe la ultraizquierda ni la extrema izquierda, pero toda la derecha es extremista y ultra. Y esto está pasando con toda la izquierda, política y mediática, con una brutal campaña en todos los medios y líderes occidentales izquierdistas contra las ideas, movimientos y líderes de la derecha. Ahora, hasta intentan meter al Papa León XIV en la campaña, porque ese mismo medio titulaba hace unas horas que «León XIV cumple un año convertido en antagonista moral de la ultraderecha», un anticipo de lo que van a intentar hacer con su visita a España.
La campaña produce sonrojo intelectual, dado su ridículo nivel, pero es preocupante. Lo mismo que lo es intentar eliminar a unos comunicadores mientras se exalta a otros que podrían recibir perfectamente esa descalificación de agitadores ultras. Ya he escrito que a mí no me gusta el estilo de comunicación de Vito Quiles, pero puestos a designar agitadores ultras, para agitadora ultra, Silvia Intxaurrondo, agitadora empleada en un medio público, TVE, y que hace propaganda y agitación progubernamental con el dinero público, con un grado de sectarismo rayano en el odio, perfectamente compatible con la palabra ultra. Y hay muchos más, en los medios públicos y en los privados.
Han perdido la batalla de la comunicación en las redes sociales y en los nuevos estilos de comunicación. Y de ahí su reacción. Si no tienen a Vitos de izquierdas con éxito en las calles, se debe, sencillamente, a que no pueden, porque suscitan rechazo ciudadano, como les ocurre a Sánchez y a sus ministros. Por eso quieren neutralizar a quienes les molestan, no porque rechacen este estilo de comunicación. Pero si lo inventaron ellos y lo promocionaron hasta la saciedad.