¡Cuidado! Sánchez aún puede ganar
Y aquí va mi conclusión, dirigida a PP y Vox: no es momento de aflojar, ni de esperar a que caiga sólo, ni mucho menos de estúpidas peleas entre vosotros. Es momento de rematar a Sánchez antes de que se levante
Sánchez no está muerto. Después de su mujer, su hermano, su fiscal general; después de Ábalos, Koldo, Cerdán; después de las cloacas de Leire y de las joyas de ZP, las encuestas siguen dándole al PSOE en torno a un 25 % del voto (el CIS de Tezanos, aunque no se lo cree ni él, lo sube al 31 %). Da igual la cifra: lo relevante es que, en medio de la mayor tormenta de corrupción imaginable, 1 de cada 4 españoles sigue votando a este desgraciado.
Con semejante suelo electoral, no está garantizado que nos libremos de Sánchez y, conociéndole, empleará todo tipo de tácticas para aferrarse al poder.
¿Qué podría hacer para ganar? Empecemos por el calendario. Si agota la legislatura, legalmente podría convocar elecciones en verano del año que viene. En 2023 ya lo hizo a final de julio; en 2027 podría llevarlas incluso a agosto. Unas elecciones en pleno verano pillan a media España de vacaciones y a la otra media pensando en estarlo. Hundirían la participación general, y desde luego la presencial, lo que ya de por sí perjudicaría a la derecha. En cambio, dispararían la participación por correo.
¿Y hay motivo para temer un voto por correo desbordado? Pues puede que sí. En las últimas elecciones ya fue un absoluto caos tramitarlo dentro de los plazos. Además, ¿saben ustedes quién era la Directora de Relaciones Institucionales de Correos durante el 23-J, y también durante las elecciones andaluzas de 2022? Leire Díez, la misma que hoy aparece en el centro de todas las cloacas. En palabras de los propios directivos de la empresa, maniobró de forma «muy inusual» sobre el voto postal en aquellas andaluzas. No sé ustedes, pero a mí esto no me tranquiliza en absoluto. Y no es nada descabellado pensar que, llegado el momento, P.S. vuelva a hacer movimientos «muy inusuales» en una empresa pública que controla.
¿Qué más podría hacer? Engordar el censo electoral. La ley de nietos ha abierto la puerta a un potencial de hasta 2 millones de nuevos «españoles» nacionalizados, inscritos en el CERA. Y conviene saber a quién favorece ese censo: en las andaluzas de este mayo, mientras el PP arrasaba en las urnas presenciales, el PSOE, curiosamente, ganaba el voto exterior.
Es cierto que, históricamente, sólo vota un 10 % de los residentes ausentes. Pero hagamos el cálculo: el 10 % de 2 millones son 200 mil votos. ¿Qué ocurre si se concentran, casualmente, en esas provincias medianas donde la división de la derecha entre PP y Vox ya viene regalando escaños a la izquierda? Bastan unas miles de papeletas bien situadas para inclinar 3, 4, 5 escaños.
Otra estratagema que debemos descontar: según se acerquen las elecciones, P.S. recurrirá a la táctica más antigua de todas: dopar la economía a base de gasto. No es especulación, ya tenemos el anticipo: el Gobierno acaba de aprobar el «Verano Joven 2026», 130 millones de euros en descuentos de viajes para jóvenes. Vendrán más bonos, más subvenciones, una revalorización oportuna de las pensiones para tener contentos a los millones de votantes-pensionistas. Esta misma semana hemos visto a una señora confesar en la tele que votará «al que más le pague». Lejos de ser un comentario gracioso, es el retrato exacto del votante que Sánchez tiene fichado.
Lo siguiente, como ha hecho siempre, será radicalizar el discurso hasta el límite: su gobierno del «progreso» frente a las «ultraderechas» de PP y Vox, frente a unos jueces «fascistas» que no investigan delitos sino que sólo buscan derribar su lucha por el avance social.
Incluso es posible que lleve la polarización aún más lejos. Como han advertido Cayetana y algunos otros, no es descartable que convierta las próximas elecciones en un plebiscito sobre el propio sistema constitucional: abrir en canal el debate de la monarquía contra la república, y el de la unidad de España contra el nacionalismo. El cantamañanas de Iván Redondo anda ya paseándose por todos los platós predicando la «España plurinacional». Si Sánchez logra plantear las elecciones como una disyuntiva entre una monarquía ultraderechista rancia y una luminosa república plurinacional de derechos infinitos, aglutinaría el voto nacionalista (sobre todo en Cataluña, donde se reparten muchos escaños) y el de toda la izquierda. Mientras tanto, la derecha seguiría dividiéndose entre PP y Vox. Él, sumando; sus adversarios, restando.
Y por debajo de todo, su última baza: el control de la Justicia. El Tribunal Constitucional se ha convertido en una suerte de Tribunal Supremo paralelo, y lo preside su vasallo Conde-Pumpido. La Fiscalía responde igualmente a sus intereses. Y, por si fuera poco, esta misma semana el BOE ha publicado la mayor convocatoria de jueces y fiscales de la historia: 700 plazas, de las cuales 125 se cubren por el llamado cuarto turno, la vía discrecional. ¿Qué puede hacer Sánchez con semejante dominio de la judicatura? Tumbar lo que le estorbe y aprobar lo que le convenga. Al menos lo intentará pero, en todo caso, no me deja nada tranquilo.
Puede que todo esto no ocurra, o que ocurra sólo en parte, o que ocurra y no sea efectivo. Desde luego, es creíble en este personaje, y es preocupante.
Y aquí va mi conclusión, dirigida a PP y Vox: no es momento de aflojar, ni de esperar a que caiga sólo, ni mucho menos de estúpidas peleas entre vosotros. Es momento de rematar a Sánchez antes de que se levante. Porque si le concedéis tiempo, ese 25% de suelo electoral, sumado a toda esta maquinaria, puede bastarle para volver a gobernar. Y eso España no se lo puede permitir.