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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Tres ministros para perder contra Ayuso

Pero realmente quien está al frente de este desembarco de masa gris en las autonómicas del próximo año en Madrid es Pedro Sánchez Pérez-Castejón. La mujer que envenena sus sueños sigue siendo Ayuso, por lo que se ha involucrado de manera personal en esta contienda electoral

Como el día de la marmota la izquierda madrileña se dispone a dar otra «batalla histórica» contra la derecha en Madrid. Si todos los sondeos aciertan, volverá a besar la lona. Y despotricará luego que dentro de la M-30 la gente no sabe a quién vota y se deja engañar por una señora –mala persona, Ione Belarra dixit– que atiende al nombre completo de Isabel Natividad Díaz Ayuso. El último que lo intentó con galones de exvicepresidente del Gobierno de Sánchez fue Pablo Iglesias, un galapagueño con muchas conchas que se mudó del proletario Vallecas a un pueblo de la sierra de Madrid («Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres», que decía Quevedo a su Buscón). Todavía se ve el osario que dejó en la Puerta del Sol en 2021. Tal fue el morrazo que no recogió ni el acta de diputado en la Asamblea de Madrid.

Ahora, hay tres ministros –una de ellas, ex– que se disponen a llamar fascista a Díaz Ayuso y a los casi 1.600.000 madrileños que la votaron con mayoría absoluta ahora hace tres años. En la pista de salida está Óscar López, el nefando titular de Transformación Digital, al que preceden sus sonadas felonías a Pedro Sánchez y su posterior vinculación, para hacerse perdonar por el Sumo Líder, como jefe de Gabinete de Moncloa con el caso del fiscal general e, incluso, con las cloacas de Leire, a cuyas reuniones mandaba a su número dos, Antonio Hernando. La segunda en calentar en la banda es Mónica García, lideresa de Más Madrid, cuya gestión como ministra de Sanidad –pregunten a los médicos por el Estatuto Marco– y su silencio ante las actitudes machirulas de su compañero Íñigo Errejón, son toda una carta de presentación. Y la tercera en discordia es la simpar Ione Belarra, hasta hace tres años ministra de Derechos Sociales, que actúa desde entonces en su calidad de secretaria general de Podemos de brazo armado del macho-alfa, Pablo, que es el que realmente sigue dirigiendo desde la piscina de Galapagar el partido que iba a asaltar los cielos.

Pero realmente quien está al frente de este desembarco de masa gris en las autonómicas del próximo año en Madrid es Pedro Sánchez Pérez-Castejón. La mujer que envenena sus sueños sigue siendo Ayuso, por lo que se ha involucrado de manera personal en esta contienda electoral. Lo cierto es que eso de elegir ministros para mandar a los territorios a que se lleven las tortas que van dirigidas a él ha sido todo un éxito para la integridad de su maxilofacial, pero un fracaso para las siglas que dirige. En Aragón y Andalucía, Pilar Alegría y María Jesús Montero de arietes han hundido al PSOE a cotas electorales inimaginables.

El que peor lo va a tener va a ser López. Hasta Tezanos sentencia que el PSOE ha caído cinco puntos –cómo será la realidad tras la sentencia de Ábalos– y ya me lo imagino pontificando en los mítines de Vallecas a Bustarviejo sobre las políticas obreras, y el personal acordándose de las alhajas de ZP o de Leire amenazando a jueces, fiscales y periodistas para que no osen investigar al hermano o a la mujer del presidente del Gobierno. Ah, y habrá también quién le interpele, de Carabanchel a Patones de Arriba, por esa manera tan curiosa que tiene la izquierda de favorecer a los que menos recursos tienen, privilegiando a Cataluña con un sistema fiscal especial para que lo suyo sea para ellos, y lo de los demás, también. Por eso, igual termina Mónica ventilándole el segundo puesto, como ya le ocurrió a Ángel Gabilondo que se vio inmerso en una campaña desastrosa, alumbrada por la factoría de Iván Redondo. El resultado fue que los socialistas perdieron la jefatura de la oposición.

Si a todo esto unimos que el resto de la izquierda concurrirá dividida, pues el lienzo no puede ser más tenebroso para ellos. Cómo olvidar que incluso desde Más Madrid Emilio Delgado y Mónica García tuvieron sus más y sus menos para encabezar la candidatura regional, decantándose al final el primero por dejar paso a la ministra de Sanidad a cambio de entrar en la lista al Congreso. Con el sueldo garantizado ya la cosa la ha visto de otra manera el bueno de Delgado. Y la tercera en discordia, Ione Belarra, se prepara para hacer más ridículo incluso que su jefe hace un lustro.

Pero, nada, que los madrileños anoten que todo esto no es más que un juego de tronos para que el sueldo público no falte porque intuyen que vienen mal dadas.

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