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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Lo de Aldama con Sánchez y Begoña

Aldama también ha cometido delitos, eso ha de quedar claro, pero Pedro y Begoña no fueron unos famosillos que se hacían fotos con cualquiera que se lo pidiera. Conocían perfectamente el pelaje del personaje. Por eso, y no por la suerte penal que han corrido Ábalos y Koldo, temen que el empresario tire más de la manta

Pedro Sánchez no solo no hizo autocrítica en el Comité Federal, sino que volvió a demostrar que el PSOE es él y el Parlamento si no es él, no es. De primero de aspirante a autócrata. Es decir, el césar ha decidido eliminar a cuantas instituciones salen a su paso y no se avienen a cumplir su voluntad. Una de las desfachateces más grandes del presidente es intentar encapsular la corrupción en su partido, la de sus dos consecutivos hombres de confianza, Ábalos y Cerdán, como si de la noche a la mañana un día de mala digestión se hubieran convertido en sendas ovejas negras que decidieron «aprovecharse de la posición que tenían», como sostiene sin rubor Sánchez, para forrarse. Y, además, como si sus dos hombres de confianza se hubieran dejado encandilar por un corruptor llamado Víctor de Aldama, al que la justicia premia por contar lo que sabe. Vamos a refrescar la memoria al olvidadizo presidente cuya relación –y la de su esposa– con el comisionista fue mucho más continuada de lo que cuenta.

–Solo ocho meses después de la moción de censura que ganó en el Parlamento y que sacó a Mariano Rajoy del poder, conoció al que fue presidente del Zamora en la presentación oficial de Pepu Hernández como ruinoso candidato socialista al Ayuntamiento de Madrid. Allí estaba el hoy temido intermediario con tarjeta vip. Allí se tomaron una foto, a petición del socialista, y allí le dijo Pedro: «Sé perfectamente lo que estás haciendo y te doy las gracias».

–En septiembre de ese mismo año –2019– su mujer coincidió con el comisionista en San Petersburgo. A la cita también acudió su íntimo amigo y CEO de Globalia, Javier Hidalgo. Allí arrancaron los contactos para que Begoña Gómez colaborara profesionalmente con la OMT que entonces dirigía Zurab Pololikashvili, un aprovechado que fue apartado de su cargo por ser muy opaco con los votos en la organización internacional de turismo. De este sujeto, la famosa Gertrudis Alcázar escribió en sus correos con Zapatero que era «un empresario de empresarios y él moverá todo». Se refería la fiel secretaria del supervisor de nubes a las gestiones del expresidente en Bolivia para que se condonara una sanción a una de las empresas para las que ejercía su influencia. De hecho, el exlíder socialista exigió que Zurab estuviera, como seguro de vida para obtener su propósito, en sus reuniones con el presidente boliviano. También la garganta profunda de la Fiscalía Anticorrupción conecta con ZP.

–En octubre, Aldama fue invitado a la noche electoral que se celebró en Ferraz tras los comicios generales y allí, en la planta noble socialista, departió con Sánchez y con la plana mayor del partido y del Gobierno, donde no desentonó precisamente.

–En diciembre el matrimonio Sánchez-Gómez acudió a celebrar el 60 cumpleaños de José Luis Ábalos al restaurante de Víctor de Aladama, que pagó la fiesta. En ese convite los hoy desmemoriados inquilinos de Moncloa disfrutaron de la velada junto al que hoy tachan de delincuente indultado por los jueces fascistas.

–Aldama no solo ha tenido en sus manos denunciar los ilícitos de Ábalos –y de paso, autoinculparse–, o podría arrojar luz sobre la trama de los hidrocarburos, que va a dar grandes sorpresas, sino que dice atesorar documentos que comprometerían al jefe del Ejecutivo. Quizá por eso este ha mandado a todas sus huestes a distraernos sobre los beneficios penales obtenidos por el delator.

Aldama también ha cometido delitos, eso ha de quedar claro, pero Pedro y Begoña no fueron unos famosillos que se hacían fotos con cualquiera que se lo pidiera. Conocían perfectamente el pelaje del personaje. Por eso, y no por la suerte penal que han corrido Ábalos y Koldo, temen que el empresario tire más de la manta. Debajo de esa manta pueden estar ellos: los Sánchez-Gómez.

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