Información contra agitación, propaganda y cloaca
Hay quien ha caído en la cuenta que lo que la gente reclama y quiere son noticias, el pescado fresco, que solo quienes están en esos caladeros, pueden traer. Y se ha vuelto a aquello que nunca debió dejarse atrás. En plata, déjeme usted de opinar de todo y cuente usted a la audiencia qué novedades me trae hoy aquí
En medio de esa enorme cloaca en la que van desembocando las aguas fecales de todos los casos de corrupción con el sello PSOE que acaban por ser partes de un mismo todo y que cada vez señalan con mayor nitidez al núcleo irradiador y a quien está en lo mas alto del escalón, hay un factor y unos protagonistas cuya importancia no se está valorando en lo que se debiera. Y ello no es otra cosa que la emergencia de ese viejo y al tiempo joven y nuevo periodismo de toda la vida de Dios. El de la Información. Con mayúscula, sí. Porque se lo han ganado y con creces. Y hace, desde luego, a mí mucho, que quienes hemos querido esta profesión «canalla» desde hace ya tantos años nos sintamos reconfortados.
Han hecho eso tan sencillo y al tiempo tan difícil, duro y peligroso como indagar, destapar y contar lo que algunos, siempre poderosos y de cuidado, no querían que jamás viera la luz. Y cuando la vio y se lanzaron contra los autores acusándoles de propalar bulos y mentiras y presionaron con amenazante ferocidad a los medios, aguantaron a pie firme y replicaron con documentos, grabaciones y verdad. Los resultados ya empiezan a estar ahí. Son ya más de 125 imputados y hasta dos condenados, y por unanimidad por el Tribunal Supremo. Y lo que te rondaré porque este apartado no ha hecho sino que empezar y muchas barbas a ponerse en remojo.
El periodismo ha recuperado sitio y prestigio en la sociedad española. Recalco: el periodismo de información. Nada que ver con el Agitprop, cuya misión no es otra que la propaganda, agitación y adoctrinamiento.
El calado de lo que está sucediendo ha afectado también al género tertuliano, que un día comenzó siendo una cosa y luego, en no pocas ocasiones, acabó por adoptar modos y maneras de telebasura.
Hay quien ha caído en la cuenta de que lo que la gente reclama y quiere son noticias, el pescado fresco, que solo quienes están en esos caladeros, pueden traer. Y se ha vuelto a aquello que nunca debió dejarse atrás. En plata, déjeme usted de opinar de todo y cuente usted a la audiencia qué novedades me trae hoy aquí.
Eso tiene nombres y apellidos y por supuesto que, es de justicia, hay que mencionar. Son los Chema Olmo, Entrambasaguas, Ketty Garat, Calabrés, Urreiztieta, Requeijo y tantos más. Unos ya veteranos con más de una cornada recibida, otros jóvenes que ya han sentido colmillos rasgándoles la piel. A todos ellos y a quienes, desde la dirección de sus medios, han soportado las iras de los señalados es hora de darles las gracias y el reconocimiento en estos momento procelosos y oscuros.
La batalla cotidiana por la libertad de expresión e información resulta hoy, junto a la de la independencia del Poder Judicial, la más crucial y la que no podemos, bajo ningún concepto, perder.
Nos va el presente y el futuro en ello. Acabar sojuzgados o mantenernos libres y recuperar lo que llevamos perdido. Es lo que está en juego, aunque algunos se empeñen en no quererlo ver y otros en taparnos los ojos para acabar por cosernos la boca. No han podido y no van a poder.