La línea de puntos pasa por Hernando y López
Hernando solo pudo ir mandatado por su jefe directo, Óscar López. Y, siguiendo la línea de puntos, el actual candidato socialista en Madrid tuvo que dar esa orden con el conocimiento de Pedro. Ya no es Santos, ni Ion Antolín, ni Juanfran Serrano, ni la simpar Leire. Es Moncloa. Es Sánchez
Después de la sentencia que condena por prevaricación a David Sánchez, la semana fantástica de su hermano mayor continúa. Varios testigos desfilan desde hoy por la Audiencia Nacional. Santiago Pedraz quiere llenar la línea de puntos de las cloacas socialistas hasta llegar a la X. Quiere desenmascarar a los que pretendieron, coincidiendo con los cinco días que se tomó el One para «reflexionar», anular o «matar civilmente» a cuantos jueces, abogados, fiscales, policías, guardias civiles y periodistas osaban investigar a la familia y entorno del presidente. Tendrá que escuchar el instructor, entre otros, a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, al director adjunto operativo del Instituto Armado, Manuel Llamas, a la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, y al segundo de Álvaro García Ortiz, Diego Villafañe. Ya ha tomado declaración al que fuera primer abogado de José Luis Ábalos, José Aníbal Álvarez, que ha «cantado» que Leire Díez le ofreció pagar la defensa del exministro a través de una empresa. A lady Cloacas le libraba su nómina la sociedad de Gaspar Zarrías –los investigadores creen que eran abonos encubiertos del PSOE– y ella se ofrecía a hacer lo propio con el hoy condenado a 24 años de prisión. Los desagües socialistas funcionaban con pleno desahogo.
De lo que desembuchen todos los citados dependerá la suerte de dos personajes conocidos por la afición y que son nucleares en esta historia, aunque ninguno ha sido llamado todavía por Pedraz. El primero es el ex fiscal general, García Ortiz, condenado por revelación de secretos, y cuyo más cercano colaborador, Villafañe, resulta que, tal y como ha publicado El Debate, ordenó por escrito al titular del Ministerio Público en Badajoz que se diera carpetazo a una denuncia que se interpuso contra la fontanera por espiar a Beatriz Biedma, la instructora del caso del reputado maestro Azagra, ayer condenado. Así que el lodo se acerca cada vez más al que fuera jefe de la Fiscalía, inhabilitado por el Supremo.
Y luego está el segundo nombre de campanillas: Antonio Hernando, actual secretario de Estado de Telecomunicaciones y mano derecha del ministro Óscar López, otro por ser desenmascarado. De Hernando ha contado Leire que supervisaba la sala de máquinas de las cloacas y, sobre todo, que asistió a la reunión clave para reactivar la guerra sucia. En ese encuentro del 26 de abril de 2024, fundamental para la comisión de los delitos que investiga la justicia, se sentaron a la mesa: Santos Cerdán, su mano derecha Juanfran Serrano, el exjefe de prensa de Ferraz Ion Antolín, el empresario Javier Pérez Dolset, Leire y una periodista ya fallecida. Con la excusa de entregar audios de Villarejo sobre las saunas del suegro de Sánchez, lo que realmente buscaban los allí presentes era boicotear los sumarios de corrupción que ya por entonces cercaban al inquilino de Moncloa.
Hernando, que podría estar al borde de la imputación, dijo ante el primer juez que abordó este caso que no se acordaba del motivo por el que acudió a un encuentro que era una auténtica bomba de relojería contra la legalidad. Lo importante aquí es aclarar cuál fue su papel en ese grupo que buscaba ilícitos penales para salvar al «jefe». Si Hernando, a quien Sánchez ha colocado ahora en Ferraz como adjunto a la secretaria de Organización, Rebeca Torró –puesto que compatibiliza con la Secretaría de Estado– fuera imputado, el caso de las cloacas ascendería claramente al despacho del presidente. Porque cuando Hernando, exchico de José Blanco en la consultora 'Acento', respondió al toque de corneta de Díez, era el adjunto al jefe de Gabinete de Moncloa. Es decir, caería así el cortafuegos que ha querido establecer el Gobierno respecto a las sentinas de Leire y Santos. Era todo cosa –aducen– de los iluminados del partido. No olvidemos que detrás de Antonio está Pepiño Blanco, con el que montó esta empresa de lobby, convidada en muchas adjudicaciones públicas. Hace cuatro años, ya rehabilitado por su viejo amigo al que traicionó tras su defenestración por los barones, vendió sus acciones, dejó 'Acento' e ingresó en el Gabinete de Pedro Sánchez, como mano derecha de Óscar López. Ahí estaba cuando fue solícito a la llamada de las cloacas.
Y quede algo claro: Hernando solo pudo ir mandatado por su jefe directo, Óscar López. Y, siguiendo la línea de puntos, el actual candidato socialista en Madrid tuvo que dar esa orden con el conocimiento de Pedro. Ya no es Santos, ni Ion Antolín, ni Juanfran Serrano, ni la simpar Leire. Es Moncloa. Es Sánchez.