Fundado en 1910
DivisaderoAntonio Pérez Henares

El horizonte de ZP tiene rejas

Ha hecho siempre lo contrario de lo que predicaba y la prueba del 9 del cinismo, la hipocresía, la codicia y la mendacidad. Ahora le ha alcanzado la verdad. Lo que le pasará a Sánchez también

Hace dos años, tras su última tropelía como palanganero del dictador Nicolás Maduro, que es lo que siempre fue y como tal se le pagó, expresé públicamente que esperaba verle un día ante un tribunal. Hoy ya lo está y lo que creo ahora, visto ya lo visto, es que donde va a acabar es en la cárcel. Blanco y en botella porque en pura lógica procesal está pillado, bien pillado, por todos los lados y hasta con las manos en las joyas.

Y por si, encima, le faltara algo, la última es la de jarrazo en la cresta y leche derramada. Sus cómplices, todo un trío de tenores, han empezado a cantar y confesar lo que hicieron y lo que hizo él como cerebro y principal inductor del operativo trincador.

Vamos, que presunción de inocencia, que es la palabra que repiten como loros todo el Gobierno y corifeos adyacentes, toda la que quieran, pero que cada vez es mucha, pero que mucha, mucha y cada vez más eso «presunción».

Hay que mantenerla, por supuesto, hasta que sea juzgado y si la Justicia lo determina, condenado. Pero esto le pinta cada vez peor y si, de inicio, ya estaba oscuro ahora está negro como el tizón. Los muchos indicios primeros se han convertido en pruebas, testimonios, documentos y dineros, rematados por ese botín escondido de piedras preciosas que solo los abducidos por la secta pueden seguir diciendo que es un ejemplo, un faro y un referente moral. ¡Que le han encontrado el cofre con el tesoro pirata al profeta, señora Narbona! Y que lo suyo suena a que está más en el ajo de lo que ahora le gustaría estar a tantos.

Abunda en ello todo lo que ha mentido. Que ha quedado demostrado que con absoluta desfachatez. De hecho, en eso, él y su galgo encollerado, Sánchez, se están jugando el podio mayor de embustero y falsario del mundo mundial.

No han dejado palabra por romper ni compromiso en el que orinar. En estos últimos tiempos, ZP con sus solemnes declaraciones, incluso ante el juez, de que en un nada lo iba a aclarar lo de su reluciente botín o sus engallados enfados en el Senado haciéndose el ofendido y gritando «¡Cómo se atreve!» a quien osaba preguntarle por sus turbias andanzas, le han dado cierta ventaja con la liebre. Pero han deshecho aún más la impostura mantenida durante decenios y resucitada por el sanchismo con aura de gran santón, aunque su Gobierno dejara a España hecha un guiñapo y a los españoles en la ruina y el paro.

ZP ha hecho siempre lo contrario de lo que predicaba y la prueba del 9 del cinismo, la hipocresía, la codicia y la mendacidad. Ahora le ha alcanzado la verdad. Lo que le pasará a Sánchez también. Van en el mismo paquete aunque este todavía con algún saco terrero por delante, y no le queda otra que apoyarle contra las evidencias más escandalosas. Su destino está unido y puede que escrito ya. A Zapatero la Justicia ya le ha echado mano y no lo va a soltar. Pedro teme que la urna lo deje ya enfilado y por eso no las deja abrir.

El expresidente ha visto esta pasada semana cómo su línea defensiva quedaba destrozada. Él nada había hecho, que curioso, por defender su presunción, sino por conseguir, en implícita aceptación de culpabilidad, anular las pruebas inculpatorias. Pero eso ha quedado desarbolado por la validación norteamericana y las confesiones de los «tres tenores».

Se ha escrito que él ha llegado a exclamar: «Estoy muerto» y judicialmente suena a muy cierto. Pero hay algo peor. Puede «matar» a sus hijas e incluso a su mujer, a las que metió en el embrollo y ha seguido incriminando hasta hoy. Si quiere salvarlas, al cabo solo le van a quedar dos salidas, o autoinculparse de todo y totalmente él, o convertirse en el cuarto tenor y señalar «aguas arriba» con quien está compinchado.

En cualquier caso, y transcurra mayor o menor tiempo, en su horizonte están ya puestas las rejas. A algunos, a él mismo seguro, eso le puede parecer un imposible y que a ÉL «nunca, jamás» eso no le puede pasar. Así nos parecía anteayer el que fuera a ser imputado. Esa total impunidad es lo que ZP transmitía, a Julito el primero. Este ya se ha dado cuenta de que iba a ser que no y que la cárcel, y mucha, se la iba a comer él solito. Y está mirando la forma de compartir esa pútrida tarta y que a él le toque la más pequeña de las raciones.

comentarios

Más de Antonio Pérez Henares

tracking

Compartir

Herramientas